La temporada 1998/99 la afición de Balaídos vivió en una nube. No fue aquel el año en el que el Celta alcanzó sus más altas cotas en cuanto a resultados pero el nivel futbolístico que se pudo degustar en el municipal vigués rayó la perfección. De ahí aquel apelativo de máquina Celta. Aquella medular Mazinho-Makelele-Mostovoi-Karpin funcionó durante un año a pleno rendimiento. Y mientras Revivo y Juan Sánchez debatían semana a semana sobre quién debía salir de inicio, la demarcación de nueve tenía un dueño indiscutible. 18 años después, resulta increíble pensar que Lubo Penev tan solo vistió la elástica celeste durante una campaña.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Lo cierto es que cuando Luboslav Mladenov Penev llegó al Celta parecía que sus mejores años como futbolista ya habían pasado. Nacido en 1966, el CSKA de Sofía fue el club que le sirvió como trampolín hacia el fútbol español. Los 80 goles que consiguió a lo largo de cinco campañas supusieron un magnífico aval para que el Valencia le fichase en 1989. A orillas del Turia iba a vivir seis muy buenas temporadas, en las que siempre demostró sus condiciones goleadoras. El curso 1992/93, en el que a las órdenes de Guus Hiddink convirtió 20 dianas, fue el mejor ejemplo.

Aquel fue el preludio de la gran batalla que tuvo que librar a nivel personal cuando, a principios de 1994, fue diagnosticado de un cáncer de testículos. Aquel fue un duro revés para el búlgaro, quien no obstante terminó por imponerse a la enfermedad con la misma autoridad que lo hacía con las zagas rivales en un terreno de juego. Pero lo cierto es que aquel episodio le obligó a perderse el resto de la temporada, incluido el histórico mundial que completó su selección en Estados Unidos. Cuando consiguió recuperarse para participar con Bulgaria en la Eurocopa de Inglaterra y en el Mundial de Francia el equipo ya no ofreció un buen nivel y no pudo superar la primera fase. Quién sabe lo que hubiese podido pasar en 1994 si los Stoichkov, Balakov o Letchkov hubiesen contado con el poderío de Lubo como complemento en la vanguardia.

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Penev, cuarto por la derecha en la fila superior, en una foto del CSKA Sofía correspondiente a la temporada 1986/87 (Foto: pcsd.forumfree.it)

Títulos y goles

En octubre de 1995 Penev se reintegró a la disciplina del equipo che, dirigido entonces por Carlos Alberto Parreira. Los 16 tantos que sumó entre liga y copa certificaban que el ariete búlgaro volvía a encontrarse al 100% y el Atlético de Madrid llamó a su puerta. Con 30 años iba a vivir en directo la famosa temporada del doblete colchonero, aportando 22 goles fundamentales para que el equipo de Jesús Gil tocase la gloria. Pese a todo, el club del Manzanares iba a apostar en el verano de 1996 por la juventud de Juan Eduardo Esnáider, lo que obligó a Penev a buscar una salida. Y esa salida la encontró en la SD Compostela, otro de los equipos míticos de aquella década. El búlgaro, una vez rebasada la treintena, continuó marcando goles como si el tiempo no pasase por él. 16 tantos en cada una de las dos campañas en las que vistió de azul y blanco dejaban claro que su retirada todavía no se divisaba en el horizonte. Sin embargo, su eficacia anotadora resultó insuficiente para que el Compos se quedase entre los grandes en 1998. Y entonces apareció el Celta, que había logrado clasificarse para la Copa de la UEFA tras 27 años sin hacerlo. Con Cadete y Gudelj como nueves, un refuerzo en la punta de ataque para poder afrontar las tres competiciones se antojaba imprescindible.

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En la final de la Copa del Rey de 1995, frente al Deportivo (Foto: epoca1.plazadeportiva.com)

Lubo Penev era un delantero con unas condiciones físicas y técnicas verdaderamente espectaculares. Su corpulencia y su rocosidad le convertían en referencia ideal para jugar de espaldas a la puerta rival pero su extraordinaria zurda, que conjugaba potencia y calidad a las mil maravillas, provocaba que a los arqueros rivales les temblasen las piernas cada vez que lo veían de frente con el balón controlado. Sin duda, fue de lo mejorcito que se pudo ver en su demarcación en la década de los 90, si bien en 1998 daba la sensación de que ya no le podía quedar demasiado recorrido al máximo nivel.

Debut en El Madrigal

El 12 de septiembre de aquel año El Madrigal se vestía de gala para celebrar su bautismo como estadio de Primera División. El primer equipo de la máxima categoría en jugar en el estadio del Villarreal no fue otro que el Real Club Celta. Los de Vigo debutaban en la Copa de la UEFA tan solo tres días más tarde, con el Arges Pitesti rumano como rival. Pero antes debían visitar al recién ascendido equipo de Irulegui, que en su estreno entre los grandes había sufrido los rigores del Bernabeu y se había llevado como escarmiento un 4-1 de los Raúl o Roberto Carlos. Los de Vigo tampoco habían podido vencer en Balaídos al Deportivo en la jornada inaugural y buscaban resarcirse en tierras levantinas del tropiezo.

A sus 50 años podría ser el momento de intentar la aventura en un banquillo extranjero

Víctor Fernández decidió aquel día incrustar en el centro de la zaga a Oskar Vales junto con los habituales Djorović y Cáceres, con la intención de utilizar a dos laterales como Míchel Salgado y Tomás Hervás, ambos con clara vocación atacante. Por dentro la dupla habitual Mazinho-Makelele, todavía en fase de consolidación, cubría las espaldas de Mostovoi y Karpin. Arriba Lubo Penev debutaba como titular con la casaca celeste, con la misión de fajarse con la retaguardia amarilla y aportar efectividad anotadora. Pero la apuesta no terminó de funcionar inicialmente y al equipo le costó mucho encontrar el camino hacia la portería de Palop. De hecho fue el equipo de Irulegui el primero en culminar con éxito uno de sus contragolpes. Al filo del minuto 10 de juego Gica Craioveanu adelantaba a los locales y complicaba las cosas a los de celeste. Entonces el Celta comenzó a hilvanar su fútbol de toque y elaboración, obligando al Villarreal a un repliegue intensivo. En el minuto 32, por fin, el Zar encontró un resquicio en la zaga levantina y entregó un balón a Lubo Penev, quien no tuvo más que empujarlo a las mallas. El búlgaro se estrenaba como mejor sabía, con un gol. Con empate se llegó al intermedio de un choque en el que ambos equipos buscaban, con diferentes armas, el triunfo.

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Penev, en una formación del Celta 1998/99 (Foto: colgadosporelfutbol.com)

En la segunda mitad se mantuvo la tónica. El Celta controlaba y buscaba el triunfo a través de la posesión mientras el Villarreal esperaba atrincherado en su campo con la esperanza de cazar un contragolpe que liquidase el partido. Víctor retiró a Oskar Vales e introdujo a Haim Revivo con casi media hora por delante, lo que sirvió para recuperar el habitual 4-2-3-1. Los dos equipos dispusieron de oportunidades suficientes para desnivelar la balanza a lo largo de los segundos 45 minutos pero el acierto en el remate brilló por su ausencia. La última de los visitantes fue para Penev, inmediatamente respondida por un peligroso disparo de David Albelda. Pero el marcador no se iba a mover y las tablas se mantuvieron hasta el final. La máquina Celta todavía no estaba ni medio engrasada por entonces. El reparto de puntos dejaba un tanto insatisfechos a Villarreal y Celta en los albores de una temporada que iba a dejar mal sabor de boca a ambos. Los de amarillo terminarían por perder la categoría mientras que el Celta, tras exhibir un fútbol de calidad suprema durante gran parte del curso, se iba a quedar fuera de los puestos Champions en la última jornada.

Regreso a Bulgaria

Para el veterano delantero el curso fue sensacional. Participó en un total de 41 encuentros, lo que le llevó a superar, a sus 32 años, los 3.000 minutos de juego. En total consiguió 18 tantos, entre los que se incluyeron sendos hat trick ante Arges Pitesti y Real Madrid. También resultó especialmente importante un doblete anotado frente al Athletic en la quinta jornada de liga, que sirvió para iniciar la primera gran racha de resultados del equipo en aquella campaña. Su fútbol y su acierto de cara a la portería suponían un complemento magnífico a la creatividad de los Karpin, Mostovoi o Revivo. Por desgracia, su instinto asesino se echó en falta en los dos últimos encuentros de liga, en los que un simple empate ante Mallorca o Atlético de Madrid hubiese servido para certificar el pase a la Liga de Campeones. Pero a pesar de ello la nota con la que terminó el curso fue muy alta. Su paso por el Celta fue, al igual que le sucedió en el Atlético de Madrid, tan efímero como glorioso. Lubo Penev dejó el equipo vigués en 1999 y se marchó a su tierra, donde terminó sus días como futbolista en el Lokomotiv Plovdiv.

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‘Lubo’ Penev, en una imagen reciente (Foto: superdeporte.es)

Desde 2009 busca dar forma a su carrera como técnico aunque por el momento no ha tenido demasiada suerte. CSKA de Sofía, Litex Lovech y Botev Plovdiv han sido los únicos clubes a los que ha dirigido. También ha intentado —quizás en mal momento— la aventura como seleccionador, aunque no consiguió llevar a Bulgaria a la fase final del Mundial de Brasil. Tras un mal inicio en la fase previa de la Eurocopa de Francia, Penev fue destituido. En el primer semestre de este año entrenó nuevamente al Litex Lovech, que acababa de ser excluido de la Primera División búlgara por haber abandonado un partido de liga como protesta por los arbitrajes. El ex delantero céltico dirigió al equipo en las semifinales de copa, en las que no pudo con el Montana, finalmente subcampeón del torneo. El pasado mes de junio finalizó su vinculación contractual con el club búlgaro, por lo que en este momento no ejerce como técnico. A sus 50 años podría ser el momento de intentar la aventura en un banquillo extranjero, quizás en alguna de las grandes ligas europeas.

Terminó por imponerse a la enfermedad con la misma autoridad que lo hacía con las zagas rivales en un terreno de juego

La única pega que se puede poner a su paso por el Celta es que duró demasiado poco. Y es que seguramente podría haber brindado más tardes de gloria al celtismo de las que le dio en aquella difícilmente igualable temporada 1998/99. El fútbol de seda de Karpin y Mostovoi jamás tuvo una referencia arriba con tamaño poderío y semejante cantidad de recursos. La máquina Celta de finales del siglo pasado le debe muchas tardes inolvidables a Luboslav Mladenov Penev.

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