El Celta empató a tres goles ante el Betis en un partido en el que las defensas de ambos equipos se esforzaron por no existir. El planteamiento inicial de Berizzo funcionó hasta el primer gol de Aspas, momento en el que el Betis dio un paso adelante y los celestes se agazaparon. A partir de ahí, todo el encuentro fue una lamentable suma de errores que acabó fructificando en un empate a muchos goles y muy poco fútbol. 
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Betis 3-3 Celta

Betis: Adán; Bruno (Rafa Navarro, min. 46), José Carlos, Pezzella, Durmisi; Donk (Felipe Gutiérrez, min. 70), Petros, Ceballos, Cejudo; Rubén Castro y Sanabria (Joaquín, min. 62).
Celta: Rubén; Roncaglia, Cabral, Fontàs, Jonny; Radoja (Orellana, min. 52), Marcelo Díaz (Sisto, min. 77), Pablo Hernández, Wass; Bongonda (Rossi, min. 84) y Aspas.
Árbitro: Sánchez Martínez (C.T. Murciano). Expulsó con doble amonestación a Petros (min. 92), del Betis. Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Donk, Sanabria, Felipe Gutiérrez y Pezzella, y al visitante Cabral.
Goles: 0-1, min. 15, Aspas. 1-1, min. 41, Rubén Castro, de penalti. 2-1, min. 53, Sanabria. 2-2, min. 61, Aspas. 3-2, min. 73, Pezzella. 3-3, min. 85, Roncaglia.
Estadio Benito Villamarín. 27.241 espectadores.

El Celta aterrizó en el Benito Villamarín en una de esas situaciones agridulces. El equipo dirigido por Eduardo Berizzo ocupa una posición cómoda en la tabla y, sin embargo, vive constantemente atado a una sucesión de encuentros en los que no acaba de encontrarse a sí mismo sobre el césped. De algún modo, el enfrentamiento contra el Betis, un rival en plena modificación de activos después de que Víctor Sánchez relevase a Poyet en el banquillo, podría servir para tomar aire en este sentido, más aún teniendo en cuenta el fundamental enfrentamiento del jueves en Atenas frente al Panathinaikos.

El planteamiento inicial del argentino así lo hizo notar. Berizzo salió con cuatro centrocampistas, aglutinando todo el fútbol en su propia medular. Los primeros compases del partido siguieron de cerca a esta idea, y la verdad es que el Celta produjo mucho a nivel ofensivo. Produjo tanto que, como suele pasar cuando realmente estás siendo significativamente mejor que tu adversario, acabó por adelantarse. Ocurrió tras una incursión por banda izquierda de Bongonda, quien colgó un centro que se paseó hasta llegar a los pies de Wass, escorado hacia el pico derecho del área. El danés volvió a meterla dentro con un centrochut clásico que aprovechó Aspas para batir a Adán. Y todos tan felices.

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…Y qué haría yo sin ti…

Sin embargo, lejos de tomarse el gol como un bálsamo, el Celta se acongojó tras adelatarse en el marcador. Los de Berizzo dieron un paso atrás y dejaron de producir, momento en el que Marcelo Díaz se perdió en un lugar entre la lluvia y el césped para no volver a encontrarse jamás. El Betis reaccionó valiente, echándose hacia arriba y empezando a probar a la feble defensa viguesa. A menudo viene ocurriendo que el ambiente de los partidos suele contar mucho más que sus propios acontecimientos, y tiempo antes de que Fontàs arrollase a Petros en el área del Celta, el empate del Betis iba convirtiéndose cada vez más en una realidad audible y palpable. Finalmente llegó desde el punto de penalti, un lugar en el que Rubén Castro y sus décadas de experiencia, que bien podrían ser siglos, no suelen fallar.

La segunda parte fue una exuberante oda al caos. El Celta salió de los vestuarios extraordinariamente partido, pero no lo suficiente a ojos de un Berizzo que decidió retirar a Radoja y dejar a El Invisible Chelo Díaz como único pivote de contención. Consecuencia: un minuto más tarde Sanabria rebotaba contra sí mismo ochenta veces y daba la vuelta al marcador. En ese momento todo estaba predispuesto para presenciar una plácida victoria del Betis, pero la defensa verdiblanca, cuyos automatismos funcionan peor que un coche sin batería, tampoco estuvo contenta con ese guion. Más consecuencias: nueva incorporación por la izquierda de un muy incisivo Bongonda y nuevo remate de Aspas adelantándose a sus cuatro marcadores. 

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La euforia de lograr un empate ciertamente desconcertante.

Con el libreto del partido totalmente despedazado y empapado por la torrencial lluvia que se desplomaba sobre el Benito Villamarín, llegaron a Sevilla, como unas invitadas de última hora pero que no por ello dan menos la nota, las jugadas a balón parado. Las defensas de ambos equipos decidieron no defenderlas en absoluto pero sí incorporarse para rematar en el área contraria, como si firmasen un acuerdo tácito o un pacto entre caballeros. Así marcó Pezzella y así marcó Roncaglia: sin nadie que los defendiese.

El partido acabó con empate a muchos goles y a nada de fútbol, quizá porque la propuesta de Víctor anuló una vez más a la de Berizzo, o porque llovía de cojones, nunca se sabe. Lo más preocupante de todo es la sensación final de que el Betis se marchó descontento mientras el Celta cerró el partido semisatisfecho, como si el hecho de que tu propuesta futbolística dure 15 minutos no fuese suficientemente preocupante. Pero ya se sabe, un punto es un punto… 

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