En el fútbol moderno cada vez se otorga una mayor importancia a las habilidades técnicas del futbolista. Décadas atrás, el estado de los terrenos de juego y el peso de los balones condicionaban este aspecto, lo que concedía un protagonismo superior al actual a los futbolistas de brega, coraje y lucha. La historia del Real Club Celta está plagada de ejemplos de futbolistas que se dejaban hasta la última gota de sangre en el campo. Entre ellos se encontraba Álvaro Núñez Marcial, más conocido como Alvarito.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Alvarito —nada que ver con el conocido masajista fallecido en 2005— nacía el 21 de diciembre de 1912 en Vigo. De no haber mediado la Guerra Civil probablemente se hubiese incorporado al Celta antes de lo que lo hizo pero el conflicto bélico provocó que su llegada al club olívico no se materializase hasta 1939, cuando estaba a punto de cumplir los 27 años. En un principio llegaba para formar como medio derecho dentro de aquellas líneas de tres centrocampistas que buscaban suministrar balones a la delantera de cinco hombres a la vez que auxiliaban a los dos únicos zagueros del equipo.

Su debut coincidió con el estreno del Celta en la máxima categoría, en una derrota por 3-2 ante el Zaragoza. Alvarito fue un fijo en las alineaciones de Ricardo Comesaña y tan solo se perdió cinco encuentros como consecuencia de una lesión sufrida en Chamartín. El vigués tuvo que ser retirado del terreno de juego tras un choque con Sauto, jugador del Real Madrid, que le provocó una fractura en el maxilar. En total terminó por participar en más de 1.500 minutos, magnífica cifra teniendo en cuenta que aquella liga tan solo constaba de 22 jornadas.

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Alvarito, todo pundonor y entrega (Foto: todocoleccion.net)

Imprescindible

La campaña siguiente fue, sin duda, la más dura de todo su recorrido como céltico. Ante la llegada masiva de futbolistas canarios, Joaquín Cárdenes tan solo le alineó en siete encuentros. La temporada resultó decepcionante para el mediocentro, que recuperaría protagonismo al año siguiente. El curso 1941/42 —primero de Baltasar Albéniz como técnico céltico— vió a Alvarito disputar 23 de los 26 encuentros de liga al completo, además de conseguir su único gol con la elástica azul cielo. Sucedió en un encuentro bronco e igualado ante el Espanyol en Balaídos. Con 3-3 en el marcador y tras un saque de esquina, el bravo futbolista vigués empujó el balón a la red para asegurar dos valiosos puntos para su equipo. El tándem que formó en la medular junto con Antonio Sabina y Antonio Fuentes sostuvo durante todo el curso a un Celta que finalizó en una brillante quinta posición.

Durante su último encuentro formó, como en los buenos tiempos, junto con Fuentes y Sabina en mediocampo

Como es natural, jamás se le pidió a Alvarito precisión ante la portería rival. Sus condiciones, en cambio, resultaban idóneas para la demarcación de medio derecho. Una capacidad de sacrificio intachable y un espíritu de lucha difícilmente igualable le capacitaban para desempeñar una función extremadamente esforzada en una época en la que a los medios no les quedaba otra que multiplicarse para soportar las embestidas de las pobladas delanteras rivales.

Unas condiciones que volvería a poner de manifiesto en la temporada 1942/43. De nuevo en su papel de centrocampista por el sector derecho, el vigués completó 1.800 minutos de juego en liga, lo que le situó como el quinto jugador más utilizado por Albéniz durante aquella campaña, en la que el Celta repitió quinta plaza.

Hecatombe

Llegaba el curso 1943/44 y las cosas iban a cambiar radicalmente, tanto para el club olívico como para Alvarito. En el día del estreno tocaba visitar el estadio Metropolitano para rendir visita al Atlético Aviación, equipo que pasaría a denominarse Club Atlético de Madrid en enero de 1947. El club de la capital había finalizado la campaña anterior en la octava posición, tres escalones por debajo del Celta. Pero en aquella tarde de finales de septiembre de 1943 quedó claro que no iba a resultar un curso sencillo para los de celeste.

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Abril de 1942, primera visita del Celta al estadio de Atocha (Foto: celtahistoria.blogspot.com)

Albéniz dispuso una delantera que en poco o nada se parecía a la de temporadas anteriores y en la que asomaba un jovencísimo Pahiño. En cambio la medular sí resultaba reconocible, con Alvarito, Fuentes y Yayo como sostenes de un Celta que iba a naufragar en toda regla. Con todo, la primera parte transcurrió en medio de una intensa batalla en el centro del campo en la que el trío celeste consiguió mantener a flote a su equipo. El Atlético, no obstante, consiguió tomar ventaja a los 20 minutos tras una acción que terminó en gol de Juan Vázquez —céltico años más tarde—, que se encontraba en fuera de juego. Con 1-0 y la falsa sensación de choque equilibrado se llegó al intermedio.

Su debut coincidió con el estreno del Celta en la máxima categoría, en una derrota por 3-2 ante el Zaragoza

Para desgracia del club olívico, toda resistencia de los visitantes iba a desaparecer a la vuelta de vestuarios. El tremendo desgaste sufrido por el mediocampo vigués provocó que el Atlético Aviación pasase cual apisonadora por encima del Celta. A Ardèvol y Alberich, extremos célticos, se les vio completamente desconectados, mientras que los zagueros Cons y Varela se mostraron muy fallones. En apenas diez minutos, los que transcurrieron entre el 55 y el 65, Bermúdez encajó tres tantos que dejaban el choque visto para sentencia. Los últimos minutos del choque solo sirvieron para engordar una goleada que terminó en un escandaloso 7-0.

Fin de una etapa

Lamentablemente aquel encuentro no se iba a quedar en anécdota dentro de una temporada para olvidar. El Celta recibiría cuatro o más goles en otros ocho encuentros de aquel curso para finalizar en una indiscutible última plaza que llevó al equipo de nuevo a Segunda. Los problemas económicos obligaron a dar de baja a varios futbolistas, a lo que se unió un buen número de lesionados. Como consecuencia tan solo se pudieron sumar nueve puntos, una cifra verdaderamente pobre. Alvarito fue titular en la primera parte del curso pero a partir de la jornada 13 no volvió a aparecer en las alineaciones de Albéniz. Durante su último encuentro formó, como en los buenos tiempos, junto con Fuentes y Sabina en mediocampo. Pero ni siquiera el trío de centrocampistas que tantas tardes de solidez había regalado a la afición fue suficiente para lograr una victoria y se cayó por 0-1 en Balaídos ante el Granada.

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Alvarito, junto con otros integrantes de la plantilla del Celta correspondiente a la temporada 1943/44 (Foto: todocoleccion.net)

Al finalizar el curso y tras no llegar a un acuerdo para renovar con el Celta, Alvarito fichó por el Murcia, que por entonces estaba en Primera. En el equipo pimentonero no acaparó demasiado protagonismo y tan solo pudo intevenir en 11 partidos a lo largo de dos temporadas. Su nivel, ya con más de 32 años a sus espaldas, no fue el mismo que ofreció en el club olívico.

Y es que no viene mal recordar de vez en cuando a alguno de esos futbolistas trabajadores y luchadores hasta la extenuación. Quién sabe cuántas gotas de sudor de Álvaro Núñez Marcial habrá recogido el césped de Balaídos durante las cinco temporadas en las que vistió de celeste. Seguramente tantas como las del que más. No cabe duda de que sin la brega de Alvarito el Celta de los 40 no habría podido lograr dos extraordinarios quintos puestos en liga.

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