La década de los 80 fue irrepetible por muchos motivos. El contraste de sensaciones que por entonces vivía la sociedad a todos los niveles se reprodujo —por supuesto, a escala— en el Celta. Aun con todo, en la segunda mitad de la década se consiguió una cierta estabilidad deportiva. De entre los muchos recuerdos que se pueden rescatar de aquella época hoy cabe mencionar a un central que lucía un bigote más que característico. Casi 30 años después, parece mentira que Noly tan solo mantuviese una titularidad sostenida en el tiempo como jugador céltico durante una temporada.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

La historia de Manuel Baltasar Alonso Méndez comienza a finales de la década de los 70. Nacido en Vigo, tras haberse formado en la cantera del Celta tocaba el correspondiente fogueo en el Gran Peña, filial del club olívico desde 1971 hasta 1988. Pero cuando todavía no había cumplido los 20 años le llegaba su primera gran oportunidad con el primer equipo. Fue durante la temporada 1979/80, en la que la normativa vigente obligaba a la alineación desde el inicio de cada encuentro de dos futbolistas menores de 20 años. El Celta se encontraba en la División de Plata y Noly, al igual que sucedió con el gran capitán Vicente, contó con numerosas oportunidades durante aquel curso. Fueron más de 1.200 los minutos en los que intervino el vigués en un año nefasto para los de celeste, que bajaron un escalón más y cayeron hasta la Segunda División B.

Héroe en La Rioja

Con la llegada de Milorad Pavić, Noly dejó de contar para la primera plantilla y debió buscarse la vida en otros clubes de categoría inferior, tales como el Turista o el Lleida. En 1982, tras el segundo ascenso consecutivo protagonizado por el Celta, el zaguero vigués regresó al primer equipo aunque no llegó a disputar encuentro alguno. Fue una temporada en blanco que motivó su marcha hacia Logroño en busca de nuevos objetivos.

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Noly, todavía sin su característico bigote durante la temporada 1979/80, en el centro de la fila inferior (Foto: fameceleste.blogspot.com)

En la capital riojana Noly coincidió con el lateral izquierdo Rodolfo y con un delantero con poco pelo llamado Miguel Ángel Lotina. Los tres terminarían vinculados, de uno u otro modo, al Real Club Celta. Fueron muy buenos años para el central vigués, que viviría dos históricos ascensos. El primero tuvo lugar en 1984 y situó al C.D. Logroñés en la Segunda División. El segundo, tres años más tarde, llevó al club a codearse con los grandes. Noly fue pieza fundamental en cada una de las campañas en que vistió la elástica rojiblanca, con más de 35 partidos de liga en los que participó durante cada temporada. En La Rioja se le recuerda especialmente por haber conseguido un gol histórico. Sucedió un 14 de junio de 1987 en el decisivo choque ante el ya ascendido Valencia, cuando nada más haberse iniciado el encuentro, Noly envió el balón a las redes tras el saque de un libre indirecto. Aquella victoria sirvió para certificar el ansiado salto de categoría y para confirmar que Las Gaunas se vestiría de gala en la campaña siguiente para recibir a Real Madrid o Barcelona. Pero para el zaguero criado en la cantera celeste aquel mismo día concluyó su etapa en el Logroñés.

Con 32 años Noly regresó a Galicia para seguir disfrutando del fútbol en el Pontevedra

El interés del Celta por recuperar a Noly cristalizó en el verano de 1987. Con 28 años y una trayectoria ya apreciable el club olívico se hizo de nuevo con sus servicios para buscar la permanencia en la máxima categoría. A las órdenes de José María Maguregui el expeditivo central iba por fin a completar una campaña redonda vistiendo la casaca azul cielo. Su participación en 31 encuentros de liga le convirtió en un bastión en una zona central de la zaga en la que compartió muchos minutos con Jimmy Hagan y con Atilano. Su primer tanto como jugador céltico lo consiguió en el Benito Villamarín el 13 de marzo de 1988, en una derrota por 3-1 de los de Maguregui.

Andújar y Noly

Tan solo una semana más tarde tocaba recibir al Barcelona. Llegaba a Balaídos un equipo grande pero profundamente deprimido por varios motivos. En la competición doméstica el conjunto blaugrana ocupaba una sonrojante novena plaza, que le obligaba a mirar de reojo los puestos de promoción de descenso. Apeado de la Copa de la UEFA por el Bayer Leverkusen cuatro días antes, el equipo dirigido por Luis Aragonés se aferraba a la final copera que le esperaba diez días más tarde frente a la Real Sociedad en el Bernabeu como tabla de salvación. Mientras, el Celta ocupaba una increíble quinta plaza y flirteaba con los puestos que daban acceso a Europa.

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Alineación que presentó Maguregui frente al Barcelona (20/03/1988)

El partido, más allá del resultado final, estuvo marcado por la grotesca actuación del irrepetible Andújar Oliver. Los aspavientos y su peculiar criterio pusieron ‘de los nervios’ a los futbolistas, quienes deberían haber sido los verdaderos protagonistas del choque. El penalti que señaló en el minuto 9 de juego por supuesto derribo de Carrasco a Atilano sirvió para que el Celta pudiese jugar con las emociones de su rival. Noly transformó la pena máxima a pesar de que Andoni Zubizarreta adivinó su intención. A partir de ahí el Barcelona asumió la iniciativa y los de celeste se encontraron como pez en el agua agazapados para salir al contragolpe. Julio Prieto, Alvelo y Vicente dispusieron de clarísimas ocasiones para incrementar el tanteador antes del intermedio. El Barcelona, sin fluidez ni claridad en su ataque, apenas amenazaba la meta de Maté.

En La Rioja se le recuerda especialmente por haber conseguido un gol histórico

La segunda mitad transcurrió por derroteros parecidos. El aparente dominio de los visitantes no se traducía en oportunidades de gol, mientras Marić y Camilo disfrutaban de nuevas ocasiones para colocar el 2-0. Pero a Andújar no le debía de hacer mucha gracia el discurrir del partido y decidió intervenir a su manera. En el minuto 75 señaló un nuevo penalti, esta vez por una carga de Roberto sobre Zambrano cuando este iba a disparar. De nuevo Noly ejecutó el lanzamiento y esta vez sí consiguió engañar a Zubizarreta. Era el tercer tanto que el zaguero anotaba en siete días. Y también el último que iba a convertir con la elástica celeste. Apenas tres minutos más tarde el silbato del colegiado andaluz volvía a decretar una pena máxima, esta vez en el área local. La mano de Otero fue castigada pero Javier Maté desvió el disparo de Roberto. En la siguiente jugada el arquero local derribaba a Gary Lineker y Andújar, en su salsa, no lo dudaba. Tercer penalti señalado en cinco minutos y cuarto en el partido. Esta vez el encargado de disparar fue el delantero británico, que no perdonó el 2-1. Con los de azulgrana volcados, Camilo culminó uno de tantos contragolpes célticos con un disparo desde 30 metros que sorprendió a Zubi. Fue el tiro de gracia para los de Luis. El 3-1 mantenía intactas las ilusiones europeas del Celta, mientras que alejaba todavía más al Barcelona de la parte alta de la tabla. La del 20 de marzo de 1988 fue la tarde más gloriosa de Noly como jugador céltico, tanto por la entidad del rival como porque nunca antes había marcado dos tantos en un mismo encuentro.

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Noly, segundo por la derecha en la fila superior, coincidió con Rodolfo y Lotina en el C.D.Logroñés (Foto: todocoleccion.net)

El Barcelona, que pocos meses después iba a recibir con los brazos abiertos a Johan Cruyff, iba a salvar la temporada con su triunfo en la final copera, mientras que los de Vigo aflojaron en el tramo final, quizás influenciados por la polémica marcha de Maguregui a Madrid. El sueño europeo no se pudo culminar, con un Celta que terminó séptimo, igualado a 39 puntos con los de la Ciudad Condal.

Franjiverde y granate

Con la llegada de José Manuel Díaz Novoa al banquillo vigués, las cosas iban a empeorar claramente para Noly, que se vio desplazado del once por José Manuel Espinosa. Poco más de 800 minutos dieron para poco en una temporada tan brillante para el equipo como la anterior. Fue su último episodio como jugador del Celta, regresando a la División de Plata para jugar en las filas del Elche durante dos campañas más. Como curiosidad cabe destacar que en la campaña 1990/91 coincidió en el club ilicitano con Santi Cañizares, quien comenzaba por entonces su carrera como guardameta. Con 32 años Noly regresó a Galicia para seguir disfrutando del fútbol en el Pontevedra, equipo que por entonces militaba en la Segunda División B y en el que se mantuvo como titular indiscutible hasta 1993.

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Noly compartió zaga en la temporada 1987/88 con clásicos como Hagan, Otero o Atilano (Foto: alineacionesinternacional.blogspot.com)

Manuel Baltasar Alonso Méndez fue uno de aquellos productos de la cantera de finales de los 70 que consiguió completar una más que digna carrera futbolística. Para la historia del Real Club Celta queda aquella extraordinaria victoria frente al Barcelona de Luis Aragonés. Y cómo no, aquel entrañable bigote cuyo dueño, al menos durante un año, defendió con uñas y dientes el área de un equipo que intentó sin éxito clasificarse para la Copa de la UEFA.

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