Hugo Mallo ha extendido su contrato con el Celta hasta junio de 2021. Una relación contractual que llevará al marinense a cumplir 30 años vestido de celeste y que premia una trayectoria repleta de constancia y en la que ha demostrado una enorme regularidad, digna de cualquier ganador del jersey verde del Tour.
Borja Refojos | Tinta Celeste

OPINIÓN | El amarillo al líder, el de puntos rojos al mejor en la montaña, el blanco al mejor joven y el verde a la regularidad. Así se reparten los maillots en el Tour de Francia. Si el Celta fuera la Grande Boucle, no hay duda de que Hugo Mallo vestiría el verde cada temporada. Como en su día lo fue Erik Zabel o ahora lo es Peter Sagan, el Látigo de Marín es un monumento a la regularidad. Siempre cumple. Es difícil encontrarle suspensos a un futbolista que, semana a semana, acumula bienes y notables en las puntuaciones de los diarios.

Ocho temporadas en el primer equipo de un club en el que milita desde categoría infantil. Brazalete de capitán que plasma un liderazgo ganado a pulso y para el que ha quemado todas las etapas. Eso sí, a una velocidad de vértigo: Hugo solo tiene 25 años. El club ha sabido premiar toda su trayectoria y ha extendido su contrato hasta 2021, lo que le encamina hacia la cada vez más escasa condición de One Club Man.

Como Peter Sagan, Hugo Mallo es un monumento a la regularidad

Poco queda ya de aquel chico que saltó directamente al primer equipo sin pasar por el filial. Con una insultante juventud, Eusebio le eligió para pelear el puesto con Vasco Fernandes. A partir de ahí, siempre hacia arriba: con Paco Herrera en el banquillo y junto a Roberto Lago conformó la mejor pareja de laterales de la Segunda División. Logró un ascenso, brilló con luz propia en su debut en Primera, sufrió desde fuera la permanencia del 4%, experimentó la subida de nivel general con Luis Enrique y tuvo que pelear el puesto con Berizzo, con el que empezó en el banquillo probablemente por la lesión de hombro que arrastraba del curso anterior. Progresión constante. Solo las lesiones -rodilla y hombro- le apartaron del césped en ocho temporadas en las que siempre que ha estado bien ha sido titular.

Hugo atraviesa el mejor momento de su carrera y sin embargo la sensación es que no ha tocado techo. Es un fondista. Poco a poco, sin estridencias, sin alardes. Sin parar. Cumpliendo en cada partido, el Látigo ha alcanzado su dimensión actual, la que le permite incluso hacer goles. A su excelente faceta defensiva, con la que ha secado a Neymar y a Cristiano Ronaldo en varias ocasiones, ha incorporado buenos centros, capacidad asociativa y, sobre todo, la certera elección del momento en el que subir. Siempre que asoma en ataque es para generar superioridades y crear peligro, como quedó claro en O noso derbi con un gol llegando en el momento exacto.

A toda esta regularidad y progresión deportiva hay que añadir, además, la naturalidad con la que ha asumido su nuevo rol. Con la salida de Augusto Fernández heredó el brazalete y lo hizo con lo todo lo que supone. Paso al frente en liderazgo. Como él mismo comentó tras su renovación, es un espejo para los chicos de la cantera y el ejemplo de lo que es jugar por amor a una camiseta. Y es que a Hugo le quedarán objetivos o ilusiones por cumplir en el mundo del fútbol pero su sueño ya lo tiene en el bolsillo: “Mi sueño era jugar en el Celta y ya lo he cumplido”. Y que sea por muchos años.

 

 

 

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