El Celta arrolló al Krasnodar sobre el césped pero no fue capaz de extraer de Balaídos más que una victoria agónica, después de encajar rápido el tanto del empate tras adelantarse en el marcador. El gol del triunfo llegó desde la cabeza de Claude Beauvue, que se adelantó a la defensa rusa cual ave fénix resurgiendo de sus propias cenizas, del olvido y de sus problemas físicos. Rusia espera al Celta con los cuartos de final de la UEFA Europa League en el horizonte.
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Celta 2-1 Krasnodar

Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Fontàs, Jonny; Marcelo Díaz, Radoja, Wass (Jozabed, min. 70); Sisto, Aspas y Guidetti (Beauvue, min. 78).
Krasnodar: Kritsyuk; Martynovich, Naldo, Granqvist, Ramírez; Gazinski, Zhigulev (Torbinski, min. 83), Pereyra; Podberezkin (Mamaev, min. 75), Claesson y Wanderson (Laborde, min. 78).
Árbitro: Craig Thomson (C.T. Escocés). Amonestó con tarjeta amarilla al jugador visitante Claesson.
Goles: 1-0, Wass (min. 50). 1-1, Claesson (min. 56). 2-1, Beauvue (min. 90).
 Estadio de Balaídos.

En el fútbol lo único que se puede controlar es la propuesta. Más allá de eso, los partidos se desarrollan dentro de sus propios universos particulares, y dentro de cada uno de ellos las cosas suceden de un modo u otro, siempre impredecibles y presas de aquello que llaman las dinámicas, las rachas, las tendencias. Bajo un manto teórico, la victoria del Celta esta noche frente al Krasnodar debería haber sido mucho más amplia de lo que lo terminó siendo a nivel práctico. Una vez más, cosas del fútbol.

El equipo de Berizzo saltó al campo con ganas de comerse a su adversario. Desde el primer minuto, los chicos celestes arrollaron al Krasnodar y lo sometieron a su estilo de juego. Todo funcionó en ataque para el Celta: Marcelo Díaz se convirtió en un faro, Daniel Wass y Radoja cubrieron con su despliegue físico todo el espacio posible y más en la medular, Pione Sisto fue una auténtica pesadilla para Martynovich y tanto Aspas como Guidetti generaron muchas ocasiones de gol en el área rival. Sin embargo, los goles no llegaron.

El Celta, pese a todo, no bajó los brazos. El conjunto ruso replegó cada vez más cerrando líneas y apretándose por dentro para bloquear cualquier internada celeste, tanto por dentro como por fuera. Esto provocó que la mayoría de las aproximaciones del equipo local a la portería de Kritsyuk acabasen resolviéndose con disparos forzados o, al menos, no todo lo claros que les gustaría.

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Daniel Wass volvió a realizar un partido fantástico y a coronarlo con un gol.

Y así se llegó al descanso: con la sensación de que el Celta estaba ganando 5-0 a Krasnodar pero con el marcador inmóvil en el resultado inicial, algo quizá motivado por la presión que suele sentir el Celta en sus pies cuando se sabe superior, cuando entra en el terreno de la consciencia de su favoritismo. Pero, una vez más, el equipo de Berizzo no bajó los brazos, y tras la reanudación mantuvo exactamente el mismo nivel de intensidad, el mismo nivel de insistencia.

Aunque el fútbol a veces pueda resultar sumamente incomprensible e injusto, lo cierto es que la mayor parte de las veces acaba entrando en razón. En Balaídos lo hizo a los cinco minutos de la segunda mitad, cuando Daniel Wass sacudió el esférico desde 25 metros y lo envió directamente al fondo de la portería del Krasnodar sin siquiera necesitar darle parábola ni altura, simplemente ajustándolo al palo izquierdo y otorgándole una potencia descomunal.

Lo curioso fue que, justo después del tanto del danés, el conjunto ruso pareció desperezarse. Avisó una primera vez desde lejos y, en su segunda aproximación a la meta de Sergio en todo el partido, consiguió el empate, obra de Claesson en una espléndida jugada personal. El gol sentó como un jarro de agua fría al Celta, como un jarro lleno de impotencia y frustración, al ver cómo el equipo rival lograba en cinco minutos algo que a ellos les había costado 50.

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Sisto fue un castigo constante para la zaga del Krasnodar.

De todos modos, tras diez minutos de impasse y tras la entrada de Jozabed al campo, el Celta se reactivó. El fútbol volvió a fluir y las ocasiones volvieron a fluir, incluyendo un constante asedio al área del Krasnodar a menudo carente de profundidad o incapaz de penetrar ante el repliegue planteado por el equipo soviético. Y, cuando las cosas empiezan a parecer incomprensibles, cuando tirar la toalla parece la opción más fácil, es cuando no hacerlo conlleva la mayor de las recompensas.

Cerca del minuto 90, Hugo Mallo colgó un esférico al corazón del área rival. Allí estaba Claude Beauvue, que hace poco que ha vuelto al fútbol de su larga ausencia, la causada por la pesadilla de su tendón de aquiles, el que lo apartó del verde durante tanto tiempo. El francés alzó la mirada y se lanzó a por el balón con determinación, adelantándose a los dos centrales y girando el cuello con potencia para enviarlo al fondo de la red y dar la victoria al Celta.

La victoria lograda en Balaídos ante el Krasnodar puede saber a poco dado el desarrollo del partido pero sabe a mucho por la resurrección de un futbolista que está llamado a ser clave en la rotación de este Celta que, de momento, sigue codeándose con bichos europeos. Ahora toca viajar, viajar lejos, a la Rusia profunda. Ahí se decidirá si el Celta jugará esos cuartos de final con sabor a 1999, a 2000 y a 2001.

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