El periodo estival de fichajes ha finalizado. Después de una temporada de éxito en la que la escasa amplitud de la plantilla fue un déficit marcado con rojo, el objetivo de la entidad presidida por Carlos Mouriño para este verano estaba perfectamente dibujado: alargar la nómina de futbolistas a la disposición de Eduardo Berizzo. Un objetivo que en todo momento se ha colocado por delante del de brindar un nuevo salto de calidad al equipo.
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

El del Celta de Vigo es uno de tantos casos – desafortunadamente, cada vez menos – de equipos que logran triunfar en base a una idea y no a una chequera con ganas de vaciarse. Después de la agónica salvación del 4% y la llegada de Luis Enrique al banquillo local de Balaídos, la identidad del club fue cociéndose a fuego lento, definiéndose poco a poco como uno de los conjuntos de Primera División dispuestos a practicar un fútbol más vistoso. Esta idea no hizo más que reforzarse con el aterrizaje de Berizzo en Vigo al año siguiente.

El éxito progresivo del Celta, que ha ido ascendiendo en la tabla año tras año, se ha debido en gran medida a la evolución de futbolistas que el club había adquirido en momentos bajos de su carrera o ubicados todavía en la rampa de despegue. Tres de esos casos acabaron abandonando la disciplina del equipo en busca de cotas mayores. El primero en hacerlo fue el danés Michael Krohn-Dehli, quien salió libre al no alcanzar un acuerdo de renovación con el equipo en verano de 2015. La del jugador nórdico fue una de las gestiones más nefastas que se le recuerdan a la entidad en el último lustro.

El pasado año hicieron lo propio Augusto Fernández, quien se marchó en invierno al Atlético de Madrid dejando apenas dos millones y medio de euros en caja, y Nolito, que viajó a las islas inglesas para afiliarse al nuevo proyecto de Pep Guardiola a los mandos del Manchester City por la nada desdeñable cifra de 18 millones. La del gaditano ha sido, precisamente, la única baja – aunque muy sensible – sufrida por el Celta este verano.

Pese a todo, el aficionado medio del equipo sigue teniendo la sensación de que todo el dinero obtenido por el ascenso y salida de los jugadores del club no ha sido reinvertido en calidad. En proseguir con el ascenso futbolístico de la entidad. Desde el Celta, en este mercado veraniego, se ha mantenido la misma filosofía de los años previos, llevada quizá a un siguiente nivel: crecer con lo de dentro y complementar pequeños detalles con lo de fuera.

Incorporaciones de relevo

La dirección tomada para las dos primeras llegadas del verano fue precisamente la de ofrecer un relevo a futbolistas que el año pasado no lo tenían. Así llegó José Naranjo, un joven atacante que venía de hacer un año extraordinario en Tarragona y llegaba con la vitola de ser un hombre versátil, capaz de moverse por toda la línea ofensiva. En ese momento, con la salida de Nolito y la lesión de Claude Beauvue, resultaba un fichaje comprensible. 

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José Naranjo partirá, al menos de inicio, desde el banquillo

Del mismo modo llegó Álvaro Lemos, otro futbolista de corta edad y que también traía consigo la medalla de ser polivalente en la banda derecha. Desde el club rápidamente se interpretó que su función sería la de ejercer de cuarto lateral de la plantilla, tras Hugo Mallo, Jonny y Carles Planas. De momento, el exjugador del Lugo no ha entrado en ninguna de las convocatorias para los dos primeros partidos de liga.

Lo curioso de los casos de Naranjo y Lemos es que, prácticamente hasta la última exhalación del mercado de fichajes, hayan sonado para salir cedidos una temporada de vuelta a Segunda División. Finalmente, con la cesión de Dejan Drazic al Valladolid, la plantilla quedó cerrada y ambos serán de la partida de Berizzo esta temporada. De todos modos no deja de resultar absurdo, en cierto modo, que un club con las necesidades de presente del Celta queme dos de sus balas en el mercado en futbolistas sin asentar, los cuales lo más probable es que no gocen de excesivas oportunidades por parte del entrenador, algo contraproducente para el equipo y para su propia evolución como profesionales.

El salto de calidad

Da la sensación de que el verdadero mercado de fichajes del Celta comenzó, precisamente, después de las llegadas de Naranjo y Lemos, como si ellos perteneciesen a otra categoría, la de refuerzos para el futuro, que no hubiese que tener en cuenta de forma necesaria. En ese punto del verano entró en juego la voluntad de Berizzo. El argentino demandaba, desde un primer momento, además de un sustituto para Nolito, un portero, un central y un futbolista de creación, bien mediocentro o bien enganche.

El primero en llegar fue Facundo Roncaglia, quien aterrizó gratis siendo la primera demanda del entrenador que se cumplía. Berizzo ha demostrado, desde su llegada, confiar al máximo en este defensor argentino, internacional con la albiceleste, que se adapta tanto al centro de la zaga como a los laterales. Pese a que su rendimiento no haya sido el mejor posible en las primeras jornadas, el caso de Pablo Hernández nos recuerda lo persistente que puede ser el míster cuando un jugador se le mete entre ceja y ceja. 

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El fichaje de Sisto despertó grandes dosis de ilusión en Vigo

Para cubrir la baja de Nolito llegó, procedente del Midtjylland y por 6 millones de euros, el danés Pione Sisto, un viejo anhelo de Miguel Torrecilla al que Felipe Miñambres solo tuvo que colocarle el lazo y depositarlo en A Madroa. Rápido y potente físicamente, todo parece indicar que su adaptación al fútbol del Celta será lenta y progresiva. Sus 21 años son, sin embargo, un rayo de esperanza, y su papel en los primeros encuentros de la temporada, aunque discreto, ya ha dejado entrever algunas de sus prometedoras maneras. Está claro que Sisto no mejora ni iguala a Nolito en prácticamente ningún sentido – al menos, de momento -, pero también es cierto que su llegada ha despertado cierta dosis de ilusión.

Sin embargo, al hablar de ilusión es imposible no referirse a la última incorporación realizada por el Celta este verano, dejando a un lado dos de las peticiones expresas del entrenador: la del portero y la del futbolista de creación. Giuseppe Rossi, contrastado delantero mermado por las lesiones, llegó a Vigo hace apenas unos días para incorporarse rápidamente a la disciplina de Berizzo. 

Su fichaje – o, mejor dicho, su cesión – resulta cuanto menos curioso, dado que viene para ocupar una posición, la de delantero centro, cubierta por dos futbolistas que el año pasado sumaron más de 30 goles entre los dos: Iago Aspas y John Guidetti. Dado que el de Moaña es indiscutible en el esquema vigués, ha de entenderse que la irrupción de Rossi jugará en detrimento del sueco, quien, pese a todo, ha reafirmado su voluntad de quedarse en Vigo. El papel del italiano, pues, dependerá en buena medida de lo que Berizzo decida en el plano táctico: podría ser titular con un 4-4-2 o un 4-2-3-1 por detrás de Aspas, o incluso hacerlo en el 4-3-3, en cuyo caso desplazaría al ’10’ a una de las bandas.

Números y necesidades

El Celta se queda, tras cinco entradas y dos salidas, con 24 fichas cubiertas en el primer equipo para afrontar esta temporada 2016/17. A ellas cabe interpretar que se sumará de forma asidua la presencia de Pape Cheikh, mediocentro del filial a quien todo parece indicar que Berizzo recurrirá con frecuencia. Y es que el, a priori, copioso número de futbolistas en nómina con el que cuenta el Celta, no se encuentra del todo equitativamente distribuido.

Más allá de Sergio y Rubén, que seguirán, un año más, siendo los guardametas del equipo, la zaga la ocuparán este año un total de nueve futbolistas: cinco centrales y cuatro laterales. Se puede afirmar que esta ha sido la línea en la que el mercado ha funcionado de un modo más eficaz, sumando a las llegadas de Roncaglia y Lemos el regreso tras cesión de David Costas, con el que Berizzo ha afirmado contar.

El medio del campo es la zona del campo en la que el Celta cuenta con mayores flaquezas, algo curioso al ser un equipo que se define por canalizar todos su fútbol a través de sus centrocampistas. Los frágiles Marcelo Díaz y Nemanja Radoja cubren las espaldas de Pablo Hernández, llamado a ser el timón ofensivo del equipo, y Daniel Wass, quien deberá reafirmar su proyección ofensiva esta temporada. A ellos cuatro se suma, precisamente, un Pape Cheikh que tendrá minutos de sobra para demostrar las cualidades que promete.

Mientras tanto, en la delantera, la sensación es de overbooking poco resolutivo. Iago Aspas y Orellana volverán, un año más, a ser las grandes referencias de cara al gol, a la espera del rendimiento que ofrezcan Rossi y Sisto. El meteórico ascenso de Bongonda y la rabia de Guidetti jugarán también un papel importante, mientras que Naranjo y Señé esperarán, al menos a priori, su oportunidad desde el banquillo. A partir de diciembre o enero, Claude Beauvue se sumará a esta larga lista de futbolistas. 

En el banquillo, mientras, todo sigue igual, con Eduardo Berizzo oteando cualquier detalle que se pueda escurrir entre sus dedos. No cabe duda de que el Celta volverá a ser un equipo valiente y desenfadado, dispuesto a deleitar al aficionado con grandes dosis de buen fútbol. La duda está en si conseguirá el nivel de eficacia de la pasada campaña. El mercado no la ha resuelto. El fútbol lo hará.

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