Una semifinal de Copa no puede tomarse a la ligera. Lo comprobó el Celta hace un año en el Sánchez Pizjuán. Los de Berizzo pensaron que todo acabaría allí mismo, en una segunda parte frenética que cayó del lado del Sevilla golpe a golpe. Con la lección grabada a fuego y ante un Alavés que no destaca precisamente por dejar jugar, los vigueses mostraron mucha cautela, quizás demasiada, buscando mantener su portería imbatida. El resultado fue una primera parte en la que poco se jugó al fútbol. Con el paso de los minutos, y sabiendo que el rival acabaría acusando la acumulación de minutos, el Celta se fue haciendo con el control del partido, ofreciendo una imagen mucho más reconocible. Eso sí, desperdició varias ocasiones de esas que no acostumbra a fallar, al menos esta temporada. El resultado fue un empate que deja todo abierto para Mendizorroza, en otra apasionante partida de ajedrez que, esta vez sí, dejará un ganador.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Llegaba una cita histórica. Una semifinal de Copa y en el mejor momento de la temporada. Un emparejamiento igualado ante el Alavés sin un pronóstico claro. ¿Qué más se puede pedir ante una eliminatoria así? Los condicionantes, además, ayudaban. La reciente mala experiencia de Sevilla ponía alerta a todo el celtismo, incluída una plantilla que celebró el resultado del sorteo, pero que de confianzas, ninguna. El equipo llegaba fresco, motivado y en forma. Con el once de gala.

Contra natura

El equipo de los elegidos de Berizzo salió al castigado césped de Balaídos con el freno de mano puesto. En una eliminatoria así, de 180 minutos, hay mucho que ganar, pero también mucho que perder. El Alavés no se desordena. lo ha demostrado esta temporada hasta la saciedad. También en Balaídos, y no hace mucho. Por eso era necesario minimizar riesgos ante el devastador efecto que podría tener un susto tan al principio de la batalla.

La reciente mala experiencia de Sevilla ponía alerta a todo el celtismo, incluída una plantilla que celebró el resultado del sorteo, pero que de confianzas, ninguna

La primera parte no tuvo lustre, ni brillo, ni fútbol. El Celta no consiguió jugar, no se impuso en el centro del campo, y no conectó con un Iago Aspas que era una isla, ya que sus socios, Wass y Bongonda, se convirtieron en cuarto y quinto integrante de una media que siguió sin dominar. Un Celta irreconocible ante un Alavés totalmente fiel a sí mismo. No se preocuparon lo más mínimo los de Pellegrino por la falta de fútbol y de goles. En cierto modo, parece que se la esperaban.

Benditas rotaciones

Cuando un equipo está en racha, todo le sale bien. O tal vez entre en racha porque todo le sale bien. El caso es que, en el Celta de 2017, la buena racha está inevitablemente ligada al éxito de las rotaciones, que no son de ahora. Hay que recordar que el equipo estuvo a un paso de la eliminación europea por reservar a algunos de sus futbolistas. El sufrimiento de entonces se convierte en una ventaja ahora. Además de conseguir el objetivo de seguir en Europa, el bloque es ahora más fuerte. Puede que esté en su mejor pico de forma de todo el curso, justo en el momento en que tiene que echar el resto en los torneos por eliminatorias.

Fue una apuesta arriesgada del cuerpo técnico, apoyada también en la confianza ciega que le está demostrando el celtismo, y que está dando unos frutos fantásticos.

Cuando un equipo está en racha, todo le sale bien. O tal vez entre en racha porque todo le sale bien

Contra el Alavés, que había librado toda una batalla el fin de semana contra el Atlético de Madrid con un once muy parecido al de Balaídos, el Celta sabía que, con el paso de los minutos, estaría más fresco. Que llegarían sus oportunidades. Y que, con el acierto que está mostrando esta temporada, y con Pione Sisto y Guidetti en el campo escoltando a Aspas, el gol acabaría llegando. El único lunar en un planteamiento inteligente fue, precisamente, un factor que no se puede controlar de manera total: el acierto. La pelota no quiso entrar. Los palos y Pacheco se encargaron de evitarlo, dejando un resultado de empate que no refleja los argumentos expuestos por ambos equipos. Puede que influyese también el diluvio universal que dificultó sobremanera la tarea de jugar al fútbol en Balaídos. Otro factor que no se podía evitar.

Menudo partido de vuelta

Como indica todo lo anterior, es cierto que el partido no quedará para la posteridad por su calidad. Suele ocurrir cuando hay tanto en juego. Pero eso no le quitó un ápice de emoción e intensidad a lo vivido en Vigo. De Mendizorroza hay que esperar algo similar, pero con el regusto ya de una final. De saber que allí se decidirá todo. Que un fallo puede condenar al equipo, y que un acierto puede encumbrar a un futbolista, meterlo en la historia por la puerta grande. Como ocurrió con Berizzo en aquella semifinal contra el Barcelona de hace ya 16 años. El argentino está a punto de hacer historia también como entrenador, y no está dispuesto a dejar pasar ese tren. Por eso ha anunciado rotaciones contra el Real Madrid. Si lo han llevado hasta aquí, ¿por qué abandonarlas ahora, por mucho Real Madrid que venga? Lo que está claro es que, pase lo que pase en Vitoria, este equipo ya se ha ganado el derecho a quedar con letras de oro en la casi centenaria historia del Celta.

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