“Cómete el bambú, cómete el bambú”.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Ya no queda prácticamente nadie que no conozca el nombre alternativo del Celta B: Panda Team. Un mote que –como casi todos- se instauró a partir de la repetición de una coña, en este caso con el tema de rap Panda, de Desiingner. Y sí, estos chavales tienen mucho flow y clavan las jugadas como el mejor m.c. clava las rimas. Y sí, en ese vestuario el hip-hop tiene un lugar preferencial. Y también sí, puede que ni ellos mismos lo sepan, pero en muchas ocasiones juegan al ritmo del punk más agresivo: juegan a toda hostia.

“Te llaman oso panda, te llaman oso panda. Cómete el bambú, cómete el bambú”. Lendakaris muertos no lo sabían, pero el oso panda del que hablaban era el Panda Team. Los chicos de Menéndez se comen el bambú cada semana con un fútbol vertiginoso, dinámico, que desarbola hasta la defensa más ruda de la ruda Segunda B. El último ejemplo, una Ponferradina que arrancaba la temporada como gran favorita para ser campeona y que fue un muñeco de trapo en manos de un Celta B que barrió al equipo berciano. Horas después, su presencia en la fase de ascenso a Segunda se volvió segura con el pinchazo del Valladolid B en Burgos.

Les mola el rap, pero juegan al ritmo del punk más agresivo: juegan a toda hostia

Al Panda Team no le llaman así por las “ojeras farloperas”. Ni mucho menos. Estos chicos descansan bien, comen bien, entrenan bien y juegan mejor. Y sobre todo disfrutan juntos. Eso se palpa cada domingo, cuando sueltan su tralla sobre los céspedes -naturales o sintéticos, da igual- de todo el grupo 1 de la Segunda B. Todos los futbolistas del Celta B destilan dinamismo. Jugando, corriendo, pensando. A ritmo de punk: toco y me voy, toco y me voy, tas, tas, tas. Kevin y Samu, locomotoras por las bandas –con una internada por la izquierda provocó Samu el penalti del primer gol ante la Ponfe-. Intensidad máxima en el centro de la defensa con Roger Riera y Diego Alende y rugidos felinos justo detrás de ellos, con Iván Villar y Néstor. Juan Mera, Juan Hernández, Hicham… sueltan y van, sueltan y vienen. Siempre a un ritmo fulgurante, muy complicado de aguantar para cualquier Segunda B. Incluso Borja Fernández, llamado a dar equilibrio, tiene un recorrido que le permite pisar área varias veces por partido.

Es un despliegue que hasta los chicos de la pausa entienden. Brais ha unido a su rebosante calidad un dinamismo que le permite asociarse con todos en todas partes. Indetectable. Aparece por cualquier zona del campo, duerme la pelota, acelera con balones en profundidad, tira una pared, la esconde… Un verso libre que nunca pierde el ritmo. Y Gus Ledes, el guante. En su bota izquierda tiene el interruptor para la estampida o la batuta para la orquesta. Punk sinfónico.

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¡Ay mi madre, el Bicho!

Alejandro Menéndez ha moldeado un equipo de autor. Un equipo que se maneja con soltura en todas las facetas. Un equipo maduro. Contra la Ponfe acaparó la pelota primero para machacar a la contra después. Oficio y saber estar. No, no parece un filial. Desde que el asturiano se hizo cargo del equipo, el crecimiento ha sido constante y lo mejor de todo es que no ha terminado todavía.

Y como toda buena banda, el Panda Team tiene un gran frontman. Borja Iglesias es la punta de lanza, el cristalizador de todo el gran trabajo que hacen sus compañeros detrás de él. Concretamente lo ha cristalizado 24 veces. En el momento que piensas que es un tronco, ya te ha matado. Con la movilidad del más incómodo ratón de área, la velocidad de un extremo de los de antes, el entendimiento del juego de un centrocampista y el instinto asesino del mejor killer. Devastador. Parece mentira que alguien tan agradable y educado tenga tanto veneno. El compostelano no hace prisioneros cuando encara la portería y el domingo, dos muescas más en su revólver: un penalti perfectamente ejecutado y una carrera al espacio con impecable definición. De regalo, otra cabalgada con la cabeza levantada para poner en bandeja el gol a Hicham, su socio de fechorías esta temporada. Como el oso panda del vídeo –el de Lendakaris muertos, por supuesto-, destroza todo a su paso.

Pero el concierto no ha acabado para el Celta B. Quedan siete temas y, lo mejor de todo, los bises. El siguiente en León, para asaltar el liderato. Parece difícil que Alejandro Menéndez permita que sea una jam de rap, con sus improvisaciones y batallas de gallos. Más bien preferirá que todo siga siendo coral, mecánico, con mucha caña y a toda hostia para que, al final de la actuación, el Panda Team se coma el bambú. Todo el bambú.

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