Yoel Domínguez | La Firma

Ambición. Desde tiempos inmemoriales, la voluntad del hombre ha sido siempre mirar hacia arriba. Mejorar. Crecer. Es natural, algo que se lleva en el ADN. La autoexigencia, no obstante, varía en función de cada individuo. Los hay que, con el paso del tiempo, caen en la autocomplacencia, al sentirse satisfechos y cómodos con su posición actual. Muy lejos de la misma se encuentra el aficionado celeste, que siempre quiere más. 

Hoy, el Celta está próximo a debutar en la renombrada UEFA Europa League, tras haber completado una de las mejores temporadas de su historia. Un premio a una temporada excelsa e imborrable. No obstante, como si la ciudad de los polos se tratase, en Vigo se ha pasado de la tremenda euforia de mayo a la aparente desazón actual. Entremedias, la salida de Nolito rumbo a Manchester, un periodo de fichajes un tanto decepcionante y tres derrotas cosechadas en los tres primeros encuentros ligueros, dos de ellas en casa. Y han saltado las alarmas. Algunos se echan las manos a la cabeza, y vuelven la mirada diez años atrás, cuando el Celta iniciaba una ilusionante campaña en la que volvían a competir en la Copa de la UEFA tras un breve paso por la segunda división. El resultado, por todos conocidos, se saldó con la pérdida de la categoría a final de año, iniciando un durísimo lustro en la Segunda División, que estuvo cerca de acabar con un club con más de 90 años de historia.

Paciencia. A mediados de septiembre no se pueden sacar conclusiones. Con 35 jornadas por delante, el margen de mejora es enorme, y no todos los fines de semana tendrás delante a un Real Madrid o un Atlético, recordemos, actuales campeones y subcampeones de Europa. A su vez, si bien es cierto que el debut liguero ante el Leganés no fue bueno, el partido del Bernabéu y la primera parte ante el Atlético dejan claro que los mimbres siguen ahí, que el Celta juega como los ángeles y que es cuestión de tiempo que las cosas salgan bien. Es cierto, cero de nueve y con un solo gol a favor, pero con las ideas bien claras y con el Toto al frente, toda una garantía de buen fútbol.

A día de hoy, parte de la afición necesita una dosis de realidad. Asumir que lo de la temporada pasada fue algo excepcional. Que no, que no es normal meterle cuatro goles al Barcelona cada año, y que no, que lamentablemente no siempre se puede acabar en posiciones europeas. Siendo sensatos, a pesar de que el Celta maneja hoy el mayor presupuesto de su historia, hay al menos diez equipos con un potencial económico mayor, por lo que aspirar a terminar por delante de varios de ellos dos temporadas seguidas se antoja una quimera.

Optimismo. Poco a poco, el club crece en la dirección correcta. Con la deuda prácticamente a cero, con una nueva sede social y con un estadio en plena remodelación, el Celta atraviesa uno de los momentos más dulces de su historia. Hace tan solo unos años, el equipo luchaba por volver a Primera, y aunque parece que fuera hace un siglo, hace tan solo cuatro, el Celta salvó la categoría en un agónico final de Liga, cuando las posibilidades de mantenerse eran de un descorazonador 4%.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Mantener los pies en el suelo se antoja importante para seguir creciendo. Pasito a pasito. Con exigencias, naturalmente, pero sin exigir por norma lo que hoy no deja de ser un premio.

 

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