Al igual que la semana pasada, hoy toca centrarse de nuevo en uno de los momentos más bajos de la historia del Celta. Con todo, de los malos tiempos también se pueden rescatar pequeñas joyas. Una de las más brillantes dentro del durísimo inicio de la década de los 60 fue Antonio Pais, centrocampista que, tras jugar en el Celta y en el Barcelona, saboreó las mieles de la gloria con el Real Zaragoza de ‘Los Magníficos’.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Antonio Pais, natural de Padrón, supo desde joven que quería ser futbolista profesional. En el Club Arenal de Santiago de Compostela, con apenas 16 años, comenzó a dejar muestras de una calidad que le llevó a formar parte de la selección española juvenil que se proclamó subcampeona de Europa en 1957. Pais actuaba como centrocampista y destacaba por su buen toque de balón aunque físicamente también respondía a los envites típicos de aquella época. Ofrecía una combinación de técnica y entrega que siempre resulta atractiva casi para cualquier técnico. Le gustaba lanzar las faltas pero eso no significaba que no se dejase hasta la última gota de sudor sobre el terreno de juego. Poseía un buen disparo a puerta, a la vez que estaba capacitado para correr kilómetros y kilómetros a lo largo de los 90 minutos que duraba un partido.

Y en estas llegó el Celta. Un Celta que acababa de descender tras una larga y exitosa etapa en la máxima categoría y que buscaba nuevos mimbres para su proyecto en Segunda. Corría el año 1959 y el club olívico, a la vez que fichaba al gran Zamorita, se hacía con los servicios del volante padronés, quien hacia el mes de noviembre se iba a integrar en el once inicial de Baltasar Albéniz. A sus 21 años, lo iba a hacer de una manera plena, hasta el punto de no perderse un solo minuto de la temporada a partir de la novena jornada de liga. Pais consiguió tres tantos durante aquella campaña, uno de los cuales abrió el camino para que el Celta derrotase por 4-0 al Deportivo en Balaídos. Pero su contribución al equipo se centró más en la construcción y en el trabajo que en la definición, al menos en esta primera temporada.

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Antonio Pais se dio a conocer en el Celta (Foto: yojugueenelcelta.com)

El curso 1960/61, tras el primer ascenso frustrado, tocaba reinventarse y para eso llegaba al banquillo Santiago Sanz Yayo. Bajo su dirección, la importancia de Antonio Pais en el equipo no iba a disminuir un ápice. Piedra angular de aquel Celta, durante su segunda campaña vestido de azul cielo se incrementó su acierto de cara al marco rival. Al término de la primera vuelta eran ya cuatro los tantos que había convertido. Y todavía logró otros dos antes de la visita al estadio de El Molinón, al paso por la jornada 21.

Victoria en El Molinón

Después de 20 jornadas el Celta peleaba mano a mano con Osasuna y con Deportivo por el liderato del grupo norte de la Segunda División. El club olívico se encontraba en la segunda posición, a un punto de los navarros y un punto por encima de los coruñeses. El Sporting —Real Gijón, como rezan las crónicas de la época— se encontraba mucho más apurado y tan solo veía por el retrovisor a Barakaldo y Terrassa.

En aquella tarde Baltasar Albéniz situó a Pistón bajo palos. Quinocho, Lasheras e Igoa conformaban la línea de tres zagueros, que se veía auxiliada por un doble pivote compuesto por Marín y Albino. Antonio Pais se ubicaba como interior derecho en una época en la que las delanteras de cinco hombres comenzaban a dejar paso a mediocampos más poblados. Pintos y Zamorita actuaron aquella tarde como extremos, mientras que Bayo se situaba como interior izquierdo. En la demarcación de nueve puro quedaba Lolo Gómez.

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Pais no logró triunfar en el Barcelona (Foto: yojugueenelcelta.com)

El Sporting trató en todo momento de llevar la iniciativa pero se encontró con un rival bien posicionado enfrente. El desgaste físico y la ansiedad terminaron por desgastar a los locales, que no tuvieron su día más afortunado de cara al marco rival. El único gol del partido llegó al filo del descanso, tras una gran jugada de toda la vanguardia celeste. Finalmente fue Bayo quien colocó un centro para la llegada de Antonio Pais. El de Padrón empalmó sin parar el balón y lo envió a las redes asturianas, haciendo completamente inútiles los esfuerzos del arquero Madriles por evitar el tanto. Una de las grandes virtudes del centrocampista céltico se dejaba ver en este encuentro y servía, además, para sumar los dos puntos en juego.

Antonio Pais regresó en 2008 a Galicia para instalarse en Bertamiráns, cerca de su Padrón natal

La situación, en términos clasificatorios, no varió ni para Celta ni para Sporting. Los rivales directos de los de Vigo ganaron sus respectivos compromisos mientras que en la zona baja nadie fue capaz de sumar. Los de Yayo no conseguirían finalmente el objetivo del ascenso al caer en la promoción ante el Oviedo. El Sporting, por su parte, se vio abocado a jugar la promoción de permanencia, en la que cayó por un global de 5-3 ante el Burgos. Con todo, el equipo asturiano se libró finalmente del descenso gracias a la renuncia del Condal, equipo que en los terrenos de juego se había ganado el derecho a continuar en la División de Plata.

Salto de calidad

Aun con todo, a pesar de que el Celta no logró el ascenso, la temporada de Antonio Pais fue más que notable. Su último tanto con la casaca celeste tuvo lugar en la promoción frente al Oviedo y sirvió para colocar un estéril 2-2 en el partido de vuelta en Balaídos. Pero su trabajo a lo largo de todo el curso no pasó desapercibido para los equipos de la máxima categoría y el Barcelona se hizo con sus servicios por 1.800.000 pesetas, una cantidad que llegó como agua de mayo a las necesitadas arcas célticas.

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Imagen correspondiente al Real Mallorca 1962/63. Antonio Pais, tercero por la izquierda en la fila superior (Foto: futbolespanolrecopilacion.blogspot.com)

El de Padrón había firmado por tres temporadas con el club de la Ciudad Condal pero apenas se quedó allí durante un año. De hecho, tan solo llegó a disputar ocho encuentros de liga con la elástica azulgrana. Ante la falta de oportunidades, Pais se marchó al Mallorca, donde en el curso 1962/63 rozó los 3.000 minutos de juego y volvió a sentirse importante.

Los Magníficos

Ya con 25 años fichó por el Zaragoza, equipo que entrenaba Antoni Ramallets. Allí jugó poco durante la campaña 1963/64, la misma en la que el club conquistó la Copa del Generalísimo ante el Atlético de Madrid y la Copa de Ferias ante el Valencia en el Camp Nou. En cambio, sí participaría en las dos finales que el Zaragoza de ‘Los Magníficos’ disputó en 1966. Pais recuerda con especial cariño la victoria lograda ante el Athletic en la final de copa disputada en Madrid. También jugó los 180 minutos de la final de la Copa de Ferias en la que el conjunto maño no pudo imponerse al Barcelona.

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Pais, segundo por la izquierda entre los agachados, en una imagen del Celta 1960/61 (Foto: todocoleccion.net)

Títulos aparte, el mejor rendimiento de Antonio Pais con el equipo blanquillo tuvo lugar en los cursos 1966/67 y 1967/68. Con Ferdinand Daučik y Roque Olsen como entrenadores, el de Padrón se convirtió en titular indiscutible en un Zaragoza que se había instalado entre los grandes de España. Ya con 30 años, su última temporada en la capital aragonesa fue más floja y el equipo pasó a moverse por la zona baja de la tabla. Aquel fue su último año en activo y, a pesar de encontrarse bien físicamente, Antonio Pais decidió retirarse. Le faltaba ya el entusiasmo de sus inicios y consideró que tocaba dar un cambio de rumbo a su vida. Tampoco se dejó seducir por el mundo de los banquillos y pasó a dedicarse a su familia y a la venta de hierro para la industria en Zaragoza.

Pais actuaba como centrocampista y destacaba por su buen toque de balón

Después de casi medio siglo en Aragón, Antonio Pais regresó en 2008 a Galicia para instalarse en Bertamiráns, cerca de su Padrón natal. Siempre se encontró a gusto en Zaragoza pero la morriña le invitó a volver a su tierra ya como septuagenario. Sus mejores recuerdos futbolísticos vienen de su época como jugador blanquillo pero tampoco se olvida de sus inicios en un Celta de Segunda, en el que acumuló méritos de sobra para que los grandes se fijasen en él. Y aunque las circunstancias no le permitieron jugar con el club olívico en la máxima categoría, sin su concurso en aquellos años complicados en la División de Plata el Celta jamás hubiese llegado a jugar dos promociones de ascenso consecutivas.

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