El Celta superó a Osasuna en una especie de ejercicio psicológico en el que el colista fue el mejor antidepresivo para Berizzo y sus chicos. Sin firmar ni mucho menos un gran partido, el equipo celeste se aprovechó de la candidez del cuadro navarro -en una depresión mucho mayor que la suya- para sumar tres puntos importantes para no descolgarse de la batalla por Europa y para apartar los nubarrones que cubrían su cielo desde la todavía coleante suspensión del choque ante el Madrid.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 3-0 Osasuna

Celta: Rubén Blanco, Jonny, Sergi Gómez, Fontàs, Planas; Marcelo Díaz, Radoja, Wass; Pione Sisto (Jozabed, min. 60), Bongonda (Hjulsager, min. 84) y Rossi (Iago Aspas, min. 73).
Osasuna: Sirigu; Berenguer, Oier, David García, Vujadinovic, Clerc;  Causic, Torres, De las Cuevas (Fran Mérida, min. 68); Oriol Riera (Kenan, min. 83) y Sergio León (Rivière, min. 78).
Goles: 1-0 Pione Sisto (min.23). 2-0 Jozabed (min.86). 3-0 Iago Aspas (min. 88).
Árbitro: Vicandi Garrido, del comité vasco. Amonestó a Jonny (Celta).
Balaídos. 15.556 espectadores.

Sí. Aquel temporal que suspendió el tercer duelo contra el equipo blanco en apenas tres semanas -los otros dos sirvieron para eliminarlo de la Copa- amainó y dejó que el sol saliera y subiera las temperaturas en toda Galicia. Lo que no amainó, fue el sainete de los medios capitalinos, que siguieron y siguen viviendo del asunto para rellenar espacios con chascarrillos y teorías conspiranoides. El problema es que los días gris no cesaron para el Celta desde ese momento. Tres derrotas consecutivas en tres competiciones distintas acompañaron a los de Berizzo desde entonces.

Urgía encontrar un antidepresivo, un ejercicio de autoestima que permitiese recuperar confianza, aferrarse a la Liga -que quedan tres meses todavía- e imbuirse de ilusión para tratar de remontar en Ucrania el 0-1 de la ida. Osasuna parecía el rival propicio para ello, pero con la cara oculta de un equipo que se juega la vida en cada minuto. 

Enjambre contra la muralla

Berizzo salió con un once mixto entre titulares habituales y segunda unidad y con una idea muy clara: para derribar el muro defensivo rojillo hacía falta movilidad y pegada. Bongonda, Rossi y Sisto formaron arriba en un tridente repleto de movilidad. Avispas que aletean de un lado al otro para terminar picando. Los intercambios posicionales fueron continuos, con el italiano saliendo mucho de zona para dejar sin referencia a los tres centrales visitantes y el belga y el danés percutiendo desde fuera hacia adentro.

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Retumba como un terremoto, pica como una avispa.

Tras un comienzo algo dubitativo, el capitán Chelo Díaz -no estaba ninguno de los cuatro sobre el césped- empezó a carburar. Las dudas del equipo se fueron con las suyas y tras un aviso de Wass con tiro desviado, llegó el primer gol en una fantástica combinación entre las tres avispas, con dos taconazos de Rossi en la misma jugada y un espectacular quiebro y definición de Pione Seísmo dentro del área. De nuevo el terremoto danés ponía patas arriba Balaídos y ya no es novedad.

El miedo a la lluvia impidió disfrutar del sol

Sucedió que, en lugar de tranquilizar, el gol inyectó ansiedad a los celestes. Miedo a perder lo conseguido, miedo a que se repitiera la historia, miedo a ganar. Osasuna tardó en percatarse de ello y no fue hasta el segundo tiempo cuando se estiró y le creó problemas a un Celta aletargado y cada vez más espeso. Los problemas de Sisto para dosificar los esfuerzos volvieron a dejarle vacío en el inicio del segundo tiempo -cuando aprenda a no ir a muerte a cada balón y gane resistencia será una bomba-. En un minuto, Osasuna llegó más que en todo el primer tiempo: un centro envenenado de Clerc sin rematador fue el preludio a un disparo de Sergio León potentísimo ante el que Rubén -de vuelta a la titularidad ayer- respondió con firmeza. De nuevo el mosense apareció para detener un intento de De las Cuevas y para marcarse un recorte espectacular ante la presión de Sergio León. Sangre gélida.

Joza lo goza

La cosa se ponía cada vez más fea y Berizzo, ese tipo sin lectura de juego, que no sabe hacer los cambios y que ya casi es el anticristo para muchos, retiró al vacío Sisto e introdujo a Jozabed, sí ese chico que no tuvo suerte en la Segunda inglesa pero que el año pasado hizo dobles figuras -guiño a los baloncestísticos- en un equipo descendido. El sevillano echó el balón al piso, se asoció con Chelo e hizo algo aparentemente sencillo pero que, desde luego no lo es: jugar. 

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El trío que llega tarde a la fiesta: dos que la lían y el erasmus tímido.

El Celta recuperó la pelota y con ella las sensaciones. Mucho más cuando Aspas ingresó y Joza encontró un nuevo socio, esta vez hacia adelante. Los de Berizzo manejaron con pausa ante un Osasuna cada vez más desesperado que empezó a dejar muchos huecos atrás en la búsqueda del empate. El centrocampista andaluz, que ya había avisado con un disparo -siempre mira a portería- anotó su primer tanto como celeste y el que dio la tranquilidad a Balaídos al cabecear en el primer palo un córner magistralmente botado por Marcelo Díaz. Poco antes del gol, Hjulsager debutó relevando a un tocado Bongonda, y poco después, Aspas firmó el 3-0 con una vaselina marca de la case tras un fantástico pase filtrado de Jozabed.

 

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One response to “Anticiclón para la depresión

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