Borja Refojos | Tinta Celeste

OPINIÓN | La vida son ciclos. Inercias. Etapas que transcurren, que se enlazan y que, cada cierto tiempo, se valoran. Pero entre ciclo y ciclo hay momentos de cambio. Instantes imperceptibles de lucidez, a veces segundos, que dan vuelta a una situación. Giros de 180º que convierten un callejón sin salida en una autopista hacia la felicidad.

Dentro del ciclo de Eduardo Berizzo en el Celta, hubo diferentes fases. Generalmente más o menos exitosas dentro de una trayectoria que desde la mayor de las objetividades solo se puede tildar como positiva. Pero también hubo momentos malos, el peor de todos en el curso 2014/15, el de su estreno, en el que se tiró diez jornadas sin ganar y más de 700 minutos sin marcar. Una  racha terrible que hace que la de este inicio de temporada, por el que más de uno ya daba por descendido al equipo, parezca una espinilla en la punta de la nariz.

En aquella ocasión, surgió uno de esos instantes clave que desbloqueó la situación. Un click. Tras perder el Getafe, las malas lenguas dijeron que la directiva no destituyó a Berizzo porque el choque del Alfonso Pérez había sido en lunes y el siguiente, contra el Córdoba, era en sábado y no había tiempo para buscar sustituto. El Celta ganó aquel partido con un sufrimiento extremo y con un solitario tanto de Nolito ante uno de los peores equipos que se recuerdan en Primera División. Aquel día parecía el Bayern de Múnich. Una agonía que alcanzó su clímax en una acción de Planas sobre Fausto Rossi que parecía que iba a ser penalti y ante la que el Toto saltó al campo a protestar para defender su puesto de trabajo. Finalmente, no hubo pena máxima -el colegiado acabó decretando falta en ataque-. El cuadro celeste salió victorioso, Berizzo no fue destituido y se dio inicio a una fantástica segunda vuelta que le dejó a las puertas de Europa. Lo que pasó en la siguiente temporada ya lo sabemos todos. Nada de esto se habría sido igual sin aquel instante en el que José Antonio Teixeira Vitienes decidió no pitar penalti porque el técnico argentino habría sido destituido aquella misma noche.

El partido del otro día frente al Sporting tuvo mucho de aquel contra el Córdoba. No en cuanto a situación límite, ni mucho menos, pero sí en el nivel de ansiedad y nerviosismo de los futbolistas, muy presionados ante su mal inicio de temporada. También en lo agónico de la victoria, sin demasiada brillantez, que otorgó a un rival flojo la categoría de gigante de fútbol. Ojalá pueda también tenerlo en el devenir posterior de los acontecimientos. En ese click que desencalle el atasco y rompa las cadenas. En una inyección de confianza que convierta a unos jugadores dubitativos en voraces bestias seguras de sí mismas. En el pistoletazo de salida a una buena racha de juego que genere resultados y deje en el olvido los presagios que descendían a un equipo a Segunda División en la cuarta jornada del campeonato. Ojalá.

 

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