El Celta padeció esta noche en Gran Canaria una fuerte alergia a su propia cura futbolística. Los de Berizzo pretendieron ofuscar el planteamiento de Las Palmas con una medicina que nunca llegó a asumir del todo su organismo, pese al oasis inicial. El quebrantamiento de la identidad celeste acabó pagándose caro, con una remontada del conjunto amarillo que, sin embargo, no terminó por efectuarse por completo.
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Las Palmas 3-3 Celta

Las Palmas: Lizoain; Míchel, David García, Bigas, Dani Castellano; Roque Mesa; Jonathan Viera, Vicente Gómez (Livaja, min. 61); Boateng, Tana (Momo, min. 75); Araujo (Mateo García, min. 79).
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Sergi Gómez, Roncaglia; Radoja, Pablo Hernández, Wass (Bongonda, min. 76); Orellana (Marcelo Díaz, min. 33), Sisto (Jonny, min. 69) y Aspas.
Árbitro: Mario Melero López (C.T. Andaluz). Expulso con doble tarjeta amarilla a Sergi Gómez (min. 65), del Celta. Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Boateng y Momo, y a los visitantes Radoja, Iago Aspas, Pablo Hernández, Wass y Marcelo Díaz.
Goles: 0-1, min. 5, Wass. 0-2, min. 14, Iago Aspas. 0-3, min. 20, Iago Aspas. 1-3, min. 52, Bigas. 2-3, min. 66, Jonathan Viera de penalti. 3-3, min. 68, Boateng.
Estadio de Gran Canaria. 21.194 espectadores.

Plantear los encuentros en función del rival es algo que denota, habitualmente, una endeble personalidad futbolística. Además, es algo que el Celta se ha acostumbrado a no hacer a lo largo de los últimos años, enfrentándose con sus ideas como arma a los mejores equipos del campeonato y plantándoles cara con ellas, siempre con la pelota como aliada y las intenciones a ras de suelo.

Sin embargo, en el Estadio de Gran Canaria, Berizzo entregó el esférico al equipo de Quique Setién desde el primer instante del partido. Los amarillos comenzaron a amasar la pelota paulatinamente, jugando por dentro y por fuera, con la electricidad habitual de futbolistas como Roque Mesa, Tana, Jonathan Viera y Kevin-Prince Boateng.

La cura

Lo curioso, o lo paradójico, como se le quiera llamar, es que la jugada del entrenador argentino pareció, al menos de inicio, salir a la perfección. El Celta se adelantó rápido, con un disparo seco de libre directo de Daniel Wass que engañó a un despistado Lizoain para acabar fusilando la red. Poco después, apenas sobrepasado el cuarto de hora de partido, Iago Aspas aprovechó una genialidad de pase picado de Pione Sisto para batir de nuevo al meta canario, favorecido de nuevo por una desafortunada salida del mismo.

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El arranque fulgurante del Celta escondió sus carencias tácticas.

Los goles caían como regalos de navidad para un Celta al que no parecía pasarle factura haberse olvidado de la pelota y de su identidad, mientras Las Palmas seguía moviéndola, con calma aparente, casi impertérrita ante el aluvión de efectividad que había resultado ser su rival. Lo mismo ocurrió cuando, en el minuto 20, Iago Aspas volvió a aprovechar un extraordinario pase a las espaldas de la defensa, esta vez de Orellana, para meter la puntera y batir a Lizoain. 

La situación sobre el verde a lo largo de toda la primera mitad resultaba tremendamente engañosa. El Celta estaba cosechando una victoria amplia pero se encontraba lejos de la euforia del ganador, acomplejado en su propio campo y encerrándose, algo que se fortificó con la entrada en el terreno de juego de Marcelo Díaz en sustitución de Orellana, un cambio con el que el equipo de Berizzo perdió gran parte de su profundidad.

La enfermedad

La tendencia del crecimiento sobre el campo de Las Palmas se incrementó con el arranque de la segunda mitad. Los de Setién avanzaron unos metros sobre el campo, los mismos que retrocedió el Celta en un acto de disimulada cobardía. El primer gol insular llegó, por otra parte, fruto de un error clamoroso de Sergio al salir a un balón colgado desde la izquierda por Jonathan Viera, un balón que por supuesto llegó antes a la cabeza de Pedro Bigas que a los puños del meta de Catoira.

Tras encajar el primer gol, el Celta tuvo opciones de sentenciar el encuentro en varios contraataques, varios de ellos enterrados en fueras de juego e incluso uno estrellado en el poste por Pablo Hernández. Pero el encuentro tenía otro destino preparado para los de Berizzo. En una serie de secuencias para olvidar, Sergi Gómez cometió un discutible penalti sobre Livaja que le costó su segunda amarilla, y que también costó al equipo su segundo gol en contra, obra de Jonathan Viera desde los once metros.

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La jugada del penalti añadió polémica a un partido lleno de confusión.

Ya con un jugador menos, el Celta apenas tardó un par de minutos en encajar el empate, merced a una poderosa incorporación de Míchel Macedo por banda derecha y un remate a placer del omnipresente Kevin-Prince Boateng, que fue una absoluta pesadilla para la zaga viguesa durante todo el encuentro. Tras alcanzar la igualada, los ánimos de los futbolistas de Las Palmas se apaciguaron, reduciéndose su intensidad combinativa, sus llegadas e incluso su dominio. 

Con el partido ya en fase caduca, el Celta tuvo una última exhalación en las botas de Marcelo Díaz, quien pudo aprovechar otro error del desafortunado meta local Lizoain, pero que se encontró con el larguero en su camino. El encuentro murió con los de Berizzo atragantados con su propia medicina, perdidos sin su identidad y a ramalazos en busca del triunfo, un triunfo que acababa de escapárseles incomprensiblemente de las manos.

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2 respuestas a “Alérgicos a la propia cura

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