Los albores del siglo XXI contemplaron a un Celta que fue de más a menos. De las tardes de gloria en los campos europeos se pasó a los inesperados lodos de la Segunda División. Una trayectoria paralela a la que vivió Pablo Cavallero, que durante cuatro temporadas llenas de luces y sombras defendió la portería del Real Club Celta.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Pablo Óscar Cavallero, nacido el 13 de abril de 1974 en la localidad argentina de Lomas de Zamora, inició su carrera al más alto nivel en Vélez Sarsfield. La década de los 90 supuso todo un máster para el arquero, a quien apodaron Meteoro por su parecido con un personaje de dibujos animados. En aquella época la exuberancia de José Luis Chilavert le cerraba el paso y en 1998 decidió fichar por Unión de Santa Fe, donde por fin alcanzó una regularidad sostenida. Justo a tiempo para acudir a la convocatoria de la selección argentina, con la que se presentó en el Mundial de Francia’98. Allí asumió el rol de tercer portero, por detrás de Carlos Roa y Germán Burgos. Dos años antes se había proclamado subcampeón olímpico en Atlanta con la Albiceleste, tras caer en la final ante Nigeria.

En lo personal, el 27 de noviembre de 1997 se puede considerar la segunda fecha de nacimiento del arquero argentino. Aquel día Cavallero fue víctima de un tiroteo cuando circulaba en un coche en compañía de Mariano Armentano, otro ex de la liga española. Una bala le atravesó la caja torácica, con tan buena suerte que el proyectil no afectó a ningún órgano vital. De hecho, ni siquiera le provocó secuela alguna que pudiese limitarle en su carrera profesional. El cancerbero sudamericano recuerda aquel episodio como si de un verdadero milagro se tratase.

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Cavallero fue suplente de Chilavert en Vélez Sarsfield (Foto: mdzol.com)

De Barcelona a Vigo

En 1999 se inició, por fin, su aventura europea en el Espanyol de Miguel Ángel Brindisi, quien sería reemplazado en la segunda vuelta por Paco Flores. Cavallero se ganó una titularidad indiscutible y completó una muy buena temporada, en la que encajó 30 goles en liga y consiguió junto con sus compañeros el título de la Copa del Rey. El de Lomas de Zamora se caracterizaba por una buena colocación bajo palos y muy buenos reflejos, aunque la mejor virtud que atesoraba era su fuerte personalidad. Una cualidad que también se convertía a veces en defecto y que le llevaba a cometer algún que otro error de bulto en las salidas. Pero en líneas generales el equipo que contaba con Cavallero en sus filas disponía de un arquero que infundía respeto y transmitía convencimiento en sus acciones.

Fue en el verano de 2000 cuando el Celta se interesó por él y se hizo con sus servicios. Con todo, le costó lo suyo entrar en el equipo. En los tres primeros meses de competición vivió a la sombra de José Manuel Pinto y tan solo participó en los encuentros que los de Vigo disputaron en la Copa de la UEFA. Para debutar en liga debió esperar al 20 de diciembre de 2000, en un choque en el que el Celta cayó goleado en Los Pajaritos por 4-2. No fue el estreno soñado para el arquero sudamericano, quien además se hizo un gol en propia meta.

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Cavallero, durante su etapa en Unión de Santa Fe (Foto: tatengues.com)

Penalti decisivo

De aquella temporada 2000/01 cabe rescatar un encuentro que midió a Celta y Valencia en Balaídos al paso por la jornada 27. El equipo che, dirigido entonces por Héctor Cúper, buscaba recortar distancias con el Real Madrid, líder con siete puntos más en la tabla. Por su parte los de Vigo, tras una pésima primera vuelta, intentaban dar continuidad a una racha de ocho encuentros sin perder en la competición liguera. Apenas tres días antes habían logrado en la Copa de la UEFA una inútil victoria por 3-2 sobre el Barcelona, clasificado para la siguiente ronda por el valor doble de los goles conseguidos en campo contrario.

Víctor Fernández situaba a Pablo Cavallero bajo palos, con una línea de cuatro zagueros compuesta por Velasco, Cáceres, Berizzo y Yago. Jayo y Vagner componían un doble pivote que asumía la tarea de oxigenar a Karpin, Mostovoi y Gustavo López, trío encargado de generar el fútbol suficiente para comprometer la portería defendida por Santiago Cañizares. En punta se ubicaba Catanha, referencia goleadora del equipo.

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En la eliminatoria de Champions League contra el Arsenal Cavallero terminó con la nariz rota (Foto: yojugueenelcelta.com)

Con todo, el Valencia salió mejor al césped de Balaídos. El equipo de Cúper tenía futbolistas de un gran nivel y mostró rápidamente su ambición, con un Kily González que con su movilidad complicó mucho la vida a los defensores celestes. El equipo de Víctor acusaba el cansancio acumulado y se mostraba sumamente impreciso. Al filo de la media hora el mejor fútbol visitante se iba a plasmar en el marcador tras una jugada en la que intervinieron Angulo y Albelda antes de que Juan Sánchez batiese a Cavallero. Las sensaciones no eran las mejores para el equipo local y el 0-1 al descanso ante un muy buen equipo no auguraba nada bueno.

La leyenda del parapenaltis se hacía más grande y el Valencia lo pagaba una vez más

Curiosamente, a la vuelta de vestuarios, el protagonismo se trasladó hacia la figura de Daudén Ibáñez, árbitro del choque. También influyó notablemente en el cambio de rumbo la reacción de Víctor Fernández, que introdujo a Juanfran y Edu en sustitución de Yago y Gustavo López. En el minuto 50 una falta de Djukic sobre Vagner dentro del área valencianista fue señalada por el colegiado aragonés y Karpin no perdonó, a pesar de que a Cañete no le faltó mucho para desviar el lanzamiento del ruso. A partir de ahí, el partido se revolucionó. Una clara oportunidad para Catanha dio paso a un nuevo penalti, en esta ocasión por pura invención de Daudén tras una acción entre Djukic y Mostovoi. Karpin transformaba y completaba una extraña remontada que todavía iba a vivir un tercer acto. Con el Valencia herido, Velasco armó una contra que definió de nuevo Valery Karpin para firmar un hat trick inimaginable apenas un cuarto de hora antes. El Valencia, incapaz de responder, veía cómo los minutos se consumían sin que el marcador se moviese. Sí lo iba a hacer finalmente en el minuto 88, cuando Vagner introdujo el balón en su propia portería tras un cabezazo de Diego Alonso. Parecía que no quedaba tiempo para más pero Daudén decidió alargar el choque durante ocho minutos. El suspense iba a llegar a su punto culminante en el minuto 96, cuando el colegiado aragonés señaló el tercer penalti de la tarde, en esta ocasión a favor del equipo che. Kily González, un muy buen lanzador, fue el encargado de la ejecución. Pero enfrente estaba Pablo Cavallero, que sacó toda su calidad y todo su carácter. El arquero ganó la batalla psicológica a su compatriota, echó el candado a su portería y cerró el partido para un Celta que continuaba con su ascenso en la tabla.

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De nada sirvió la estirada de Cavallero ante el lanzamiento de falta del sueco Svensson en el mundial de Corea y Japón (Foto: squawka.com)

Plenitud

Los de Vigo continuarían escalando posiciones hasta terminar la competición liguera con 59 puntos, en una meritoria sexta plaza. Al Valencia le hizo mucho daño la derrota en Vigo y quedó finalmente quinto, a 17 puntos del Real Madrid. Cavallero, por su parte, se apuntó a la titularidad durante toda la segunda vuelta y también jugó los partidos finales de la Copa del Rey. Lamentablemente no pudo impedir que el Zaragoza remontase al Celta en aquella final disputada en el estadio de La Cartuja que nunca se les debió escapar a los de Víctor Fernández.

En el curso 2001/02 el de Lomas de Zamora se afianzó todavía más en un Celta que continuaba en una buena línea. 35 goles encajados en 32 partidos no supusieron un mal balance para un Cavallero que contribuyó enormemente a que el Celta finalizase de nuevo en un puesto que daba acceso a Europa. El hiperactivo guardameta vivía su mejor momento en el plano deportivo y viajó al finalizar el curso a Corea y Japón, donde esta vez alcanzó la titularidad con una selección argentina que, a las órdenes de Marcelo Bielsa, fracasó estrepitosamente en el mundial disputado en 2002.

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Pablo Cavallero, en una imagen reciente (Foto: orgullorojo.com)

Al año siguiente, un Cavallero en plenitud lo jugó prácticamente todo en liga. Su consagración llegó en el mes de octubre, precisamente en Mestalla ante el Valencia. El Celta de Lotina, en un alarde de pragmatismo, sacó petróleo con un gol de Vagner en el tiempo de descuento al aprovechar el rechace de Cañizares tras una pena máxima que había errado él mismo. Antes, un inmenso arquero había desviado dos lanzamientos de pena máxima que Rubén Baraja había intentado convertir. La leyenda del parapenaltis se hacía más grande y el Valencia lo pagaba una vez más. Los 27 goles que Cavallero encajó en los 36 encuentros que disputó durante aquella campaña le sirvieron para conquistar un merecidísimo trofeo Zamora.

La cuesta abajo

Contra todo pronóstico, el curso siguiente las sensaciones iban a ser muy diferentes. Un Celta sin brújula navegó a la deriva durante casi toda la temporada. Cavallero, pese a continuar como titular, también vivió una pesadilla y encajó goles —y goleadas— de todos los colores imaginables. Ni siquiera el consuelo de jugar la Champions pudo cortar una hemorragia que terminó, como es sabido, con el equipo en Segunda. El guardameta argentino jugó su último partido con el club olívico el 23 de mayo de 2004 frente al Mallorca, en el día que se certificó el descenso.

Cavallero fue víctima de un tiroteo cuando circulaba en un coche en compañía de Mariano Armentano

Posteriormente decidió cambiar de aires y fichó por el Levante, con el que tan solo jugó con regularidad en el curso 2005/06, con el equipo en la División de Plata. El 11 de junio de 2006 Pablo Cavallero puso su granito de arena para que el conjunto granota lograse el ascenso a Primera de la manera que mejor sabía. En esta ocasión fue el Lorca de Unai Emery el que vio como el cancerbero sudamericano le detenía un penalti que resultó clave para dar el salto de categoría. Una pena máxima que no pudo transformar Facundo Sava, ex del Celta. Cavallero puso el punto final a su carrera en 2009, en las filas de Peñarol. Desde entonces se ha especializado en enseñar lo que más domina, el arte de moverse bajo palos. El de Lomas de Zamora lleva ya más de un lustro como entrenador de porteros, habiendo formado parte del cuerpo técnico de Mauricio Pellegrino en equipos como Estudiantes de La Plata o el Club Atlético Independiente. Durante el pasado verano no fructificaron las negociaciones con el Deportivo Alavés, por lo que no se dio continuidad a su vínculo profesional con el actual técnico del equipo vitoriano.

La vida sigue. Y Pablo Cavallero continúa, más de una década después de abandonar el Celta, dedicándose a lo que más le gusta. En Vigo vivió sus mejores años como profesional, estropeados con una última campaña para olvidar en todos los sentidos. Como guardameta mostró domingo tras domingo una determinación y un carácter que le convirtieron en algo más que un parapenaltis. Que también lo era.

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