El Celta superó al Alavés en uno de esos partidos marcados por los matices. En uno de esos partidos en los que la insistencia da el fruto que no da el juego. En uno de esos partidos que el Celta puede ganar o perder, pero en el que siempre es fiel a sí mismo. Salió cara esta vez y un gol de Radoja tras una asistencia de Hugo Mallo –imperial toda la segunda parte- dejó los tres puntos en Vigo y mantuvo el pleno de victorias celestes en 2017.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 1-0 Alavés

Celta: Rubén; Hugo Mallo, Cabral (Jonny, min. 49), Fontàs, Roncaglia; Marcelo Díaz, Radoja, Wass; Iago Aspas (Sergi Gómez, min. 90), Bongonda y Guidetti (Rossi, min. 70).
Alavés: Pacheco; Kiko Femenía, Laguardia, Feddal, Theo Hernández; Marcos Llorente, Manu; Edgar (Vigaray, min. 77), Camarasa (Sobrino, min.87), Ibai Gómez (Alexis, min. 47); y Deyverson.
Árbitro: Melero López (comité andaluz).Expulsó por doble amarilla a Feddal, del Alavés (min. 46). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Cabral, Jonny y Fontàs y a los visitantes Kiko Femenía, Edgar, Alexis y Theo Hernández.
Balaídos. 15.723 espectadores.

En una de las muchas frases para el recuerdo que ha dejado Eduardo Berizzo en sus ruedas de prensa, hay una que ha calado mucho al que escribe –tanto que es su estado de whatsapp-. “Cuando eliges una manera de ganar, también eliges una manera de perder”. Es una filosofía futbolística. Es más que eso: es una filosofía para la vida. El Toto viene demostrando en estos dos años y medio al frente del equipo que  sus mensajes no son solo palabrería y que si tiene que perder, lo hace casi siempre con su estilo.

La victoria del Celta sobre el Alavés fue un premio a la insistencia, a llevar el cántaro a la fuente o a sus inmediaciones una y otra vez hasta que se rompió. Pero también al estilo Berizzo, que pudo haberle dejado sin botín alguno si el equipo vitoriano hubiera acertado en una de las contras que lanzó en una segunda parte que jugó con diez hombres por expulsión de Feddal.

Y es que el Alavés vendió muy cara su derrota y demostró por qué es una de las revelaciones del campeonato. Un equipo aguerrido, sólido, con un planteamiento perfecto de Pelegrino que desactivó al Celta en el primer tiempo. En uno de los pocos resquicios que dejó su defensa, Marcelo Díaz se inventó un pase prodigioso para dejar a Guidetti mano a mano con Pachecho. El asistente levantó la bandera, pero la repetición de la tele dejó ver que el sueco estaba en línea.

Sin llaves

El partido estaba más cerrado una discoteca a las dos de la tarde. El Celta lo intentaba, pero sin demasiada fluidez, dejando todo a los arreones individuales. Como siempre, Aspas destilaba peligro en cada pelota que tocaba y Bongonda, más asentado que nunca, se empeñó en sacar tarjetas amarillas a sus rivales. Femenía y Feddal- ojo porque esta fue clave- fueron amonestados al derribar al belga en sus sprints. Edgar la vio por el mismo motivo en la segunda parte.

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Dos acciones evitables de Feddal echaron por tierra el gran trabajo de su equipo.

Pero esas faltas y saques de esquina era pellizcos de monja para la robusta defensa alavesista, impecable por arriba todo el encuentro. A eso, el Glorioso añadía criterio a la hora de contragolpear con Marcos Llorente lanzando y Theo Hernández y Edgar apuñalando al equipo celeste en las transiciones.

Picando piedra

El Celta subió el nivel al final del primer acto. Tras dos aproximaciones sin mucho peligro del Alavés, el equipo celeste aceleró su ataque con un Wass inconmensurable que atraviesa su mejor momento desde que llegó a Vigo. Un taconazo sutil del danés dejó a Aspas en ventajosa conducción hasta dentro del área, en donde –cosa rara- eligió mal y prefirió driblar a su par y ganar línea de fondo en lugar de asistir a un Guidetti bien colocado.

Esta tendencia se acentuó nada más volver de los vestuarios, cuando Feddal en una acción absurda trabó por detrás a Aspas y vio la segunda amarilla. Quedaba un mundo y el Celta tenía un nuevo escenario en superioridad numérica. Berizzo, al que tantas veces se le acusa de leer mal los partidos, retiró a Cabral, amonestado, por Jonny. El cuadro celeste comenzó a trabajar la victoria, pero el gran desempeño del Alavés convertía la empresa en cavar un túnel para escapar de la cárcel con una cucharilla.

“Premio a la insistencia”

Así catalogó la victoria el Toto en la rueda de prensa postpartido. Un triunfo construido desde la fe, ante un muro que por momentos parecía indestructible. Roncaglia la tuvo a pase de Guidetti, pero le faltó el instinto y la sangre fría del killer.

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Los saltitos de Rado prometen ser la nueva celebración de moda.

El Celta siguió percutiendo, llevando el balón de un lado a otro, con Fontàs incorporándose al centro del campo para ayudar en la circulación y con Hugo Mallo comiéndose toda la banda derecha con patatas. El capitán firmó un segundo acto colosal, en el que siempre fue solución para sus compañeros y en el que, además, fue decisivo con una asistencia. El asedio era cada vez mayor, lo que ponía más cerca la victoria, pero también la derrota. El Alavés contragolpeó con peligro varias veces, la más clara una cabalgada extraordinaria de Theo –Bongonda no, Hernández- ante la que respondió Rubén con un paradón.

Berizzo volvió a leer el partido y metió a Rossi para tener más juego combinativo y habilidad en los metros finales. El italiano ayudó e incluso tuvo un disparo repelido por la defensa. También Chelo Díaz lo probó con un disparo lejano que no inquietó a Pacheco. El partido llegaba a los minutos finales, con el Alavés perdiendo tiempo de manera descarada y el Celta negándose a rendirse. Muchos entrenadores dicen que lo que no ganaste en 85 minutos no lo pierdas en 5. Berizzo no. Hugo Mallo comandó el toque de corneta y pudo marcar con un tiro con la zurda que se estrelló contra el palo. Poco después, ya en el 89, el de Marín volvió a entrar por la derecha por enésima vez y tuvo la claridad de levantar la cabeza y ver a Radoja completamente solo en la frontal. El serbio recibió y con una calidad espectacular amagó el disparo con la zurda, recortó y la clavó con la derecha junto al palo. Gol partido. El primero del serbio de celeste y un justo premio a su partidazo y a su momentazo de forma. Quizá por ello, no supo muy bien como celebrarlo. Era lo de menos. El Celta sumaba tres puntos importantísimos ante un gran equipo que asustó a Balaídos con una falta directa final de Manu García que murió contra la barrera. La fe mueve montañas y la montaña blanca ya espera en el horizonte.  

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2 respuestas a “El cántaro a la fuente

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