Suma y sigue. No se detiene. De gala o de batalla, de tacón o de zapas, a copas de diez euros o de botellón. El Celta está de fiesta desde que empezó 2017, con un pleno de victorias -solo interrumpido por el pinchazo en San Sebastián y el dulce empate contra el Madrid- y con una inercia que le lleva a ganar aún sin brillar. Si es que hasta para ir de farra hay que tener oficio. El cuadro celeste superó con su segunda unidad a un Leganés que apenas inquietó y que fue atropellado por la fulgurante ascensión del terremoto Sisto y el rock n’ roll de John Guidetti.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Leganés 0-2 Celta

Leganés: Iago Herrerín; Víctor Díaz, Mantovani, Insua, Adrián Marín; Rubén Pérez, Timor (Luciano, min. 53); Unai López (Machís, min. 73), Gabriel, Szymanowski (Samu García, min. 73) y Guerrero.
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Sergi Gómez, Fontàs, Planas; Radoja, Pablo Hernández, Señé (Jozabed, min. 90); Lemos (Jonny, min. 79), Pione Sisto y Rossi (Guidetti, min. 43).
Árbitro: Trujillo Suárez (C.T. Tenerife). Amonestó con tarjeta amarilla al jugador local Gabriel y al visitante Fontàs.
Goles: 0-1 Lemos (min. 32). 0-2 Guidetti, de penalti (min. 66).
Butarque. 10.929 espectadores.

El Celta volvió a hacerlo. Como un chaval de 20 años. Un golfo para el que cualquier excusa es buena para salir de fiesta. En Leganés advertían de los peligros de la resaca con uno de sus simpáticos carteles, pero es imposible tener resaca cuando siempre estás de farra. El equipo vigués se metió más cerveza en el cuerpo para no acusar el malestar y volvió a dar la talla, como ese pavo que siempre está. Da igual que salgas sábado, que jueves, que bajes al 24 horas a comprar algo un martes a las dos de la mañana. Él siempre está.

Pero siempre cuesta arrancar de resaca. Y más cuando vienes de un farrón épico, de los que venías preparando mucho tiempo y en el que lo diste todo. Tocaba volver al plan habitual de los findes, sin mucha parafernalia pero siempre con la posibilidad de pasarlo bien. Las primeras birras caían, pero el cuerpo seguía pesando, algo aburrido quizá, con la mezcla de nostalgia y cansancio por el despelote de hace tres días y con el anhelo de agarrar una cogorza similar dentro de cuatro.

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¡Camarero, un Pione con hielo!

Por ello el Leganés entró mejor a la noche, más fresco y más motivado. A base de insistencia y empuje fue apocando al Celta, pero sin nada concreto. Pablo Insua fue el mítico colega impetuoso de “vamos a tal garito”, pero el portero disfrazado de árbitro le prohibió el paso y le anuló el gol a la salida de una falta lateral por fuera de juego.

Poco a poco, las cervezas fueron haciendo efecto y el Celta empezó a carburar de la mano de un travieso Rossi, que con un control con giro demostró la clase que lleva dentro. El problema del italiano es que quizá esté para ir a tomar una copa a un lugar tranquilo, o puede que en casa con amigos. Un pinchazo le llevó a pedir el cambio al filo del descanso para dar paso a un Guidetti que siempre tiene ganas de fiesta. Antes de eso, Pepito sirvió la pelota a Lemos, que con un magnífico reverso culminado con un latigazo con la zurda adelantaba a los celestes. Debut y gol. Como cuando sales por primera vez con un grupo nuevo y pillas cacho.

Garrincha

Cuando apenas era un bebé, Pione Sisto escapó de la guerra de Sudán en los brazos de sus padres, que lograron emigrar a Dinamarca con el estatus de refugiados. Sí, conocéis la historia por vosotros mismos y por los esforzados comentaristas televisivos, que se encargan de recordarla en cada partido. El caso es que a buen seguro le enseñaron su hijo que en la libertad está la felicidad. Y su fútbol es libertad pura, por eso es feliz. Sisto escapa de las patadas, como sus padres escaparon de la metralla. Sisto corre como si no hubiera un mañana, como antes lo hicieron sus progenitores para cruzar la frontera hacia Uganda y salvarle. Instinto. Ese afán de supervivencia ha labrado su juego y a él comienza a añadir adaptación y buenas decisiones.

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Hard rock hallelujah.

Y es que en cada noche hay un colega que por lo que sea está más desatado que el resto. Volvió a ser Pione Seísmo en Butarque. Un terremoto que destruyó los cimientos del sólido equipo pepinero, enloquecido con los bailes del danés, que se llevó su buena somanta de palos pero que en ningún momento se escondió.

En una de sus coreografías, Pione sentó a Mantovani y corrió hacia la libertad de la portería. No la alcanzó porque Víctor Díaz se disfrazó de guardia fronterizo y le derribó. Por desgracia para los miles de refugiados que se juegan la vida cada día, el fútbol no es como escapar de una guerra; es una chorrada con normas y el árbitro pitó penalti. Guidetti pidió al dj música heavy y lo transformó para cerrar el partido.

Los minutos restantes fueron esos en los que te quieres ir para casa, pero todo el mundo te lo impide agarrándote de los brazos. Guerrero amagó con joder la fiesta, pero esta vez el pepino no amargó. Sonó el típico tema de última hora, las luces se encendieron y el Celta se acabó la copa: un gin tonic con pepino.

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One response to “Gin tonic con pepino

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