Con el paso de los años, nos hemos ido acostumbrando a que las decisiones arbitrales condicionen un buen puñado de partidos de cada equipo en la que pretende ser la mejor Liga del mundo. El nivel de la competición ha subido, pero el de esta gente se ha quedado estancado desde tiempos inmemoriales. O es aun más bajo. Quizá sea porque la tecnología los pone en evidencia con más facilidad que antes. Y, en lugar de formarlos, el estamento parece preocupado solo de blindarlos. No se sabe quiénes son. Surgen de la nada para, con decisiones difíciles de entender, condicionar totalmente el desarrollo de un partido. Pero, cuando deberían ser el centro de atención, desaparecen sin dejar rastro y sin explicar qué coño han visto u oído. Y, si algún jugador se atreve a decir que no tienen nivel, lo denuncian, aunque tenga más razón que un santo. Desde el runrún de Preferencia también lo pensamos y, viendo lo que ocurrió en el Celta-Espanyol, nos atrevemos a decir, además, que no les gusta el fútbol. Pero nada de nada.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Era un partido de guante blanco. Dos equipos igualados en la zona media luchaban por poder seguir mirando hacia arriba en esa encarnizada lucha por entrar en Europa. Con un Celta desatado, y un Espanyol que contestaba con fiereza a cada gol. Y entonces fue cuando un tal Jaime Latre decidió que aquello no era hermoso, que ya se había jugado bastante. Así que mostró la segunda tarjeta amarilla a Fontàs, que había cometido falta y media, para desequilibrar sin remedio el choque en plena primera parte. Hay que destacar, además, que de esa primera media falta del central habían salido ya la primera tarjeta y el córner que dio lugar al 1-1. Parecía castigo suficiente, pero no lo fue para el árbitro que, en la segunda mitad, sí se cortó a la hora de expulsar a Hernán Pérez.

Un tal Jaime Latre decidió que aquello no era hermoso, que ya se había jugado bastante

Ese es exactamente el problema de los arbitrajes de esta Liga, como bien denunció Berizzo tras el choque. No hay criterio. A los trencillas se les va de las manos un partido y, a partir de ahí, pitan por inercia, se equivocan, tratan de compensar… es como si un equipo no entrenase nunca, y sus jugadores no dieran bien ni un solo pase. Lo que está pasando con las manos en esta Liga es digno de estudio. Supuestamente hay una norma, pero a ver quién es el guapo que se la sabe. Porque, si la de David López no fue voluntaria en el tramo final, ¿lo fue la de Fontàs al ir al corte? Nunca lo sabremos. A Jaime Latre no le podemos preguntar, está escondido hasta que le vuelva a tocar uno de esos calvarios que el resto de los mortales consideramos un agradable partido de fútbol…

Enchufados

Porque, ¡menudo partido! Parece que el Celta está tan fuerte anímicamente que no acusa el cansancio. Ni tampoco se descentra por la inminente visita al Camp Nou, o por otra histórica eliminatoria europea. Ni por las rotaciones, que volvieron a ser masivas. Tras unos minutos de adaptación, el equipo de Berizzo se fue a por un Espanyol que se mostró más dócil de lo esperado, sobre todo en la segunda mitad.

Iago Aspas demostró que, cuando coge la ola buena, es un jugador imparable

Una de las claves de este Celta está en el gol. ¡Y qué goles! Seguro que impresionaron hasta a los rivales. A todos los presentes menos a uno, al que ya no se le veía nada cómodo… Iago Aspas demostró que, cuando coge la ola buena, es un jugador imparable. Otra vez marcó de falta y fue un auténtico martillo pilón. Por lo menos, mientras pudo. Y Daniel Wass recuperó su mejor versión, la del futbolista omnipresente y difícil de parar. Hasta Pione Sisto besó el palo en unos minutos que parecían llevar a Balaídos al éxtasis. ¿Demasiadas sensaciones para asimilar? Para alguno, quizá.

Coitus interruptus

El Celta jugaba pero el Espanyol respondía. A cada gol, se sacaba alguna jugada rápida para llegar al área y hacer daño. Quizá con demasiada facilidad, es verdad. Otra seña de identidad del equipo local. Y, tras una pérdida peligrosa en el centro del campo, llegó la jugada clave del partido. Bueno, hubo algunas más que no llegaron a serlo a ¿criterio? del señor árbitro.

Tras el empate final, los célticos dieron la cara. Del árbitro, y sus circunstancias, nada más se supo

La expulsión de Fontàs y el conformismo del Espanyol impidieron que el ritmo del encuentro se mantuviese. No fue culpa del Celta que, normalmente, se desmorona cuando sufre un revés así. Esta vez, no. Tras el lógico retoque de Berizzo, que necesitaba un nuevo central, y unos minutos de tanteo, fue el equipo que más lo siguió intentando en la segunda mitad. Fue una pena que no pudiese concretar ninguna de sus ocasiones. A más de uno igual le daba algo… pero el cansancio, y una nueva decisión arbitral lo privaron de conseguir una victoria que merecía, al menos durante el ratito que se jugó un auténtico partido de fútbol.

Tras el empate final, los célticos dieron la cara. Se podían ir con la cabeza bien alta, y con sensaciones muy buenas de cara a lo que viene, que será duro. Esperemos que el cansancio de luchar contra los elementos durante una hora no haga mella. Tampoco se escondió Quique Sánchez Flores, que valoró  mucho el punto conseguido en un campo tan difícil como Balaídos. Del árbitro, y sus circunstancias, nada más se supo.

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2 respuestas a “El runrún de Preferencia: cuando el árbitro no está a la altura

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