El Celta estrenará su retorno a Europa en Lieja, ante el Standard. Un equipo al que ya se midió hace diez años en su última experiencia continental y un país, Bélgica, que contiene dos nacionalidades que viven de espaldas entre sí. Flandes, que el equipo celeste conoció en 2003 cuando visitó Brujas en su debut en Champions, y Valonia, que tiene a Lieja como su ciudad más importante.
Borja Refojos | Tinta Celeste

14 de septiembre de 2006. El colegiado austriaco Gerald Lehner decreta el final del choque entre el Standard de Lieja y el Celta en el Maurice Dufrasne. 0-1 a favor del equipo vigués gracias a un golazo de Gustavo López. Era el primer paso de los pupilos de Fernando Vázquez hacia la fase de grupos de la Copa de la UEFA. Han pasado diez años. Tan solo tres antes, el 16 de septiembre de 2003, el club celeste debutaba en la Liga de Campeones en Brujas, también en Bélgica, con un empate a un tanto que daba el pistoletazo de salida a su única participación en la máxima competición continental.

Dos visitas al mismo país en tres años. Porque Brujas y Lieja solo tienen en común que están bajo la misma bandera, la del estado federal de Bélgica. Una pertenece a Flandes, la otra a Valonia, las dos regiones principales del país –la tercera es la de la capital, Bruselas– que viven de espaldas entre sí, con costumbres, administraciones, Parlamentos e idiomas distintos y con una visión de su contrario como la de un extranjero.

Dos dentro de uno

Bélgica es un pequeño país –tiene más o menos la superficie de Galicia- enmarcado en el corazón de Europa. Un estado federal monárquico nacido en 1830 tras siglos en medio de numerosas guerras y disputas territoriales. Su posición estratégica, entre Francia, Holanda y Alemania le ha llevado a reino-belgica1nacer con las costumbres e idiomas de sus vecinos y hay quien dice que su creación estaba destinada a hacer desaparecer las disputas entre franceses y alemanes colocando un nuevo estado entre su frontera. Aunque en vistas de todo lo que sufrió el país en la Primera y Segunda Guerra Mundial, el resultado no fue del todo satisfactorio.

Tradicionalmente, Flandes ha sustentado su potencial económico –muy superior al valón- en el comercio y en la gran actividad de sus principales ciudades Amberes, Brujas y Gante -estas dos últimas, unas de las primeras urbes europeas en tomar pujanza en la Baja Edad Media-. Supone el 40% del territorio belga y el 60% de su población y su idioma oficial es el flamenco, una variante del neerlandés. Valonia en cambio, hizo de la minería de carbón una de sus principales fuentes de riqueza hasta que la reconversión y el principio de la escasez de recursos disparó el desempleo hasta llegar a convertirla en una de las regiones con más parados de Europa, si bien es cierto que los porcentajes se han reducido hasta diez puntos en la última década. Dentro de la región valona hay dos comunidades lingüísticas, la francófona –inmensa mayoría- y la germanófona, que se limita al extremo oriental del país, en la frontera con Alemania. Precisamente en Valonia -en Charleroi concretamente- nació Thèo Bongonda.

Dentro de Bélgica está la frontera entre las lenguas germánicas y las romances

Como en España, los conflictos de identidad nacional y lingüísticos están muy presentes, pero con notables diferencias. La primera y más grande es que ni flamencos ni valones son bilingües –tan solo Bruselas tiene cooficialidad para ambas lenguas-. Cada región tiene su idioma oficial y casi nadie habla el otro. La enseñanza en los colegios se reduce a segundo idioma en el mejor de los casos, ya que en muchas ocasiones es el inglés el que ocupa ese lugar. Cada región tiene, además, sus propias competencias en materia de economía, de empleo, de gestión de energías, vivienda y ayudas sociales, así como sus propios medios de comunicación. Del estado federal tan solo dependen Justicia, Defensa, Hacienda y Política Exterior. Esta situación hace que cuando pasas de una región a otra, la sensación de cambio de país sea total. Y es que dentro del mismo estado se encuentra la frontera entre las dos Europas, la del norte y la del sur, la misma que separa (casi literalmente) las lenguas germánicas y las romances.

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Solo en la región de Bruselas hay cooficialidad de flamenco y francés.

Si el día de mañana Catalunya, Euskadi o Galicia se independizasen, España seguiría existiendo. Sin embargo, la escisión de Flandes supondría la casi segura desaparición de Bélgica. En ese sentido, es un caso más parecido al de la antigua Checoslovaquia. Pero además de los idiomas y las costumbres, también la economía –en esto sí se parece a España- ha sido un arma arrojadiza. Los flamencos siempre se han quejado de que los valones “viven de ellos” y que no es justo que sus impuestos vayan destinados a “mantenerles” y “pagarles los subsidios”. El revanchismo es continuo. En Flandes siguen teniendo en cuenta que durante el primer siglo de vida de Bélgica, el francés fue la única lengua oficial y en Valonia recuerdan continuamente el abastecimiento energético al norte durante muchos años. Una espiral sin fin.

Acostumbrados a la inestabilidad

Todos estos batiburrillos se reflejan también en la liga de fútbol, extraña donde las haya, con un sistema de competición totalmente distinto a cualquier campeonato continental, en el que hay una liga regular y varias liguillas distintas para decidir quién es el campeón, quién disputa competiciones europeas y quién desciende. Pero, al mismo tiempo, la selección de fútbol parece el único nexo de unión entre flamencos y valones, lo único verdaderamente belga 100%.

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La selección belga y sus líderes De Bruyne (flamenco) y Hazard (valón) forman uno de los pocos nexos de unión del país. (Foto: FIFA).

Las tensiones entre ambas regiones no son violentas, pero sí palpables, sobre todo en el entorno de la frontera y en Bruselas, donde la confrontación entre ambas comunidades es a campo abierto. Establecimientos propios que no aceptan a los del otro lado, barrios muy marcados y hasta un cartel en un parque infantil en el que literalmente ponía: “No se aceptan niños francófonos”.

Es la misma frontera que separa la Europa del norte y del sur

La beligerancia flamenca es mayor que la valona. La mayoría de las peticiones de independencia vienen del norte. De hecho, sus movilizaciones en los últimos tiempos han generado mucha descentralización y entrega de competencias a la región. Hartos, algunos políticos valones han invitado a sus homólogos a formar Flandes independiente y ellos a seguir como Bélgica o anexionarse a Francia. Situaciones todas ellas muy remotas dentro del marco europeo en el que el país belga tiene un papel capital y del que Flandes, de ningún modo, querría salir. Lo cierto es que estas tensiones son marca de la casa a la hora de formar el gobierno federal. Por el momento –veremos qué pasa por aquí-, Bélgica ostenta el récord mundial de días sin gobierno: 541, entre 2010 y 2011.

Habrá que ver qué ocurre dentro de 20 o 30 años, pero por el momento, no parece que las fronteras belgas vayan a modificarse. Lo que tampoco parece que vaya a cambiar es la artificialidad de un país en el que muchísimos ciudadanos ni siquiera conocen el himno nacional y se presentan al exterior como flamencos o valones y casi nunca como belgas. Para nosotros, el Celta juega mañana en Bélgica, como jugó en 2006 y como jugó en 2003. Para ellos, el Celta juega mañana en Valonia, igual que en 2006. Para ellos, en 2003 jugó en Flandes.

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3 respuestas a “Viaje al país de los dos países

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