Borja Refojos | Tinta Celeste

OPINIÓN | Malas noticias, chavalería. Nos han pillado. Se nos acabó la tontería. En dos actos consecutivos de absoluta torpeza, desde Madrid y Barcelona han descubierto que el Celta es un agente doble de los supermegaultrahéroes del fútbol mundial, a los que todos los clubes y aficionados del universo les deben pleitesía.

La torpeza número uno llegó tras una torpeza todavía mayor: eliminar al Real Madrid de la Copa del Rey. Para lograrlo, Eduardo Berizzo reservó a sus mejores hombres en San Sebastián, contra un teórico rival directo por los puestos europeos, y perdió el partido. Ni una pega. Días después, el cuadro celeste se cargó al Madrid en la Copa y desde la ciudad condal dieron palmas con las orejas, encantados de que el Toto y sus compinches manipulasen la pelea europea. Tampoco hubo lamentos desde el Mediterráneo cuando repitió idea en Leganés, poniendo en peligro la lucha por el descenso –y encima ganando-.

El complot y la acusación de tramposos llegaron cuando el preparador argentino anunció tras la ida de semis contra el Alavés que iba a repetir fórmula rotativa contra el Madrid en Liga. Los culés calaron rápidamente al Celta: un súbdito de la caverna, dispuesto a poner “la alfombra roja” –palabras textuales de cierto artículo– al equipo de Zidane en su camino hacia una Liga robada por el aparato de presión blanco, solo unos días después de ser los héroes que eliminaron a los secuaces de su Florentineza.

La torpeza número dos llegó unas horas después. El Celta usó sus poderes mágicos para invocar un temporal de esos que solo conocemos bien los catetos del norte. Rachas de viento que llegaron a alcanzar 180 km por hora, lluvias masivas, árboles caídos, chapas de pabellones y estadios por el aire… El tipo de movidas que salen por la tele y decimos “buah, qué jarto” sin pensar realmente el peligro que entraña.

Fruto de ello, el Deportivo-Betis fue suspendido. La expedición bética ya estaba en A Coruña y lo asumió con naturalidad, incluso el propio Víctor Sánchez del Amo grabó un vídeo asumiéndolo. No hubo tweets conspiranoicos, ni tertulias con suspicacias, ni preguntas a la gente para ver a quién beneficiaba más la suspensión. Y era un partido de Primera División. Además, se movió el Basquet Coruña-Barça B a Santiago, el Marín Peixegalego-Araberri a Pontevedra y se suspendió el Racing de Ferrol-Palencia,  así como numerosos partidos de distintos deportes y diversas categorías. Sin fallo.

El problemón llegó cuando el temporal –sí, ese que el Celta provocó- reventó una chapa de la cubierta de Río Alto y uno de sus trozos acabó en el centro del terreno de juego de Balaídos. Pensando en la seguridad de la gente -¿importa eso?-, varios expertos municipales aconsejaron la suspensión del partido contra el Madrid.

¿Pero qué sabrán los expertos? Varios cuñados opinadores, mayoritariamente desde la Meseta, aludieron a que se arreglasen los desperfectos antes de la hora del partido. Lo de subirse a más de 30 metros de altura, lloviendo a mares y con el viento zumbando a cien por hora ya tal. Otros apuntaron a lo vergonzoso de que una cubierta se rompa por “un poco de viento” y que un estadio así no es de Primera. Apenas hay clasismo en esos comentarios. También insinuaron que la suspensión era para que el equipo celeste descanse de cara a su partido de Copa en Vitoria, además de para -lo realmente importante- beneficiar al Barça, ya que Berizzo pensaba salir con suplentes. En efecto. El Celta provocó tres ciclones en 36 horas, que dejaron sin luz a media Galicia para ayudar a los independentistas a robar de nuevo una Liga de ese país que tanto odian y que una y otra vez le vienen levantando al equipo del señorío, Villarato mediante.

Se descubrió el pastel, amigas y amigos. El Celta es un agente doble, un chaquetero, un interesado que ayuda a Madrid o Barça según el sol que más caliente –que estos días es más bien poco-. Para ello se clasifica para unas semifinales de Copa y lo gestiona como le parece por joder a unos, o desencadena un salvaje temporal como si tuviera los poderes de Tormenta, la de X-Men, por joder a otros. Una nueva historia de los 18 atrezzos de Primera División en la lucha de cada día por ver quién la tiene más grande.

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