El Celta se trajo un punto de Gijón en un partido que mereció perder, que pudo ganar y que terminó empatando en una especie de justicia final. La resaca del partidazo de Ucrania, con poco más de 48 horas reales de intervalo y, sobre todo, la diferencia de necesidades -el Sporting se jugaba la vida- marcó la diferencia en unos primeros 60 minutos que se saldaron con un 1-0 que habría sido mayor si no fuera por Rubén y por la falta de acierto local. Porque al final, el fútbol se puede simplificar en eso: jugar bien, mal o regular importa, pero muchas veces importa menos cuando uno tiene un futbolista como Iago Aspas y el rival no. El de Moaña salió desde el banquillo para revolucionar el choque, meter un gol de antología y comandar a un equipo vigués en superioridad numérica por la expulsión de Meré que pudo ganar el partido con un balón al larguero y un gol anulado a Planas por un fuera de juego inexistente.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Sporting de Gijón 1-1 Celta

Sporting: Cuéllar; Douglas, Meré, Amorebieta, Canella; Sergio Álvarez, Vesga; Carmona (Lillo, min. 78), Moi Gómez, Burgui (Xavi Torres, min. 72); y Traoré (Cop, min. 85).
Celta: Rubén, Roncaglia, Sergi Gómez, Fontàs (Pablo Hernández, min. 69), Planas; Marcelo Díaz, Radoja, Jozabed (Iago Aspas, min. 60); Señé, Bongonda y Rossi (Beauvue, min. 78).
Goles: 1-0 Moi Gómez, de penalti (min. 48). 1-1 Iago Aspas (min. 75).
Árbitro: De Burgos Bengoetxea (comité vasco). Expulsó con tarjeta roja directa a Meré (min. 74). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Amorebieta y Cuéllar y a los visitantes Fontás, Marcelo Díaz, Roncaglia y Beauvue.
El Molinón. 26.000 espectadores.

Un estudio de estos de la Universidad de no sé dónde dejaba claro que era mucho mejor ponerse el despertador una vez y no ponerlo media hora antes y usar la letanía de la repetición cada cinco minutos. Primero porque si sabes que es la hora y no hay otra opción, te levantas y punto. Y segundo, porque duermes esa media hora del tirón y bien. El Sporting asumió el partido con el primer modelo: sabedor de que se juega la vida en cada jornada, saltó como un resorte de la cama cuando sonó el despertador -o el móvil, que en estos tiempos ya se sabe-. El Celta en cambio, usó el otro modelo, seguramente acuciado por la falta de sueño -llegó de Ucrania a las 7 de la mañana del viernes y se fue a Gijón el sábado después de comer-. Esa diferencia quedó patente en la primera media hora de juego, en la que el equipo asturiano superó claramente al celeste. Pero ay cuando llegó el soniquete de despertar definitivo. Aspas salió al campo y el equipo despertó de su mano para salvar un punto que pudieron ser tres.

Pero no adelantemos acontecimientos. Con el Sporting sobre el césped y el Celta aún en la cama, Rubén Blanco se erigió como la mayor contención del arrebato local. Roncaglia, visiblemente cansado, no podía con un inspirado Burgui, y desde esos desequilibrios individuales nacían las ocasiones del cuadro rojiblanco. El vigardo Traoré fue el primero en intentarlo y el propio Burgui poco después en dos ocasiones consecutivas. En las tres acciones apareció el guardameta mosense.

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Señé volvió a estar discreto.

El Celta era incapaz de parar el arrebato local, que continuó con un nuevo paradón de Rubén a un testarazo de Traoré en el segundo palo y un disparo de Moi Gómez que besó la parte exterior del poste. Ya hacia el final del primer acto, con el respiro del Sporting, los celestes asomaron por campo rival, con Jozabed intentando hacer juego y con Bongonda partiendo desde la derecha con un potente disparo que obligó a Cuéllar a intervenir. Fue el único intento serio más allá de un par de tímidos disparos de un Rossi nuevamente incapaz de ofrecer el nivel que muchos esperan.

Desequilibrio por error propio

El Sporting había sido claramente superior pero la realidad es que no había podido hacerle un gol a un gran Rubén. Y así habría sido también en la segunda parte de no ser por un penalti por derribo de Planas sobre Carmona en un error muy grave del lateral catalán. Moi Gómez no falló y puso en ventaja a un equipo asturiano que siguió percutiendo pero que solo fue capaz de batir al guardameta de Mos desde los once metros.

Un nuevo intento de Burgui, otro de Traoré con un testarazo al palo y un gol anulado al propio delantero marfileño por una clara falta de Amorebieta sobre Roncaglia, fueron los intentos frustrados.

Equilibrio por acierto propio

El partido empezaba a calentarse en la zona media, con un Sporting que ya no robaba tan fácil y provocaba muchas faltas. Berizzo se percató y no esperó más para meter a Aspas por Jozabed. Ring. La llamada definitiva del despertador espabiló al Celta que de la mano del morracense comenzó a dominar. Un fantasioso control dentro del área ante Meré forzó un córner y el enfado de un Amorebieta preso de su personaje.

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Ring, ring.

Pablo Hernández se unió a la fiesta justo antes de la jugada clave: Rossi apareció para dejar solo a Bongonda en un pase fantástico que demuestra que el que tuvo retuvo y cuando el belga enfilaba la portería fue derribado por Meré. Ocasión manifiesta de gol desbaratada. Tarjeta roja. Empezaba un partido nuevo y más cuando en la ejecución de la falta, Aspas se sacó el conejo de la chistera con un lanzamiento raso que aprovechó el salto de la barrera para alojarse en el fondo de la red. Magistral. Quedaba un cuarto de hora, con el partido empatado y en superioridad numérica.

El Sporting acusó el golpe. Es duro cuajar una hora así y poco después verse empatado y con uno menos. El frágil ánimo resquebrajó el equipo y el Celta lo tuvo todo para ganar. De nuevo Aspas maniobró en la izquierda, cedió atrás y Pablo Hernández presentó el interior del pie en la frontal para estrellar el balón contra el larguero. Un minuto antes, Planas sentó a Cuéllar con la maestría del mejor delantero para marcar a placer. La manera perfecta de enmendar su error del penalti si no fuera porque el línea tuvo otro que lo impidió: señaló un fuera de juego inexistente. Dedicado a los que bramaban por el penalti sobre Guidetti del jueves.

El tramo final dejó seguramente la mejor noticia de todas. La vuelta de Claudio Beauvue a los terrenos de juego diez meses después. Un jugador muy querido en la caseta que demostró en el tiempito que estuvo sobre el verde su inactividad, sí, pero también un corazón y unas ganas que superan con mucho a las de otros futbolistas que vienen teniendo minutos este curso y que probablemente irán perdiéndolos en favor del francés, que incluso tuvo la ocasión de ganar el partido con un remate en el área pequeña que desbarató Cuéllar. El guardameta del Sporting -otro preso de su personaje como Amorebieta- se encaró con Claudio, sabe dios por qué, y simuló de manera torticera una agresión por la que fue amonestado. Pero ese minuto y medio ya estaba ganado y el árbitro le dio la razón a la jugarreta al no descontar más tiempo y pitar el final de un partido en el que el Celta despertó a tiempo para uno pero no para tres.

 

 

 

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