Es el sentimiento que mejor define la eliminación del Celta en Mendizorroza. Bien sea por la manera de producirse, por las enormes expectativas creadas, por el irrefrenable deseo de ganar un título que crece año a año en la afición, o por el ruido mediático que generó esta eliminatoria en todo el estado. Todos estos factores, unidos o por separado, provocan diferentes reacciones. Una oportunidad perdida, otro tren que pasa de largo, la sensación de que el celtismo siempre termina en sufrimiento e incluso, por qué no decirlo, de haber hecho el ridículo a ojos de los críticos, que eran legión en este partido. La decepción es palpable, pero no puede durar: esto sigue.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Por segundo año consecutivo, el Celta se asomaba a una final. Los astros se alineaban para optimizar las posibilidades de un bloque modesto, que ya había protagonizado una gesta histórica. Sin embargo, para la historia quedará una eliminación dolorosa. Otra más. Fue una derrota escrita por capítulos, con el inevitable final reservado a quien nació para sufrir. Un nuevo golpe del que aprender las duras lecciones de la vida o del deporte, que vienen a ser lo mismo.

Capítulo uno: el escenario

El Celta había protagonizado un inicio de año espectacular, culminado con la sucesiva eliminación copera del Valencia y del Real Madrid. Tremendo. Y fue entonces cuando un grito liberador traspasó los muros del vestuario de A Madroa para colarse indiscretamente en todos los hogares, Sí, el vestuario del Celta festejó el emparejamiento contra el Alavés. Pero no por menospreciar al rival. Los vitorianos son la bestia negra celeste, eso lo sabe cualquiera. Lo hizo aliviado por evitar a los otros dos cocos del fútbol español que aun quedaban en el bombo.

El propio escenario imponía el papel de favorito a un equipo que intenta huir de él constantemente

Ese grito fue el pistoletazo de salida para una eliminatoria dramática, en la que el propio escenario imponía el papel de favorito a un equipo que intenta huir de él constantemente, porque sabe cómo va esto. Un grito que espoleó a la caseta rival, una caseta que, en la intimidad, también festejó el emparejamiento, qué duda cabe…

Capítulo dos: el flashback

Todo buen drama debe tener bien claros los antecedentes. En el caso de esta eliminatoria, la vista iba atrás inevitablemente, hasta hace ahora un año, cuando el Sevilla vapuleó a los vigueses en el partido de ida de semifinales y los apeó del sueño copero. Aquella dura experiencia, se ha comentado aquí y en otros muchos foros, debía tenerse en cuenta como aprendizaje para el futuro. Ha quedado claro que Berizzo y los suyos tomaron buena nota de aquello. El problema, por el contrario, es que se pasaron de frenada.

Ha quedado claro que Berizzo y los suyos tomaron buena nota de la eliminatoria contra el Sevilla. El problema es que se pasaron de frenada

Ya en el partido de ida quedó claro que el Celta iba a construir la casa desde los cimientos. Que no iba a exponer lo más mínimo y que quería una eliminatoria con pocos goles. Lo que ocurre es que esa es, exactamente, la filosofía de su rival. El Celta no defiende bien. Es difícil verle cerrar un partido sin encajar goles. Por eso, tras el partido de ida, se hacía necesario que fuese sin dudarlo a por la portería de Pacheco. No lo hizo, y el rival se creció aun más, viendo que todo se desarrollaba como más le favorecía. Urge aprender de este nuevo error, el contrario al de Sevilla, porque ahora llega Europa y otra dura eliminatoria contra el Shakhtar.

Capítulo tres: los haters

La pequeña función de provincias adquirió tintes de superproducción cuando se supo que andaba por allí el ganador del Oscar. Efectivamente, tras la eliminación del Real Madrid, quiso el destino que se cruzase un temporal el pasado fin de semana que evitó la posible revancha blanca ante un Celta plagado de rotaciones. Una fatalidad más en una eliminatoria condenada al desastre. El cruce de descalificaciones entre Vigo y Madrid, del que el club se mantuvo prudentemente al margen, dejó al partido de Mendizorroza en el centro del huracán, nunca mejor dicho. No es una situación deseable cuando lo único que debe importar es el Alavés y la posible final de una competición.

El cruce de descalificaciones entre Vigo y Madrid, del que el club se mantuvo prudentemente al margen, dejó al partido de Mendizorroza en el centro del huracán

Es difícil saber si todos estos factores externos contribuyeron al desastre, o si solamente se está produciendo una venganza madridista en plato frío tras la debacle. En todo caso, más de una vez se ha comprobado que el traje de favorito no le sienta demasiado bien al Celta, más cómodo a la hora de sorprender que a la de demostrar.

Capítulo cuatro: la dirección

No se puede pasar por alto, llegados a este punto, el papel de la planta noble del club vigués. Tras una serie ininterrumpida de temporadas en constante crecimiento, la actual se presentaba como un peldaño más, como una oportunidad de seguir progresando. Con el Celta en Europa, es inevitable pensar que un título sería el mejor colofón. Sin embargo, en las últimas campañas se ha producido una inevitable pérdida de potencial que no se ha suplido con demasiadas garantías. Afirmar esto parece arriesgado cuando, a todas luces, el balance general de la campaña está siendo notable. Pero solo hay que hablar de nombres: Krohn-Dehli, Augusto Fernández, Nolito y, ahora, Orellana son historia. Son activos importantes y, sobre todo, caros. El club no ha querido hacer un desembolso superior para paliar sus ausencias. Ha seguido con su plan, fichar talentos jóvenes y, sobre todo, baratos. Hace años que no viene un futbolista consagrado por una millonada. A pesar de todo, el Celta está cumpliendo.

Hoy se ve todo negro, es inevitable. Pero la historia nos dice que este grupo de jugadores podrían devolverle la ilusión al celtismo dentro de un par de semanas

Pero sería injusto cargar todas las tintas contra Eduardo Berizzo, por su planteamiento de la eliminatoria, y en los jugadores, que no consiguieron imponerse a un recién ascendido. Hay que tener claro de dónde viene este equipo, y hacia dónde va. Hoy se ve todo negro, es inevitable. Pero la historia nos dice que este grupo de jugadores podrían devolverle la ilusión al celtismo dentro de un par de semanas. Ya lo han hecho antes.

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