Cuando no hay nada en juego, el deporte se convierte en algo insustancial, algo en lo que nadie quiere participar. Si a la ausencia de motivación le añades un entorno asfixiante de compromisos de alta relevancia, te sale el partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey entre el Celta y el Valencia. Un partido que ninguno de los dos equipos quería jugar. Un partido que el espectador no quería ver. Un partido sobre el que probablemente no te interese leer nada en absoluto. 
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Celta 2-1 Valencia

Celta: Sergio; Roncaglia, Cabral, Sergi Gómez, Jonny; Radoja (Marcelo Díaz, min. 63), Pablo Hernández (Wass, min. 81), Señé; Lemos (Pape Cheikh, min. 78), Sisto y Rossi.
Valencia: Jaume; Cancelo, Javier Jiménez (Aderlan Santos, min. 70), Mangala, Lato; Medrán, Carlos Soler (Parejo, min. 46),  Fede Cartabia; Rafa Mir (Gayá, min. 65), Bakkali y Vinicius.
Árbitro: Hernández Hernández (C.T. Canario). Amonestó con tarjeta amarilla al visitante Mangala.
Goles: 1-0, min. 61, Rossi. 1-1, min. 63, Vinicius. 2-1, min. 93, Sisto.
 Estadio de Balaídos, 9.970 espectadores.

Desde hace unas cuantas décadas, los días en los que juega el Celta amanecen diferentes en Vigo, como si ellos mismos fuesen conscientes del acontecimiento que albergan y cómo éste paraliza la ciudad durante un par de horas. La sensación de pasear por los alrededores de Balaídos las horas anteriores a un partido es agradable, la gente está más contenta de lo habitual, todo el mundo parece ser amigo de todo el mundo y entiendes, en cierto modo, por qué el fútbol tiene la trascendencia que tiene en este país.

Hoy Vigo no amaneció así. Resultaba casi difícil recordar que el Celta recibía al Valencia para firmar unos papeles y mandarlos de vuelta al Mediterráneo. Hurgando en los recodos de su memoria intersemanal -fútbol y semana siguen siendo cosas difícilmente entrelazables en la mente del vigués común-, casi 10.000 personas reunieron el valor para acercarse, de todos modos y pese a la lluvia y las asquerosas condiciones meteorológicas, para ver jugar al Celta. 

w_900x700_12192321vgo20170112-06
Tarde de perros en Balaídos.

El planteamiento de Berizzo descubrió menos rotaciones de las que cabría esperar. El argentino, pese a todo, dio descanso a Iago Aspas, Daniel Wass, Hugo Mallo o Théo Bongonda, y aprovechó para dar minutos a jugadores que venían jugando poco en las últimas fechas, tales como Señé, Lemos o Giuseppe Rossi. Voro, por su parte, sacó a todos los suplentes e incluso a cuatro jugadores del filial, y por un momento existió cierto desconcierto en el aire ante cuál de los dos equipos era el que tenía que intentar dar la vuelta a la eliminatoria. Aunque la verdad es que eso no deja de ser una tontería, porque por la mente del Valencia nunca pasó esa remota posibilidad.

El partido comenzó de forma premonitoria: siendo un coñazo de cojones. La sensación era similar a la de cuando empiezas una conversación que sabes que te va a aburrir hasta la médula pero, pese a todo, eres consciente de que todavía acaba de empezar y que no te queda otra alternativa que sufrirla, así que te decides a intentar sacarle su lado positivo, por difícil que parezca. 

En el Valencia solo jugaba Zakaria Bakkali, que buscaba desequilibrar por la izquierda y asustar a Sergio con algún que otro disparo lejano, mientras en el Celta hacía lo propio Pione Sisto. En el centro del campo era difícil ver más de dos pases consecutivos entre futbolistas vestidos del mismo color, y, con el césped resbaladizo y un abismo de cuatro goles entre ambos equipos, a ningún loco se le ocurrió poner toda la leña en el asador. Ni siquiera a los jóvenes jugadores del Valencia, que apenas le echaron orgullo al asunto. 

w_900x700_12202614vgo20170112-22
Rossi no paró hasta lograr su objetivo.

Lo bueno del partido fue que todo el mundo sabía a lo que venía, así que no hubo malentendidos. Tras varias intentonas, Giuseppe Rossi abrió el marcador con un disparo cruzado desde el borde del área y se quitó de encima todos los fantasmas resultantes de llevar cuatro meses sin oler la portería rival. Apenas dos minutos más tarde, Gustavo Cabral entregó su segundo regalo de Reyes al Valencia y permitió que Fede Cartabia asistiese a Vinicius y este último, después de casi tres años sin jugar con el Valencia y tropecientas cesiones por el mundo adelante, batiese a Sergio y lo celebrase con la rabia de alguien que de verdad tiene ganas de jugar. Bravo por Vinicius.

Después no pasó nada, igual que antes. El partido siguió transcurriendo tranquilo, como un río desembocando con calma en el inmenso océano de posibilidades que son los cuartos de final de Copa, el lugar donde el año pasado John Guidetti entró en la historia del club con un zapatazo desde 30 metros. Al final incluso hubo justicia poética para Pione Sisto, el jugador más desequilibrante y atrevido del encuentro: el danés clavó una falta directa por la escuadra izquierda en el descuento y le dio la victoria al Celta. El partido terminó, el equipo de Berizzo estará mañana en el bombo de cuartos y la ciudad retomó sus puestos, como si nada hubiese ocurrido porque, de hecho, nada ocurrió.

Anuncios

One response to “Asuntos burocráticos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s