Historia vivida, historia repetida. Cuatro años después, el Celta volvió a conseguir una épica victoria a domicilio para mantener vivo un sueño. También hacía frío, también marcaron Aspas y Cabral en idénticas circunstancias y también se logró la gesta con pocas probabilidades de conseguirlo. Pero la vida da muchas vueltas y aquel equipo que logró la permanencia más milagrosa que se recuerda, hoy mira cara a cara a los equipos más poderosos de Europa. 
Borja Refojos | Tinta Celeste

Shakhtar Donetsk 0-2 Celta

Shakhtar: Pyatov; Srna, Ordets, Rakitskiy, Ismaily; Malyshev (Boriachuk, min. 112), Fred; Marlos, Kovalenko (Stepanenko, min. 73), Taison (Bernard, min. 83); y Gustavo Blanco.
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Roncaglia (Jozabed, min. 58), Fontàs, Cabral, Jonny; Pablo Hernández, Wass (Bongonda, min. 80); Sisto (Rossi, min. 85), Aspas y Guidetti.
Goles: 0-1, Aspas, de penalti (min. 91). 0-2, Cabral (min. 108).
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Gustavo Blanco, Rakitskiy, Fred y Srna, y a los visitantes Aspas, Roncaglia, Jonny, Guidetti y Bongonda.
Metalist Stadium.

Decía una canción de Incubus que en la vida todo se mueve en círculos. Ciclos que avanzan, suben y bajan, y se cierran en el punto de partida. Lo que hay que contar -y vivir- es lo que sucede en el proceso. El Celta cerró en Ucrania el círculo que en cuatro años le ha llevado de luchar por un salvar una categoría recién estrenada tras un lustro en Segunda, a competir de igual a igual contra gigantes europeos. Lo hizo contra el Barça y hace apenas diez días contra el Atlético. También en la Copa contra el Real Madrid. Y ahora contra el Shakthar Donestk.

En un calco de aquel partido dramático del 26 de mayo de 2013 en Zorrilla, los celestes lograron la victoria con un gol de Aspas de penalti y de Cabral en un saque de esquina. Igual que aquel día. Porque se habló mucho del espíritu de Villa Park esta semana, pero el verdadero espíritu era el del 4%. Con sus diferencias claro, empezando por que el argentino inauguró el marcador en Pucela y Aspas remató desde los once metros, justo al revés que en el Metalist. Continuando por los pocos supervivientes de aquella tarde. Y terminando por la abismal diferencia de entidad de los partidos.

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Aspas y Cabral ya escribieron sueños celestes hace cuatro años. (Foto: Real Valladolid).

Y es de aquel día solo quedan los dos citados -Iago con salida y regreso-, Hugo Mallo, Jonny, Rubén y Sergio. Lo canteranos y el argentino. Todo lo demás ha cambiado y para mejor. Para mucho mejor. El Celta salió a comerse el partido desde el principio. De tú a tú. Enfrente, un equipo soberano, veloz, con calidad, con oficio y con automatismos bien definidos. Un reto mayúsculo. El partido salió de los que hacen época, con ambos contendientes buscando la portería rival sin descanso y respetándose como lo hacen los que se consideran iguales.

Siete vidas tiene un Gato

Aquel domingo de mayo, Sergio Álvarez se quedó sin uñas viendo el partido por televisión. Acababa de salir de una lesión y Abel consideró que era mejor llevar a un jovencísimo Rubén Blanco para sentarse en el banquillo. La luxación de codo de Javi Varas le obligó a un debut prematuro en el que con dos paradas ayudó a la victoria. Siete días después, Sergio vivió desde el banquillo la epopeya celeste ante el Espanyol, mientras Rubén probaba las mieles de la gloria sobre el verde. Cuatro años después, los papeles se cambiaron y fue el de Catoira el que estuvo bajo palos mientras el de Mos sufría en la banqueta. Como si de justicia divina se tratase, Sergio firmó un partido excelso. Empezó con una doble parada a Kovalenko nada más arrancar que confirmó con otra a Taison en un fantástico remate del brasileño.

Sergio sostuvo al Celta

En la otra punta del campo también estaba un portero tildado habitualmente de “malísimo” por muchos aficionados. Qué ingrato es ese puesto. Pues Pyatov respondió con dos manos colosales a Aspas, en sendos disparos rasos, uno a cada lado de la portería. EL partido era un toma y daca, con ambos equipos intentándolo sin tregua y con dominio alterno. La extraña posición de Hugo Mallo como interior derecha daba solidez al Celta, que contenía el poderío local y generaba peligro con las asociaciones del propio Iago con un espectacular Guidetti.

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Profeta en su tierra.

El partido entró en el segundo tiempo con todo por decidir. El Shakhtar salió a por todas. Tocaba sufrir. Fue el momento de que Cabral y Fontàs, agigantasen sus figuras. El equipo ucraniano atacó mucho y atacó bien, con un despliegue espectacular que los centrales celestes sufrieron para contener. De nuevo Sergio, imperial, sostuvo a los de Berizzo en la eliminatoria.

Click

Berizzo se percató de que el equipo sufría e introdujo a Jozabed en el campo. El andaluz, como ya hiciera contra Osasuna en Liga, dio un aplomo y un criterio al centro del campo que reequilibró el partido. Tanto que Aspas dispuso de una doble ocasión en la que Pyatov volvió a cerrarle el paso al gol. Primero con la zurda y después con la derecha, el de Moaña lo intentó con una determinación que por momentos no le dejó ver a compañeros mejor situados en varias jugadas.

Jozabed es una bendición para el equipo

No importaba. El Celta volvía a mandar y a generar ocasiones. El Shakthar, ya esperando una contra, trataba de conservar el resultado y cedía un córner tras otro, sin sufrimiento para defenderlos -no imaginaban lo que acabaría por suceder-. Con Bongonda y Rossi en el campo solo quedaba lograrlo a la desesperada. Y ya en el 90, un melonazo de los que nunca van a ninguna parte, esta vez encontró el control de la bota derecha de Guidetti en una carrera de pura voluntad tras matarse a trabajar hora y media. El sueco encaró a Pyatov, le superó y, sabedor de que el portero le iba a arrollar, cayó en la tentación de irse al suelo antes de tiempo. Pero los guiones de las epopeyas también se escriben así. La infinidad de claros penaltis no pitados se conjuraron desde el limbo para que el esloveno y su colega de la línea de fondo, a dos metros de la jugada, señalasen penalti. Aspas estaba ante su momento. Ser héroe con la camiseta que ama. Carrera tranquila, disparo raso y perfecto. Gol. Como en Valladolid. Desde los once metros para soñar.

El color del cielo

El gol fue un mazazo para el Shakhtar, que entró aturdido en la prórroga. Era el momento del Celta, pero las precipitaciones no son buenas. Los de Berizzo siguieron percutiendo pero sin locuras, teniendo en cuanta que tenía cuatro delanteros sobre el verde. Jozabed siguió con su clínic. Manija. El andaluz siempre fue una solución para sus compañeros. Rossi, muy fallón, tuvo un par de ocasiones que resolvió mal y provocó con una pérdida un contragolpe de los de tragar saliva.

El partido entraba en la segunda parte de la prórroga con ambos equipos mirando de reojo a los penaltis. Pero al poco de empezar, un nuevo milagro. Cabral emergió en el primer palo a la salida del enésimo córner y remató a la red las ilusiones del puñado de célticos que acompañó al equipo a Ucrania y de los miles que empujaron empujamos desde casa. Un córner calcado al que Jozabed transformó el domingo pasado contra Osasuna. Esta vez fue el sevillano el lanzador, igual que lo fue Krohn-Dehli en Zorrilla, para que el argentino ejecutase las ilusiones de todos. Como hace unas semanas en Vitoria, lágrimas, pero bien distintas esta vez. De alegría. De las que despiertan de los sueños e invitan a soñar unos nuevos. De las que confirman crecimientos. De las que cierran círculos.

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One response to “El espíritu del 4%

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