Hace ya unas cuantas temporadas, cuando el Celta tocó fondo en Segunda y en pleno proceso concursal, el equipo dirigido por Carlos Mouriño inició un lento pero constante proceso de mejora. Poco a poco, los límites fueron saltando por los aires. Y ahora, con la economía saneada y el futuro a debate, ha llegado al último de ellos. Los cuartos de final de la Europa League. Esa ronda maldita que se llevó por delante las ilusiones del mejor Celta de la historia o, por lo menos, del más caro. Porque este Celta, el de Eduardo Berizzo, está resistiendo las comparaciones a base de ilusión y compañerismo. ¿Será capaz de superar el techo histórico de aquel equipo de Horacio Gómez y Víctor Fernández, construido a fuerza de talonario? Siéntense y preparen las palomitas: dentro de unas semanas lo sabremos.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Un resultado engañoso. Un viaje eterno y un escenario intimidatorio. Y, como premio, volver a la antepenúltima ronda europea, algo que no ocurría por estas latitudes desde el año 2001. Sí, aquel año en el que el Celta de Víctor Fernández se coló por última vez en la final de Copa. El Celta de Berizzo se quedó este año a las puertas pero, con rabia, se levantó contra los críticos y, con un puñetazo en la mesa del Shakhtar, se plantó en octavos dispuesto a seguir creciendo. Y ahí, en octavos, abrió la ronda con más espíritu en Balaídos para llevarse una pequeña ventaja en la maleta a Krasnodar.

El once de gala

Se ha repetido hasta la saciedad: tanta acumulación de partidos, tanta lesión y tanta sanción han difuminado la frontera entre titulares y suplentes hasta el punto de que ya no queda claro cuál es el equipo ideal del técnico. Pero en Rusia sí se pudo ver una versión muy parecida. La lesión del Chelo Díaz, que también podría formar en él, permitió la variante con Guidetti en punta y Aspas a su derecha, mientras Tucu y Wass acompañaban a Radoja en el medio. En la defensa, Fontàs parece haber destronado a un Roncaglia demasiado intermitente de la titularidad.

Pione Sisto es puro fuego, y quizá eso es lo más valioso cuando la serenidad se impone en una eliminatoria a doble partido

Por la izquierda, la apuesta es Pione Sisto. El danés es puro fuego, y quizá eso es lo más valioso cuando la serenidad se impone en una eliminatoria a doble partido. En una primera parte táctica pero con alternativas, en la que lo importante era mantener la exigua ventaja, Sisto se salió del guion para meter el miedo en el cuerpo de los rusos.

Las lecciones, bien aprendidas

Este Celta ya suma algunas eliminaciones traumáticas. Con dolor, el celtismo se consolaba (y la caseta también), extrayendo lecciones de las que aprender para el futuro. Y es ahora, en esta Europa League frenética, cuando se están recogiendo los frutos. Las eliminatorias son largas, eternas, y en ellas cada detalle cuenta. Como ese gol milagroso de Beauvue que le daba la iniciativa al Celta. Y como ese gol en campo contrario que da la vida, y que es más fácil de conseguir cuando el rival ve caer los minutos y no consigue su objetivo. En busca de ese gol, Berizzo apostó por la variante ofensiva. Y, tras conseguirlo, no dio un paso atrás. Mantuvo su potencia de fuego sobre el campo en busca de la sentencia a la contra. Sí, a la contra, con Aspas percutiendo como una bala asistido por Guidetti.

Es ahora, en esta Europa League frenética, cuando se están recogiendo los frutos de derrotas anteriores

Tal vez la victoria en Krasnodar sea fruto de derrotas anteriores. Son cicatrices que el Celta muestra con orgullo en busca de seguir creciendo, de traspasar esa última frontera. Lo cierto es que este equipo, más allá de la dolorosa pérdida de unidades importantes, es un grupo de lo más competitivo. Y esto se ha conseguido en tiempo récord, cuando más está apretando el exigente calendario.

El Genk, la última frontera

Como es lógico, buena parte del desarrollo de una competición tiene que ver con los sorteos de las eliminatorias. Hay quien los ve con recelo y desconfianza, temeroso de que se puedan orquestar de alguna manera para beneficio del organizador o de algún interés particular. Otros se limitan a esperar evitar el coco de turno, o incluso desean emparejarse con él para darle mayor dimensión a la posible gesta.

Puede que el Celta se haya librado de los cocos del sorteo de cuartos, pero sería un error enorme colgarle el cartel de favorito

Tras la eliminación copera ante el Alavés, parte del celtismo esperaba rivales de enjundia en Europa para evitar la relajación. Para evitar ese hipotético papel de favorito que tan mal le sienta al conjunto vigués. Las experiencias ante el Shakhtar (duro) y ante el Krasnodar (duro pero más desconocido) hacen mirar estos cuartos de final con algo más de confianza. El sorteo ha emparejado al Celta con el Genk, un rival rodeado de incógnitas más allá de la presencia de Naranjo (que no puede jugar la Europa League) pero que, no nos engañemos: sobrevivió a una fase de grupos con Athletic, Sassuolo y Rapid, para eliminar después al Astra y al Gante, que se había deshecho del Tottenham. Sí, puede que el Celta se haya librado de los cocos del sorteo de cuartos, pero sería un error enorme colgarle el cartel de favorito en una eliminatoria que puede llevarlo donde nunca ha llegado antes.

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