Fueron unos cuantos los que intentaron iluminar la oscura década de los 60 en clave celeste. La ilusión del ascenso se tornaba en decepción año tras año, pero el objetivo continuaba sin modificarse. El verano de 1963 no fue una excepción y para intentar devolver al Celta a la categoría perdida cuatro años antes llegaba Joseíto, un técnico con un currículum envidiable como futbolista pero sin experiencia en los banquillos.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

José Iglesias Fernández llegó al mundo en Zamora, en diciembre de 1926. Con apenas ocho años el virus del fútbol se metió de lleno en sus venas por razones familiares. Joseíto era el encargado de llevar las botas de su hermano Antonio al campo de fútbol pero el paso de los años terminó por dictaminar que el menor de los hermanos sería quien dibujase los mejores trazos en el arte de dar patadas a un balón.

Tras su paso por Atlético Zamora y Valladolid, los 25 goles que anotó en el curso 1949/50 con el Racing de Santander le catapultaron hacia un Real Madrid que en los años siguientes iba a hacer historia. Su capacidad para desempeñar la función tanto de interior como de extremo le sirvió para hacerse un hueco en una delantera que presentaba nombres como los de Di Stéfano, Rial o Gento. Con el equipo blanco el delantero zamorano participó en la consecución de cuatro ligas y otras tantas copas de Europa, además de convertir un total de 76 goles a lo largo de ocho temporadas. Ya bien entrado en la treintena, terminó su carrera en la Segunda División, primero en el Levante y, finalmente, en el Rayo Vallecano, club en el que se retiró a principios de los 60.

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Joseíto, primero por la izquierda en la fila inferior, posa con la primera Copa de Europa del Real Madrid (Foto: goal.com)

Debutante

Con el tiempo justo para realizar los cursos de entrenador, Joseíto consiguió alcanzar el número uno de su promoción en la Escuela Nacional de Preparadores. El fútbol continuaba corriendo por sus venas y el Celta iba a suponer su primera experiencia en un banquillo. Los de Vigo, inmersos en una considerable crisis económica, venían de uno de tantos intentos fallidos de ascender a Primera. Iñaki Eizaguirre —en su primera etapa como técnico del Celta— no fue capaz de dar con la tecla y dejó al equipo en una sexta plaza que no satisfacía los objetivos marcados para la campaña 1962/63.

Joseíto se enfrentó con varios jugadores y también con el público, al que recriminaba su actitud con el equipo

Para el curso 1963/64 la idea pasaba por lograr el ascenso con un plantel muy joven y renovado. De hecho, tan solo seis hombres superaban los 24 años de edad y apenas dos de ellos —Lasheras y Zamorita— habían cumplido 28 primaveras. Así las cosas, el inicio de campaña no fue precisamente el soñado. Con tan solo dos victorias en las nueve primeras jornadas parecía un milagro ver al equipo en la octava plaza. Y lo cierto es que, aunque los resultados mejoraron, el equipo nunca pudo superar la cuarta posición. En el tramo final de campaña, ya sin opciones de ascenso, el Celta se dejó ir y terminó noveno en la tabla.

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Joseíto entrenó al Celta durante dos temporadas (Foto: yoentrenealcelta.blogspot.com)

Los problemas económicos comenzaban a resultar insoportables y el club olívico, dirigido por Daniel Alonso, se vio obligado a dar la baja a siete futbolistas, además de poner coto a las fichas de las nuevas incorporaciones. Las ayudas por parte del Sindicato de Hostelería resultaron vitales para la supervivencia de un club que parecía agonizar por momentos. A pesar de todos los males que aquejaban al Celtiña, Joseíto renovó durante un año más su compromiso con los de celeste. Pero el curso 1964/65, lejos de escenificar el resurgir del equipo en el plano deportivo, confirmó que el retorno a la máxima categoría debería esperar. Y eso que las primeras diez jornadas de liga situaron al equipo en una tercera plaza que permitía soñar con el salto de categoría. Sin embargo seis derrotas en los siguientes ocho encuentros dejaron claro que este tampoco era el año. La afición, completamente harta, explotó tras una inútil victoria contra el Real Unión en Balaídos y silbó a los futbolistas tras anotar un gol.

Asegurando la permanencia

La penúltima jornada liguera de aquel curso marcaba una visita al estadio de Atocha. El Celta, noveno con 26 puntos, peleaba con un pelotón de nueve equipos que se encontraban en el estrecho margen de dos puntos. Con los primeros clasificados muy lejos, sí existían remotas posibilidades de que el equipo se pudiese complicar la vida y se viese abocado a jugar la promoción de descenso. La Real, por su parte, ocupaba una cuarta posición que tampoco le permitía aspirar al ascenso. El club donostiarra nada se jugaba realmente en el envite.

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Durante una de sus etapas como entrenador del Granada (Foto: granadadigital.es)

Joseíto presentó una típica alineación underground de aquella época. Con Ibarreche bajo palos, la línea de tres zagueros estaba compuesta por el canterano Rori y los clásicos Lasheras y Herminio. Fernando Zunzunegui y Quico, a pesar de su condición de centrales, actuaron aquella tarde como volantes. Carmelo Núñez y Hermindo Pintos ocuparon las demarcaciones de extremos, con Manuel Castro como interior. La responsabilidad anotadora quedaba, sobre todo, en manos de Miguel Téllez y Juan Goyarán. Un once de claro perfil guerrero, muy propio de la División de Plata.

La primera mitad resultó entretenida, con un equipo donostiarra que se adelantó a los 13 minutos por mediación de Eceiza. En la zaga de aquel conjunto figuraba Alberto Ormaetxea, quien como técnico llevó a la Real Sociedad a conquistar dos títulos de liga y una supercopa en la década de los 80. Sin embargo ni él ni sus compañeros de línea pudieron evitar el empate de Carmelo Núñez, quien aprovechó un rechace para colocar el 1-1 en el minuto 17. Una clarísima oportunidad malograda por Pintos pocos minutos después fue lo más destacado del choque hasta el intermedio.

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Técnicos que han dirigido a Celta y Deportivo a lo largo de la historia (Foto: fameceleste.blogspot.com)

La segunda mitad no destacó precisamente por su calidad. A los tres minutos de la reanudación llegó la jugada que sentenciaría el choque a favor de los visitantes. El gol, conseguido al alimón entre Téllez y el defensor realista Maiztegui, colocaba en ventaja al Celta. Los de Vigo gozaron de oportunidades para ampliar el marcador pero este no se iba a mover. El 1-2 terminaba de aclarar las dudas que pudiesen quedar en cuanto a la permanencia de los de Vigo, quienes finalmente acabaron la temporada en una engañosa quinta plaza.

Una larga carrera

Aquel resultado colocó una fina capa de maquillaje sobre una temporada desastrosa a todos los niveles, con problemas de disciplina en el vestuario que acarrearon sanciones por parte de la directiva. Joseíto se enfrentó con varios jugadores y también con el público, al que recriminaba su actitud con el equipo. Fueron años muy duros los de la década oscura para el Celta y el celtismo. Como era de esperar, el milagro no se produjo y el técnico zamorano abandonaba el club olívico para siempre.

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Joseíto, en una imagen no muy anterior a su fallecimiento en 2007 (Foto: corazonblanco.com)

Aun con todo, la carrera de Joseíto en los banquillos no había hecho sino comenzar. Tenerife, Mallorca, Granada —en cuatro etapas diferentes—, Valencia, Córdoba, Murcia, Alavés, Terrassa y Deportivo se hicieron con sus servicios entre 1965 y 1980. El ascenso con el Granada en la temporada 1967/68 supuso su mayor éxito y le abrió la puerta a dirigir en la máxima categoría al Valencia y al equipo nazarí. En la segunda mitad de los 70 vivió la otra cara de la moneda y sufrió descensos a la Segunda División B con Murcia, Terrassa, Deportivo y Granada.

Tras abandonar su actividad como técnico, Joseíto se instaló en Granada, la ciudad que le vio durante más temporadas en el banquillo. Allí vivió junto a su familia hasta el 12 de julio de 2007, día en que falleció con 80 años cumplidos.

Joseíto consiguió alcanzar el número uno de su promoción en la Escuela Nacional de Preparadores

Hombre con un gran currículum como futbolista, su carrera como técnico también fue muy destacable. José Iglesias Fernández se inició en el mundo de los banquillos en el Celta. En un Celta plagado de problemas y de dificultades, que poco a poco consiguió salir adelante. Las dos temporadas que le tocó vivir en Vigo no destacaron por los éxitos deportivos pero su trabajo sirvió para que, al menos, el equipo no se hundiese más. Una pérdida de categoría en un momento de manifiesta inestabilidad económica y social podría haber supuesto fácilmente la desaparición del club.

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