Probablemente el Real Madrid esté por debajo del Celta en una cosa: nunca podrá sentir la estampida de adrenalina que supone ganarle al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. El equipo vigués la sintió hoy, como un guitarreo de Jimmy Page o alguna otra cosa frenética, como un serpenteo que se apodera de todo el cuerpo y te deja absolutamente extasiado. Una victoria ante el Real Madrid en el Bernabéu puede dar sentido a muchas cosas. 
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Real Madrid 1-2 Celta

Real Madrid: Casilla; Danilo (Benzema, min. 80), Ramos, Varane, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric; Asensio (Morata, min. 53), Lucas Vázquez (Kovacic, min. 71) y Cristiano Ronaldo.
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Radoja, Marcelo Díaz, Pablo Hernández; Wass (Guidetti, min. 89), Bongonda (Sisto, min. 87) y Aspas (Sergi Gómez, min. 80).
Árbitro: Fernández Borbalán (C.T. Andaluz). Amonestó con tarjeta amarilla al local Sergio Ramos y a los visitantes Marcelo Díaz y Pablo Hernández.
Goles: 0-1, min. 64, Aspas. 1-1, min. 69, Marcelo. 1-2, min. 70, Jonny.
 Estadio Santiago Bernabéu, 58.196 espectadores.

El Celta aterrizó en Madrid derrapando, envuelto por completo en el turbulento caso Orellana, que puesto así parece el nombre de una novela de John Le Carré. De todos modos, su situación deportiva era inmejorable: cuatro partidos en 2017, cuatro victorias. Vivo en las tres competiciones y en plenitud física. La situación del Madrid, envidiable a todas luces, se había visto empañada por una derrota casi circunstancial en el Pizjuán, que sucedió a 40 encuentros consecutivos sin perder. Antes de empezar el partido ni el más iluso sospecharía que los de Zidane iban a morder el polvo por segunda ocasión en apenas tres días.

El planteamiento de Berizzo fue el esperado, con cuatro centrocampistas de salida y Wass caído a la derecha para tapar los violentos arreones ofensivos de Marcelo. El entrenador argentino asignó a Marcelo Díaz, Pablo Hernández y Radoja tres misiones muy concretas: ahogar a cada uno de los centrocampistas del Real Madrid, impedir que tuviesen salida con el balón por el carril central. Zidane salió con todo, colocando un once de inicio de los que no te importaría llevarte a una recogida de premios, en señal de profundo respeto hacia su rival.

Las cosas empezaron siguiendo el guion previsto, con los blancos asomándose a la meta rival desde el primer minuto casi por inercia, como quien va a lavarse los dientes después de cenar. El planteamiento de Berizzo, sin embargo, respondió eficazmente a la voracidad madridista, estableciendo un perímetro rocoso que los veloces, técnicos y potentísimos atacantes locales no lograban atravesar con facilidad. Ante la congestión del medio campo, Zidane encontró pronto una solución en las rápidas conducciones de Varane y Sergio Ramos desde campo propio que generaban superioridades numéricas y desordenaban, aunque no lo suficiente, el esquema a prueba de balas del Celta.

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Todos los días son días de fiesta.

Las ocasiones más claras de la primera mitad corrieron a cargo del Real Madrid, con algún que otro disparo tímido de un Cristiano Ronaldo desacertado como de costumbre y varios disparos desde la frontal de Kroos, Casemiro o quien se la encontrase en ese momento. Es evidente que el equipo blanco ya no tiene un líder fijo: todos juegan a lo mismo y a la misma velocidad y con la misma precisión.

Las alternativas celestes en la primera parte no fueron demasiadas, y se quedaron reducidas a algún contragolpe suelto dirigido por un espectacular Bongonda, que desarrolló un trabajo físico de primer nivel secando la banda derecha del Real Madrid y tocando todos los balones que le llegaban con un criterio inaudito. Parece como si la confianza ciega de Berizzo en el belga estuviese empezando a dar unos coloridos y jugosos frutos. De todos modos, el derroche del extremo celeste no fue un caso aislado, sino que todos los futbolistas del centro del campo vigués rayaron a un nivel de concentración y exigencia soberbio. Justo el primer condicionante que Berizzo indicó en rueda de prensa que debería darse para que el Celta diese la sorpresa en el Bernabéu. Faltaba el segundo y más importante: no desaprovechar las oportunidades.

Lo de decir no diga gol, diga Iago Aspas resulta un tanto manido y falto de significado pero es la puta verdad. El punta de Moaña fue el encargado de materializar el esfuerzo del equipo culminando una contra -otra más dirigida por Bongonda- después de un mal despeje de Marcelo hacia el punto de penalti. Aspas está empezando a convertirse en un fenómeno peligroso por desconocido en Vigo: al menos un servidor nunca ha vivido tal estado de gracia de un punta celeste. No sé vosotros.

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Desde Matamá con amor.

El Real Madrid es como una apisonadora alemana de las que fabrican para aplastar puentes o cosas enormes en general. Las prisas de haber encajado un gol le sentaron bien al equipo de Zidane y no tardaron en reestablecer las tablas, aunque lo hicieron de un modo que eximía de culpa a los ajustes defensivos del Celta: tras un rechace y de rebote, Marcelo se redimía de su error marcando el 1-1. Lo normal es que, cuando el Madrid empata un partido frente a un equipo menor con tiempo por delante, al final acabe ganando. Pero esta vez no.

Si a los de blanco les había sentado genial encajar un gol, marcar uno les sentó peor que beberse cuatro chupitos de tequila en fila y sin respirar. Nada más sacar de centro, el Celta recuperó la pelota y lanzó de nuevo un contraataque en el que Iago Aspas, siempre presente, encontró a Jonny entre líneas para que el lateral de Matamá batiese a Casilla con la confianza de un delantero italiano de 37 años. Queridos amigos, marcarle un gol al Real Madrid justo después de encajar un empate es empezar una revolución.

Berizzo blindó el partido tras el gol. No hubo más. Pese a todo, el Madrid las tuvo y las tuvo claras porque ya se sabe, es el Madrid. Pero fallaron. Falló Benzema la última, más franca imposible en el borde del área pequeña, y en ese momento los de azul sabían que habían ganado. Pocas veces -concretamente NUNCA- se había visto al Real Madrid de Zinédine Zidane caer de rodillas durante los últimos diez minutos de un partido que va perdiendo y resignarse totalmente en el tiempo de descuento. Pero, por loco que parezca el asunto, es lo que pasó. El Celta ha visto cosas que no creería pero, como se dice por ahí, no tiene nada teniéndolo todo. Lo de echar al mejor equipo del mundo de la Copa del Rey se lo deja a Balaídos.

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One response to “La reconquista del paraíso

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