Poco se puede decir de un partido que estaba decidido antes de jugarse. Sin embargo, sí que se pueden sacar algunas conclusiones: la más importante, que el Celta apuesta muy fuerte por esta Copa, la vía más directa hacia el ansiado título que tienen abierta los de Berizzo; y, en segundo lugar, pero no menos importante, que a este grupo de futbolistas no les gusta perder ni a las chapas. Ni siquiera a los que están disfrutando de menos minutos de los que cabría pensar en verano, como Rossi y Pione Sisto, autores de los goles de la victoria. Una muy buena señal cuando empieza un tramo de temporada en el que todos los activos de la plantilla van a ser necesarios.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Trámite copero. Por segunda vez esta temporada, el Celta traía prácticamente resuelta la eliminatoria desde el partido de ida, y Berizzo podía reservar algunos futbolistas para el importante encuentro contra el Alavés o, pensando a medio plazo, para la ida de los cuartos de final.

La Copa, muy en serio

Sin embargo, y por oposición al equipo titular de Voro, en el que escaseaban los jugadores de la primera plantilla, el once de Berizzo ofrecía garantías. No cabe duda de que la situación que atraviesan ambos equipos en Liga explica por sí misma estas decisiones, pero en el caso del Celta es revelador. El Celta quiere la Copa, así lo han reconocido sus futbolistas en las últimas semanas, y por ella van a luchar. Así que el técnico no quería ningún tipo de sorpresa. A pesar de la evidente sobrecarga de partidos que tienen algunos de sus jugadores, Berizzo volvió a contar con ellos. Así, fueron titulares Roncaglia, Cabral, Jonny, Radoja (que estuvo entre algodones los días previos) y el Tucu Hernández. Salvo sorpresa, la mayoría de ellos deberían repetir en Liga y, seguramente, también en la ida de cuartos, y más teniendo en cuenta que viene una eliminatoria más que complicada contra el Real Madrid. Aunque esto, a la hora del partido, aun no se sabía, claro. Donde más conservó Berizzo fue en la delantera, guardando a Iago Aspas, Orellana y Guidetti para el domingo. Quién sabe, podrían compartir línea de ataque contra el Alavés. Como hombres de refresco entraban Señé, Pione Sisto, Rossi o un Álvaro Lemos que gozaba de una nueva oportunidad tras ser declarado transferible.

Hambre de gol

Era previsible que, ante una eliminatoria prácticamente resuelta, y con retoques en el equipo, el Celta no iba a ser la máquina bien engrasada que, con mayor o menor acierto, pretende ser en Liga. Los jugadores más cargados de minutos, ayudados por un Valencia que lo guardó todo para la Liga, bajaron una marcha y se limitaron a controlar el partido sin sobresaltos. Tampoco ayudaba que el mayor número de rotaciones se concentraba en la parcela ofensiva.

El Celta quiere la Copa, así lo han reconocido sus futbolistas en las últimas semanas, y por ella van a luchar

Sin embargo, había dos jugadores que no estaban dispuestos a contribuir al tedio general. Dos futbolistas que llegaron en verano con el cartel de hombres importantes. Uno, por una millonada, como joven promesa; el otro, tras un calvario de lesiones, con un pasado brillante. Dos miembros de la plantilla condenados, de momento, a un papel secundario, Ni Pione Sisto ni Rossi quisieron desaprovechar la oportunidad de reivindicarse. Y así lo hicieron: Giuseppe Rossi se reconcilió con el gol tras unas cuantas acciones cargadas de talento, con un remate certero con la derecha. Pione Sisto estuvo muy activo durante todo el partido, desplegó su talento y su enorme físico desde la izquierda, y esperó su momento para brillar. Ya con las fuerzas mermadas dio otra exhibición de fortaleza en un par de arrancadas desde la banda. Y, con el tiempo cumplido, decidió el partido con un saque de falta espectacular. Resulta que, tras los años de tiranía de Nolito, al Celta se le multiplican las opciones a balón parado: Wass, Chelo Díaz, Orellana, Iago Aspas… y ahora, Sisto.

Los dos goleadores festejaron sus tantos con rabia. Saben que el celtismo quiere más de ellos, quiere verlos triunfar. Y, por lo visto contra el Valencia, parece que quieren hacerlo. Por el momento no figuran en el once tipo pero, ante el calendario que se avecina, seguirán teniendo opciones de meter la cabeza en él.

¿Qué le pasa a Cabral?

El error clamoroso de Cabral en la entrega que se convirtió en el gol del Valencia quedaría en anécdota si no fuese porque es una película que se repite con demasiada frecuencia. Sin ir más lejos, en el partido de ida sucedió algo parecido. Y en Liga… bueno, en Liga también se ha visto en un buen puñado de ocasiones. Son fallos sin presión, fruto del exceso de confianza con el balón en los pies, que puede cometer un jugador en frío, pero que no parecen propios de alguien con el ritmo de competición que tiene el argentino. Porque, si hay un par de jugadores que no rotan, esos son el Tucu Hernández y Cabral. Y, sin embargo, parece que el partido no acaba hasta que se produce el fallo de Cabral. Es difícil entender por qué le sigue pasando partido tras partido, y por qué sigue arriesgando en ese tipo de entregas sabiendo que la imprecisión va a llegar en cualquier momento. Solo queda sentarse a esperar que, como tantos misterios del mundo del fútbol, esta dinámica desaparezca un buen día y no haya que seguir lamentando goles en contra, que bastantes encaja ya el Celta.

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2 respuestas a “El runrún de Preferencia: historias de un partido sin historia

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