Tras la agónica clasificación del Real Club Celta para los dieciseisavos de final de la Europa League, este runrún se hacía eco del mal momento de juego de los vigueses en otoño. El equipo iba a trancas y barrancas, valiéndose de su gran pegada para sobrevivir, esperando su mejor pico de forma. En aquel momento se ganó tiempo. Llegó el pico en enero y, durante unas semanas, el celtismo revivió momentos mágicos que lo hicieron soñar. Pero, a la vez que superaban rondas coperas e intentaban reservar fuerzas, cada vez más escasas, el calendario fue desgastando a los de Berizzo, hasta el punto de que han empezado febrero vacíos física y psicológicamente. Sin tiempo para recuperar fuerzas puesto que, aunque caiga eliminado por el Shakhtar, al Celta aun le quedan dos semanas más con fútbol cada tres días.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Una de las pocas cosas buenas que puede tener el apretado calendario es que no da tiempo para lamentarse. Tras dos palos, un equipo debe levantarse y volver a competir. O, por lo menos, intentarlo. Claro que, con tan pocos días de descanso, las derrotas están tan frescas que pueden mermar la confianza, clave para sacar los partidos adelante. Justamente lo que le está pasando al Celta, que no tiene tiempo para lamerse las heridas.

Se pasó el arroz

En diciembre terminó la fase de grupos y el Celta, sin brillo, consiguió clasificarse para la siguiente ronda. En aquel momento estaba por llegar el mejor estado de forma del equipo. Tras el parón invernal, los de Berizzo volvieron como motos, como comprobó el Valencia en solo 20 minutos. Sin embargo, un mes de enero cargado de partidos cruciales ha acabado con las energías físicas y mentales del grupo. Y todo pese a las continuas rotaciones del técnico, obsesionado en que el equipo no se cayese.

Un mes de enero cargado de partidos cruciales ha acabado con las energías físicas y mentales del grupo

La realidad es que, a pesar de los esfuerzos, hay muchos futbolistas en la plantilla que no ofrecen tan buen rendimiento como los teóricos titulares. Pero estos tampoco atraviesan su mejor momento. Algunos de ellos no han disputado partidos clave por este motivo. El resultado es que Berizzo cuenta cada vez con menos jugadores del núcleo duro. A día de hoy, y después de los últimos encuentros, solo Hugo Mallo parece en plenitud. Los demás, empezando por un Iago Aspas que ha perdido la chispa y el gol, ofrecen un buen rendimiento, pero eso no llega. Para doblegar a una bestia como el Shakhtar hace falta que hombres como el Tucu Hernández o Daniel Wass vayan como motos, o que Bongonda no se limite a achicar agua en labores defensivas, cuestión que parece haberle llevado a la titularidad por delante de Sisto.

En busca del modelo de juego

Se criticó a Berizzo por salir en partidos cruciales con cuatro hombres en el medio, y a ello ayudó el evidente bajo estado de forma de Marcelo Díaz. Contra el Shakhtar, el técnico optó por la fórmula más popular, con Guidetti en punta, Aspas a su derecha, y Radoja solo ante el peligro en el medio. Este sistema basa sus posibilidades de éxito en que el equipo domine, tenga el balón y, sobre todo, llegue. Los hombres de arriba esperan la llegada de los interiores, Wass y el Tucu. Pero nada de esto ocurrió. Sin los interiores frescos, los delanteros bajan a por el balón, que es la única manera de llevarlo arriba. Y, claro, falta madera en el área. El resultado fue un encuentro con posesión, sí, pero sin remates claros entre los tres palos. En parte porque Guidetti, renqueante, ofreció su actuación menos acertada de cara al gol desde su llegada.

Como esto no para, no será necesario esperar mucho para saber cómo resuelve Berizzo el puzle

De cara al partido contra Osasuna se le plantea un escenario complicado a Berizzo. Por un lado, sus jugadores clave necesitan recuperar las mejores sensaciones y volver a sentirse importantes. Pero, por otro, están cansados, y la acumulación de minutos puede resultar todavía más perjudicial. Parece probable la entrada en el once de Jozabed y Sisto, los teóricos titulares más en forma, y puede que también la de Rossi. Por lo demás, la duda estriba en si volverá a vestir el centro del campo o a poblar su delantera. Como esto no para, no será necesario esperar mucho para saber cómo resuelve el puzle.

Ucrania decide

En cualquier caso, la vista sigue puesta en el encuentro de vuelta ante el Shakhtar ya que, a pesar del resultado adverso, la eliminatoria todavía no está resuelta. El Celta ha demostrado una y mil veces que se crece ante situaciones adversas, se reivindica cuando nadie, o apenas nadie, cuenta con él. El de Járkov será uno de esos partidos. Una machada allí revitalizaría al equipo, pero lo condenaría a seguir jugando jueves sí, jueves también hasta dentro de una barbaridad de semanas. Urge que el Celta recupere la chispa cuanto antes si quiere volver a ser tan competitivo como hace apenas un mes.

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