En un tramo crucial de la temporada, con partidos cada tres días y una eliminatoria trascendental contra el Real Madrid en el horizonte, el Celta corría el riesgo de descentrarse y de volver a ceder puntos como ya ocurrió en alguna que otra ocasión. Contra un Alavés en inferioridad y muy bien plantado, el paso de los minutos hacía temer que podría llegar ese error, ese momento de desconexión que echara por tierra todo el trabajo. No fue así. El gol de Radoja, frío como un bloque de hielo en la última gran ocasión de evitar el empate, ejemplifica a la perfección que el equipo vigués está con confianza y más en forma que nunca. Por eso acumula victorias en este 2017.
Miguel Gallego | TintaCeleste

El Celta está en su punto. A pesar de ausencias importantes y de la acumulación de partidos, los de Berizzo cuentan por victorias los partidos del año que acaba de comenzar. Es una cuestión de calidad, claro que sí. Pero es también fruto de la confianza. El concepto de fútbol que ha inculcado el técnico en sus hombres ha hecho que estos se suelten, y que confíen realmente en sus posibilidades más allá de la ansiedad y los nervios. Creían en la victoria contra el Alavés, y esta acabó llegando.

La evolución del once

Eduardo Berizzo ha hecho un par de ajustes en su equipo titular que han tenido continuidad en esta serie de dos encuentros ligueros en Balaídos. En ellos, el centro del campo ha sido reforzado con la presencia de Radoja y Marcelo Díaz en el doble pivote, con Daniel Wass ejerciendo de mediapunta. En la delantera, Iago Aspas y Guidetti han vuelto a encontrar acomodo simultáneo en el campo, con el moañés por la derecha y el sueco en punta. No cabe duda de que las ausencias del Tucu Hernández y Orellana posibilitan estas modificaciones, pero el hecho de que el técnico se decida a apostar abiertamente por dos delanteros es una muestra más de confianza, de que quiere que su equipo siga dando pasos al frente.

Contra el Alavés se dejó la portería a cero, algo que no había ocurrido en los 11 partidos anteriores de Liga

El efecto de estos cambios es una mayor presencia en el centro del campo, que evita que el equipo se rompa tan fácilmente como ocurría al comienzo de la temporada. Esto ayuda a cerrar en defensa, reduciendo la sangría de goles que amenazaba los objetivos de la campaña. Contra el Alavés se dejó la portería a cero, algo que no había ocurrido en los 11 partidos anteriores de Liga. Además, en ataque el equipo sigue siendo temible, con varios hombres muy ofensivos, cada uno con unas cualidades y armas diferentes, a los que se suman jugadores como Radoja o Hugo Mallo. Un catálogo de recursos que multiplica de manera  exponencial las posibilidades de victoria.

Sin perder el norte

Es especialmente importante que, ante la expulsión en las filas del Alavés, el Celta no perdió la calma en ningún momento. El equipo vigués nunca había destacado por ello, sino más bien al contrario. Cuando las cosas no salen, cuando el gol no llega, entran las prisas. Y, como bien se sabe, las prisas no son buenas consejeras, acostumbran a llevarse puntos con ellas. El Alavés estuvo bien plantado en todo momento, defendiendo con seguridad y saliendo con mucho peligro. Dos características que le hacen mucho daño al Celta. Cierto es que pudo cazar algún gol, pero los vigueses aguantaron sus acometidas, esperando su momento, y multiplicando los recursos ofensivos con el paso de los minutos.

Las prisas no son buenas consejeras, y acostumbran a llevarse puntos con ellas

La incorporación al ataque de hombres como Hugo Mallo, Radoja o Roncaglia fue la gota que colmó el vaso de un Alavés que empezó a mostrar fisuras en los instantes finales. Fue entonces cuando la victoria se vio tan cerca, tan posible… y a la vez tan esquiva. En muchas ocasiones, especialmente cuando los atacantes no tienen su día, no es suficiente con intentarlo. Pero hay otras en las que jugadores tan en forma como Radoja, convencido de convertirse en goleador para culminar una temporada espectacular, acuden al rescate. Con una sangre fría propia de los más consumados delanteros, el balcánico aseguró los tres puntos para un Celta que ahora se marcha lanzado a por el Real Madrid. Y todo sin apenas pensar en el Real Madrid. Y es que la eliminatoria de cuartos de final de Copa se quedó en su sitio, perfectamente separada por el partido de Liga ante el Alavés. Habrá que ver si la presumible batalla del Bernabeu no interfiere con la importante visita del domingo a Anoeta, la casa de un rival directo en la recuperada lucha por asomar la cabeza a los puestos europeos.

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