Santi Peón | La Firma

Rocambolesco e incoherente. En las formas y en la escasa lógica de los acontecimientos. Carlos Mouriño ha abierto de par en par la puerta trasera de Plaza de España. Se va a ir del club al que ha saneado y al que ha devuelto a Europa. Pero no lo hará por la puerta grande, como se merece por su gestión. Lo va a hacer por la puerta de atrás, en medio de un clima de crispación social al que poco estamos acostumbrados en Vigo.

Los que mandan en el fútbol no piensan en los aficionados; piensan en el dinero

No se pueden minusvalorar los muchos méritos logrados por Mouriño en sus diez años al frente de la entidad, ni su valor por llevar al club al concurso de acreedores antes de que se convirtiese en moda futbolera, ni su capacidad gestora para sacar adelante aquella maltrecha economía. Ni mucho menos su paciencia para aguantar —como vosotros, celtistas— esa larga travesía de cinco años por el desierto de la Segunda División.

El Celta, este Celta al que él ha dado forma, ha reconducido una delicada situación y se encuentra con una deuda casi cero y con una situación deportiva envidiada por muchos otros clubes del fútbol patrio. Pero su propio ego se lo ha llevado por delante. Sus inseguridades han sido más fuertes que él. Su altivez ha dado al traste con un trabajo que ha rozado la máxima pulcritud.

¿Cómo se traduce al chino ‘afouteza’?

Pero lo peor de todo es que Carlos Mouriño ni siquiera va a ser capaz de ser fiel a su palabra. Se le hinchó el pecho cual pavo real asegurando que, el día de su marcha, dejaría el club en manos de celtistas. Querido lector, permíteme la duda. ¿Conocerán al Celta en el seno del holding chino CITS que se va a hacer con las acciones del empresario? ¿Cómo se traduce al chino afouteza? ¿Cuántos aficionados chinos sienten el celeste como propio?

El fútbol es un negocio. Y el que no quiera verlo, se ha equivocado de sarao. Los que mandan no piensan en los aficionados, de quienes sigue siendo el fútbol a pesar de las Sociedades Anónimas Deportivas. Los que mandan piensan en el dinero.

Que Carlos Mouriño quiera hacer negocio con el fútbol es totalmente lícito. Que dé la callada y la espantada por respuesta ante las informaciones que vinculan la venta del club más representativo de Vigo a los asiáticos roza la vergüenza. La propia y la ajena.

Pocas sensaciones dejan a un ser humano más desangelado que el engaño y la mentira. Y en ese trémulo juego ha entrado Mouriño con quien lleva al Celta en el corazón. Los escrúpulos hace tiempo que han quedado al margen del negocio del fútbol. Y todo esto acabará, salvo cambio de rumbo inesperado, en un Celta made in China.    

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