Termina el descanso en Balaídos. Salen los jugadores para comenzar la segunda parte y retumba en el estadio la mítica sintonía de la serie El Equipo A, coreada por la afición como si se tratase del himno oficioso del club. Una liturgia que se repite cada partido y que, en el caso del Celta-Standard de Europa League, venía totalmente a cuento. Y es que, con la obligada excepción de Orellana, el Celta formó de inicio con su Equipo A por primera vez en la competición continental. Los astros se alineaban, las cuentas salían y los vigueses se convertían en los grandes favoritos para pasar a la siguiente ronda ante un equipo teóricamente superior, al menos según los cálculos de la UEFA. Pero la realidad golpeó en la cara a los de Berizzo. Su once de gala ofreció un rendimiento superior al del inquilino del segundo bombo del sorteo. El Standard rindió mejor, y mereció incluso la victoria. La plantilla elaborada este verano desde la Plaza de España ha ido muy raspadita en una competición tan exigente como la continental, y está a solo un paso de darle la razón al sorteo de la UEFA.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Era una semana de esas que se hacen eternas, con un partido de los que gusta afrontar a equipo y afición. Una final por la supervivencia en la Europa League. Tanto que el Celta la metió entre ceja y ceja sacrificando sin remedio la visita a Ipurúa. Las declaraciones de todos no engañaban: el partido importante era este, el de Europa, donde debían jugar los mejores. Incluso Berizzo dejó ver su alineación en el entrenamiento a puerta abierta del lunes, algo tan poco habitual que incluso se convirtió en noticia. Mal asunto.

La presión

Todos estos aspectos se van sumando para convertir la cita en una de esas que se le suelen atragantar a este equipo: una final. Es en estas ocasiones cuando los de Berizzo juegan atenazados, cuando ofrecen un nivel mucho más bajo del que son capaces. Derbis, la semifinal copera de la temporada pasada en Sevilla…encuentros que se disputan a todo o nada, y que suelen resultar abrumadores para esta plantilla.

El partido soñado por el celtismo duró diez minutos escasos. A partir de ahí, el caos.

Las jornadas previas al partido ahondaron en esta sensación. Y el once lo dejó claro. El teórico equipo de gala de Berizzo, con la única ausencia de Orellana y la presencia de Guidetti, a pesar de que el mal estado de forma de piezas clave como Marcelo Díaz o Jonny les hace ser titulares entre interrogantes. No había excusas: el once era el bueno, toda la carne en el asador e incluso dos arietes titulares.

Pero el partido soñado por el celtismo duró diez minutos escasos. Un tiro al palo de Guidetti y otro golazo de Aspas fueron una gloriosa excepción. A partir de ahí, el caos.

Inferiores al Standard

Los belgas ofrecieron un despliegue físico descomunal, y demostraron que lo del mal partido inaugural en Lieja fue un accidente para los dos equipos. Son un equipo mucho mejor de lo que se pensaba. De hecho, la realidad es dura: jugador por jugador, solo Aspas demostró estar a mayor nivel que sus rivales. Por lo demás, nada que objetar al hecho de que el Standard sea en este momento el segundo equipo del grupo por delante del Celta. Y en este aspecto hay que reflexionar.

Jugador por jugador, solo Aspas demostró estar a mayor nivel que sus rivales

Tras conseguir la clasificación para Europa, el Celta exploraba nuevos horizontes. La venta de Nolito mermaba el potencial, pero dejaba dinero fresco en caja para armar un equipo que pudiese rendir en Europa y que cumpliese con lo que se pide a cualquier representante de La Liga, que es pasar la fase de grupos. Cualquier otro escenario, se mire por donde se mire, es un fracaso para un equipo español. Pero en la planta noble de Casa Celta no opinaban igual. Se mantuvo el equilibrio salarial de la plantilla y los números negros en la contabilidad con el precio de renunciar a fichajes importantes, y manteniendo el objetivo de la permanencia como el único irrenunciable. De momento se está cumpliendo con creces, pero en Europa hay otro nivel, otra exigencia y otras necesidades, y estas, ahora parece claro, no se cumplieron. El equipo, a pesar de las rotaciones, ha mostrado un nivel aceptable y se mantiene vivo antes de la última jornada. Pero los rivales europeos, que no hay que olvidar que también se tuvieron que clasificar en sus competiciones domésticas, encontraron la manera de hacerle daño casi en cada partido. Y por eso se ha llegado a esta situación, en la que el Celta no tiene fácil la clasificación.

La penúltima final

El partido era una final, sí, pero no era la última. Queda otra. Y esto es algo que algunos jugadores deberían copiar cien veces en una pizarra en A Madroa al más puro estilo Bart Simpson. Porque no es la primera vez que ocurre. Sucedió en la ida de las semifinales de Copa el año pasado, cuando el Sevilla destrozó a un Celta que quemó las naves con 1-0 en contra como si no hubiese un mañana. Y volvió a ocurrir contra el Standard cuando Iago Aspas, el faro que ilumina al Celta ahora mismo, se borró del vital encuentro de Grecia con una protesta absurda en el descuento. Como si el equipo muriera con el pitido final. Es un error imperdonable en un futbolista que sí tiene experiencia continental y que sabe de qué va esto. Un futbolista que, a pesar de haber tenido muy pocos minutos en Europa, era uno de los máximos goleadores con dos tantos. Un hombre que iba a ser fijo en Grecia y, seguramente, el principal argumento para seguir soñando con la clasificación.

El partido era una final, sí, pero no era la última. Queda otra

Pero no era Aspas el único que pensaba que la temporada se acababa con este empate. El Celta acabó con tres puntas sobre el campo tras la entrada de Rossi, y con el equipo absolutamente roto. Si ya dos puntas demostraron no estar compenetrados, no tener los automatismos propios de la competición, con tres el equipo no ganó demasiado, y sí dejó desguarnecido a Rubén. De hecho, un oportuno resbalón en el descuento salvó al Celta de la derrota, y de convertir la última jornada en un maratoniano trámite en Atenas. “El mundo no se acaba tras este partido; aun queda otro”. “El mundo no se acaba con este partido; aun queda otro”. “El mundo…”

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