Tebas se frota las manos. En su proclamada mejor Liga del planeta hay un equipo que garantiza un show cada vez que saca los pies de su terreno de juego. Sus partidos a domicilio se convierten en una bendita locura llena de emoción, alternativas y goles. Muchos vienen provocados por fallos defensivos e imprecisiones. Pero qué más da, si los comentaristas pueden gritarlos a los cuatro vientos manteniendo el interés hasta el final. Todo para mayor gloria de esta Liga Santander.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Los números no engañan: el Celta de Berizzo tiene tanta facilidad para hacer goles como para recibirlos. Sus guarismos son exagerados. En solo 14 partidos ha conseguido 24 tantos, más que los cuatro equipos que lo preceden en la clasificación. Pero ha encajado la friolera de 26, solo superado por Betis, Sporting y los dos colistas. De mantenerse esta progresión, los vigueses acabarían la Liga con 70 goles en contra, exactamente la misma cifra que llevó al Levante al farolillo rojo la temporada pasada. Está claro que algo no funciona en el aspecto defensivo.

El Celta va camino de acabar la Liga con 70 goles encajados, cifra que llevó al Levante al farolillo rojo la temporada pasada

Pero, sin embargo, el equipo sigue sumando. En el Benito Villamarín consiguió otro punto para permanecer en la novena plaza, un puesto más que aceptable en base a este análisis, y también al hecho de que el juego carece de la brillantez de anteriores temporadas.

Con los buenos a Sevilla

Parece que Eduardo Berizzo busca remedio a estos problemas. Por eso, y aunque el Celta está ante la que puede ser la semana más importante de la temporada, con el pase a la siguiente ronda europea en el aire, en el Villamarín apostó por un equipo de garantías, con pocas rotaciones, y con un centro del campo poblado de jugadores de calidad. Con Marcelo Díaz y Radoja, y con Fontàs para sacar el balón jugado. El plan era evidente. El Celta buscaba la pelota, buscaba el juego asociativo que le ha hecho dominador en las últimas temporadas, y que le evita mucho sufrimiento. Exactamente ese juego que no está consiguiendo durante el presente curso.

No le hace falta demasiado al Celta para entrar en cortocircuito

La apuesta funcionó, pero a medias. El equipo celeste se hizo dueño del partido en la primera media hora, consiguió un buen puñado de acercamientos al área y, sobre todo, limitó al máximo el peligro del rival. Una estupenda manera de frenar la sangría de goles en contra que está sufriendo. El premio añadido fue un gol que lo ponía por delante. Este Celta sabe que no necesita mucho para marcar, solo acercarse al área y confiar en su Rey Midas particular, Iago Aspas.

El mejor invitado, el Celta

Pero sucede que este Celta no sabe ganar fuera de casa o, por lo menos, no sabe jugar con ventaja. Contra la tendencia de otros equipos a crecerse cuando el partido se pone cuesta abajo, al de Berizzo se le atragantan. Deja de jugar, deja de tocar, y todo el planteamiento salta por los aires. Así dio vida a un Betis desquiciado, y a un beticismo que pagaba su frustración con el árbitro.

No le hace falta demasiado al Celta para entrar en cortocircuito. Todo empieza a fallar de repente. La posesión no dura, los envíos hacia arriba son muy largos, los defensas se desesperan y empiezan a fallar en la entrega y en la colocación, multiplicando las posibilidades del rival a balón parado. Y el resto viene solo. De penalti, de córner, a la contra, en el ataque estático. Parece que cada aproximación vaya a ser una ocasión clamorosa, y que el partido va a caer del lado local sin ninguna duda.

Contra natura

Y, sin embargo, este Celta tiene algo que no tenían sus antecesores. Tiene un catálogo de recursos que le permite sobreponerse cuando todo parece perdido, consiguiendo el más difícil todavía. Un salto doble con tirabuzón para rescatar un punto cuando nadie cuenta ya con ello. En el Benito Villamarín, el empate final llegó como dos goles del rival: a balón parado. Una broma macabra del destino para contribuir a esta locura en la que consisten los partidos del Celta como visitante.

Conviene llegar al fondo de la cuestión antes de que la dinámica cambie para peor

Llegados a este punto se puede afirmar ya sin miedo a equivocarse que el Celta está experimentando una metamorfosis en su juego. Del fútbol de salón se ha pasado al mayor espectáculo del mundo, a una sucesión de aciertos y errores que garantizan un buen puñado de goles en cada desplazamiento. No es la situación ideal para los puristas, ni tampoco para los amantes de la táctica o del virtuosismo. Pero mientras el casillero de puntos siga engordando, la situación no será dramática, y el equipo seguirá llenando portadas con resultados propios de otro tiempo. Lo que convendría sería llegar al fondo de la cuestión, averiguar por qué está pasando esto antes de que la dinámica cambie para peor. Y, considerando las cifras y, sobre todo, los partidos, esto podría ocurrir en cualquier momento.

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2 respuestas a “El runrún de Preferencia: el mayor espectáculo del mundo

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