La salud es lo primero. Resulta fácil acudir a este dicho cuando se renuncia a algún otro aspecto de la vida que se ve eclipsado por una enfermedad. A esa frase se acogió el Real Club Celta cuando en 1993 se le detectó una diabetes a Goran Jurić. El tiempo se encargaría de corroborar que su retirada fue demasiado precipitada.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Goran Jurić, nacido en la localidad Bosnia de Mostar en 1963, llegó a la élite del fútbol procedente del Velez Mostar, equipo en el que jugó hasta 1987. De allí pasó al Estrella Roja, donde coincidió con la generación de los Prosinecki, Savicević y Pancev, que se proclamaría campeona de Europa en 1991. Tan solo unos meses antes de que esto sucediera, en el mercado invernal, Jurić fichó por el Celta. El equipo que dirigía José María Maguregui había iniciado la temporada con el objetivo de recuperar la categoría perdida en 1990. Un objetivo que ya en Navidad se empezaba a ver demasiado lejos, lo que motivó la sustitución del técnico vasco por Txetxu Rojo. El jugador bosnio llegaba para apuntalar una línea defensiva que contaba con el veterano Atilano y con gente joven como Nacho, Otero, Mandiá y Cantero.

Jurić jugaba como lateral izquierdo aunque también podía desempeñar la función de central zurdo, especialmente si se dibujaba una línea de cinco zagueros. Destacaba por su rapidez y su practicidad en tareas de destrucción, si bien jamás despuntó en facetas ofensivas. Su experiencia en el Estrella Roja suponía un gran aval para su fichaje por un equipo que, por entonces, caminaba con serios problemas en la División de Plata. En aquella primera campaña vestido de celeste se convirtió en titular indiscutible para el técnico de Begoña, que le utilizó en 14 partidos. El Celta bastante tuvo con mantener la categoría en un año para olvidar.

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Goran Jurić coincidió con Robert Prosinecki en el Estrella Roja (Foto: alchetron.com)

Un zaguero solvente

El curso 1991/92 ya sería otra cosa. El equipo arrancó la temporada muy entonado y pronto se situó en los primeros puestos de la tabla. Jurić, titular indiscutible durante todo el curso, completó una gran campaña y superó los 2.500 minutos en liga. Anotó además el que sería su único gol con la casaca azul cielo en un encuentro que los de Vigo ganaron al Racing de Santander por 5-0. El de Mostar también disputó los 90 minutos el día del ascenso en Balaídos ante el Sestao.

Tras el salto a Primera el equipo se reforzó con dos centrales como Alejo y Patxi Salinas, que llegaban para ser titulares. Esto no afectó a Goran Jurić, que continuó como uno de los habituales en las alineaciones de Txetxu Rojo. El croata fue uno de los expulsados en el polémico partido disputado en Balaídos frente al Sevilla de Maradona y resultó sancionado con tres encuentros. Con todo, el entramado del técnico vasco recibía muy pocos goles y rentabilizaba al máximo los pocos que anotaba. El Celta se mantuvo en la zona templada de la tabla durante todo el curso aunque siempre miró de reojo a los puestos de descenso.

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Situado entre Cañizares y Vicente, en una alineación de la temporada 1992/93 (Foto: todocoleccion.net)

Triunfo histórico en La Catedral

El 21 de febrero de 1993 tocaba rendir visita al Athletic al paso por la cuarta jornada de la segunda vuelta. Los de Bilbao, dirigidos entonces por Jupp Heynckes, eran octavos con 25 puntos en su casillero, mientras que el Celta se situaba en decimotercera posición, con 20 puntos y cuatro negativos. Los precedentes no favorecían al club olívico, que jamás había vencido en el coliseo rojiblanco. El Athletic venía de derrotar tres días antes al todopoderoso Milan de Fabio Capello, con motivo del Trofeo Centenario de Pichichi. Los italianos habían sumado un total de 55 encuentros sin conocer la derrota hasta aquel 18 de febrero, día en que cayeron por 2-0 en San Mamés.

Goran Jurić no se retiró del fútbol hasta 2003, con 40 años cumplidos

Txetxu Rojo plantó sobre el verde de La Catedral un 5-4-1, uno de sus sistemas favoritos. Con Otero y Agirretxu como carrileros y Patxi Salinas como mariscal, Atilano y Jurić se ubicaban como centrales. Engonga y Vicente se constituían como corazón del equipo, con Gil y Ratković tratando de entrar por banda para que Vlado Gudelj pudiese disponer de algún balón en condiciones.

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Con el Croacia Zagreb llegó a disputar la Champions (Foto: Getty Images)

Y lo cierto es que el arranque cogió en frío a los leones, que con apenas ocho minutos de juego ya habían recogido el balón de sus redes. El gol se produjo tras un resbalón de Andoni Lakabeg, muy bien aprovechado por Vlado Gudelj para batir a Valencia. El Athletic trató de hacerse con los mandos del partido pero se encontró con un Celta práctico y muy bien plantado en el campo. En el minuto 34 una escapada de Ratkovic terminó con un claro derribo de Lakabeg sobre el serbio en el área local. Inexplicablemente el colegiado Rivas Fernández no apreció infracción alguna y privó a los de Vigo de disponer de un penalti a favor.

Hasta la segunda mitad no llegó la primera oportunidad clara para los rojiblancos. En el minuto 49 el Cuco Ziganda cabeceó un balón que la zaga céltica, con Cañizares batido, sacó de la línea de gol. El Athletic, conforme iba avanzando el partido, notaba el esfuerzo acumulado en su encuentro con el Milan y apenas podía encontrar caminos para desarbolar el rocoso dispositivo montado por Txetxu Rojo. Un lanzamiento de Andoni Lakabeg a pocos instantes del final fue la única acción relevante de los de casa, que vieron como Santi Cañizares la neutralizaba. Goran Jurić completó uno de tantos partidos solventes en el sector izquierdo de la zaga. El lateral se mostró como un baluarte durante todo el curso y fue responsable, junto con sus compañeros, de que el Celta únicamente encajase 32 tantos en liga a lo largo de aquella temporada.

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Fue internacional con Croacia entre 1997 y 1999 (Foto: Getty Images)

Ilusión y valentía

Los de Vigo sumaban dos valiosos puntos en su carrera por una permanencia que acabaría por llegar como fruto de su machacona regularidad. Para Jurić aquella campaña supuso, a sus 30 años, la consolidación en el equipo. Por desgracia, en el mes de junio de 1993 se le diagnosticó una diabetes de tipo 1, también conocida como insulinodependiente. Hacía ya cuatro años que su hija se pinchaba insulina diariamente y ahora la enfermedad se instalaba también en su cuerpo. Las recomendaciones de todos los médicos a los que acudió concluían que lo más sensato sería abandonar la práctica del fútbol y a eso se acogió el club olívico, que había renovado con anterioridad su contrato hasta 1995. El de Mostar regresó a Vigo con la intención de iniciar la temporada 1993/94 pero el club no quiso arriesgarse. Tras recibir unos 15 millones de pesetas como compensación, Jurić dejó para siempre el Celta.

Jurić jugaba como lateral izquierdo aunque también podía desempeñar la función de central zurdo

Con todo, la ilusión que mantenía el croata de origen bosnio por jugar al fútbol le hizo plantearse el futuro en los Balcanes. Allí, el Croacia Zagreb le acogió y le permitió disfrutar del balompié durante muchos años más. Hasta el punto de que formó parte de la lista de Miroslav Blazević para el mundial de Francia’98, si bien no llegó a jugar minuto alguno durante aquella fase final, tan exitosa para el fútbol croata. El de Mostar acumuló en total 16 internacionalidades con Croacia entre 1997 y 1999.

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Goran Jurić, en una imagen reciente (Foto: fameceleste.com)

Y lo que son las cosas, Goran Jurić no se retiró del fútbol hasta 2003, con 40 años cumplidos. Entre sus últimas experiencias figura una aventura en el Yokohama Marinos japonés, donde jugó a principios del actual siglo. Antes, entre 1997 y 2000 había completado tres buenas campañas en el Croacia Zagreb, superando en todas ellas los 20 encuentros de liga por temporada y luchando diariamente contra su diabetes. En septiembre de 1999 jugó como titular en un partido de Liga de Campeones que su equipo disputó —y perdió por 1-2— contra el Olympique de Marsella de Peter Luccin y Eduardo Berizzo.

Y es que a veces, antes que la salud está la ilusión. Goran Jurić, que todavía disfrutó del fútbol durante una década después de dejar el Celta, constituye un vivo ejemplo de que los límites se los marca uno mismo. Su desempeño a principios de los 90 permitió al club un crecimiento fundamental para que años después se diese el salto a Europa. Pero su trayectoria tras abandonar Vigo tiene que ser referencia ineludible para otros que, como él, necesitan inyectarse diariamente insulina para seguir adelante.

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