No resultó sencillo encontrar la puerta de salida de la oscura década de los 60. Eso sí, cuando en 1969 el ascenso fue un hecho, la vida pareció tornarse de color de rosa para el Celta. La primera mitad de la década de los 70 guarda un aroma inolvidable en clave celeste, con futbolistas míticos que marcaron una época. Uno de ellos fue Antonio Rivas Sánchez, zaguero que defendió la elástica azul cielo durante seis temporadas.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en Ceuta en 1944, sus primeros pasos como profesional los dio en su tierra. Así, con 22 años ya jugaba en Segunda División con el Atlético Ceuta, el equipo que tomó el relevo del Atlético Tetuán cuando Marruecos se independizó de Francia y España en 1956. Rivas completó por entonces una gran temporada y disputó 29 encuentros de liga completos, además de marcar un valiosísimo gol, que sirvió para que su equipo superase la promoción de permanencia disputada frente al Real Unión.

Antonio Rivas se dio a conocer como un zaguero noble y limpio, contundente pero sin ninguna maldad ni violencia en sus acciones. Su capacidad de sacrificio y su entrega lo convirtieron en fijo para todos y cada uno de los técnicos que contaron con sus servicios. Del Atlético Ceuta pasó al Real Valladolid, equipo en el que mantuvo una titularidad indiscutible durante tres campañas, todas ellas en Segunda División. Su regularidad y su buen hacer le sirvieron para que en 1970 un equipo de Primera se fijase en él. El Real Club Celta, que venía de conseguir una trabajada permanencia tras su celebrado ascenso, buscaba dotar de nuevos mimbres su retaguardia tras la marcha de Jaime Cano, Pedro Taberner y José Antonio González. La llegada de Isabelo y la de Antonio Rivas iban a posibilitar un importante salto de calidad del equipo, que por entonces ya contaba con bastiones como Antonio Hidalgo o el gran capitán Manolo.

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Antonio Rivas, referencia de la zaga céltica durante la primera mitad de los 70 (Foto: yojugueenelcelta.com)

A pesar de la competencia, Antonio Rivas comenzó la temporada 1970/71 como titular y debutó en la primera jornada de liga, en una victoria por 2-0 sobre el Sporting de Gijón. Sin embargo, una lesión sufrida en la cuarta jornada frente al Atlético de Madrid le mantuvo en el dique seco hasta finales del mes de enero de 1971. Entonces recuperó su puesto junto a Hidalgo, Manolo e Isabelo y terminó el curso de nuevo como titular.

Una final

El 4 de abril de 1971 el Celta recibía al Sevilla en Balaídos. El choque correspondía a la antepenúltima jornada de liga y los de Vigo ocupaban una magnífica sexta plaza, empatados a 32 puntos con el Athletic de Bilbao, quinto por entonces. El Sevilla les pisaba los talones a ambos y, con 30 puntos en su casillero, aspiraba a pelear por los puestos que daban acceso a Europa. El partido se esperaba con expectación —no exenta de cierto temor— en Balaídos, ya que se trataba de una auténtica final de cara a certificar la clasificación para la Copa de la UEFA, logro inédito por entonces en la historia del club olívico.

El 6 de junio de 1976, en Huelva, Antonio Rivas disputó sus últimos minutos con la elástica celeste

Curiosamente, las crónicas de la época destacan que el Celta dominó de cabo a rabo el choque. El Sevilla adoptó una táctica inexplicablemente conservadora y jugó siempre en función de las pautas que marcaba el equipo de Juan Arza. Durante el primer tiempo el control fue absoluto por parte de los de celeste, que buscaron la portería rival con muchas ganas aunque con poco acierto. La línea de zagueros formada por Pedrito, Rivas, Hidalgo y Manolo no permitió ni una sola incursión de los visitantes que pudiese poner en apuros la portería defendida por Pedro Gost. En mediocampo Quique Costas y Juan marcaban el ritmo, aunque el atacante ferrolano fue sometido a una dura vigilancia por parte de Manuel Costas, zaguero sevillista. Lezcano y Jiménez ponían el desborde por las bandas mientras que Rafael Almagro jugaba con más libertad por detrás de Rivera. La mejor ocasión para los de Vigo llegó tras un disparo de Rivera que escupió el larguero pero, una vez alcanzado el intermedio, el marcador continuaba como al principio.

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Rivas, durante un partido disputado en Balaídos (Foto: todocoleccion.net)

A los cinco minutos de la reanudación el mejor fútbol de los de casa iba por fin a traducirse en un gol. Tras un error de Manuel Costas la pelota quedó franca para que Juan encarase al guardameta Rodri y le batiese de un disparo cruzado. Balaídos celebraba el tanto que colocaba al equipo muy cerca de la clasificación para Europa. La esperada reacción sevillista no llegó, mientras que el Celta estrellaba un nuevo balón en el travesaño tras un libre indirecto ejecutado por Rivera. El dominio de los locales no disminuyó un ápice durante el resto del choque pero la sentencia no iba a llegar hasta el minuto 88, cuando Rodilla culminó una buena jugada personal con un disparo que rechazó Rodri y que Manuel Costas terminó de introducir en su propia portería. Con 2-0 finalizó el partido y el Celta se colocaba quinto, con un punto de ventaja sobre el Athletic y cuatro sobre el Sevilla. Los de Vigo tan solo sumaron un empate en los dos encuentros que cerraban la competición liguera y descendieron hasta la sexta plaza, suficiente para sellar el pasaporte para la Copa de la UEFA.

Regularidad aplastante

Afortunadamente, durante las cinco campañas siguientes, las lesiones iban a respetar a Antonio Rivas mucho más de lo que lo hicieron en su primer ejercicio como céltico. Sin embargo, el equipo no volvió a completar una temporada tan brillante como la 1970/71. Al año siguiente se superó un muy mal inicio en liga para terminar en la zona tranquila de la tabla. Rivas participó en los dos encuentros disputados frente al Aberdeen y superó los 3.200 minutos entre las tres competiciones que afrontó el Celta. La baja de Isabelo fue suplida por Domínguez y Navarro, quienes se alternaron como cuarto hombre en una zaga que contaba con Hidalgo, Manolo y Rivas como hombres de hierro.

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Rivas disputa un balón con Vicente del Bosque (Foto: yojugueenelcelta.com)

El curso siguiente, más problemático para un Celta que escapó del descenso en las últimas jornadas, también constató la regularidad del zaguero ceutí, quien tan solo causó baja durante seis encuentros en la competición liguera. Rivas, además, anotó su primer gol oficial con la camiseta del Celta, en una derrota por 4-2 ante el Espanyol. Sus 183 centímetros le convertían en un hombre peligroso a balón parado, si bien sus cifras anotadoras solo resultarían relevantes durante el curso 1974/75, en el que marcó seis goles entre liga y copa.

Antes, durante la temporada 1973/74, Antonio Rivas rozó de nuevo los 3.200 minutos —si se tienen en cuenta las dos competiciones que afrontaba el equipo—. Aquel fue el último curso en el que compartió zaga de manera habitual con Hidalgo y Manolo, ya que al año siguiente el gran capitán no sería tan habitual en las alineaciones de Mariano Moreno. El técnico madrileño dio más peso en sus formaciones a José Luis Villar y al uruguayo Juan Carlos Aparicio, alternando más a sus acompañantes. Rivas, no obstante, participó más que Hidalgo y Manolo y jugó 31 encuentros entre las dos competiciones, logrando convertir tres tantos en cada una de ellas. Con todo, el equipo no pudo evitar la caída a la División de Plata tras una dramática derrota en el estadio Insular de Las Palmas en mayo de 1975.

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Antonio Rivas destacaba por su 1,83 metros de estatura en un Celta de la temporada 1974/75 (Foto: halacelta.com)

Dos ascensos

A sus 31 años el central ceutí mantenía su compromiso con el Celta y afrontaba en la Segunda División la que iba a ser su última campaña vestido de celeste. Rivas derrochó, una vez más, solidez y seriedad en una zaga que tan solo iba a conceder 22 tantos en 38 encuentros. A las órdenes de Carmelo Cedrún el Celta remontó un discreto inicio para certificar el primero de los muchos ascensos que tendrían lugar a lo largo de la siguiente década. El 6 de junio de 1976, en Huelva, Antonio Rivas disputó sus últimos minutos con la elástica celeste.

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Rivas, segundo por la izquierda en la fila superior, durante la época en que jugó en el Algeciras (Foto: blogs.grupojoly.com)

Las últimas tardes de Rivas como futbolista tuvieron lugar en el Algeciras, con el que consiguió el ascenso a la División de Plata en la temporada 1977/78. Al año siguiente todavía jugó con el equipo andaluz, aunque sus cifras ya se ajustaron a los 34 años que marcaba su carnet de identidad. Años más tarde, hacia 2008, se ha dejado ver en Algeciras en algún que otro partido de veteranos.

La llegada de Isabelo y la de Antonio Rivas iban a posibilitar un importante salto de calidad del equipo

El legado que dejó en Vigo se basaba en la constancia, el compromiso y el trabajo. Antonio Rivas Sánchez se convirtió en un baluarte para que el Celta viviese una muy buena primera mitad de la década de los 70. Junto con Manolo o Antonio Hidalgo fue una de las verdaderas referencias en la zaga céltica que sostenía aquel mítico equipo. No resulta exagerado decir que un tipo como él vendría a las mil maravillas para reforzar la línea defensiva del Celta 2016/2017.

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