Borja Refojos | Tinta Celeste

OPINIÓN | Claudio Beauvue llegó al Celta en enero de 2016 para dar un impulso. Un salto de calidad a un equipo que peleaba por llegar lejos en la Copa del Rey y por meterse en una competición europea diez años después. El club hizo un esfuerzo y cerró un fichaje de una cuantía económica muy importante para lo que venía siendo habitual. Como suele ocurrir con las incorporaciones invernales, el rendimiento no fue inmediato. El guadalupeño necesitó de un periodo de adaptación lógico y a la vez largo para las exigencias de los aficionados más impacientes. Entre alguna crítica llegó al Celta-Betis del 16 de abril y, cuando estaba firmando su mejor partido hasta la fecha, se rompió el tendón de aquiles.

Casi un año ha pasado ya. Si bien la adaptación al equipo y la recuperación fueron procesos lentos, la reintegración al grupo ha sido fulgurante. Beauvue regresó el 26 de febrero en Gijón, diez meses después de la lesión, y desde el primer momento que volvió a la competición, el atacante caribeño aportó. Todo el mundo pensaba en unos meses de aclimatación y progresiva recuperación con minutos sueltos que llevasen a Claudio a la próxima pretemporada como uno más, pero él se ha empeñado en ser importante desde ya y a fe que lo ha conseguido.

El momento de ver a Beauvue como pieza clave está cerca; solo tiene que desplegar sus alas y volar

Los escarceos del regreso dieron paso rápidamente a minutos importantes. En la ida de los octavos de la Europa League, frente al Krasnodar, Berizzo pensó en Beauvue con el partido 1-1 y en una situación delicada de cara a la vuelta. Fuego real. Claudio respondió con su habitual plus de intensidad y con un golazo de cabeza -la especialidad de la casa- que daba ventaja al equipo celeste para la vuelta. Diez días después, Guidetti tenía la mala suerte de lesionarse nada más arrancar O noso derbi. Con más de 80 minutos por delante, el Toto volvió a apostar por el francés por delante de Rossi o Jozabed. Como el dorsal de su camiseta, Beauvue ya era el jugador número 12 y respondió con un partidazo en el que le ganó todas las disputas aéreas a los centrales locales, fue un desahogo para el equipo, ofreció soluciones y, además, sirvió un fantástico centro para que Aspas firmase el gol ganador.

Porque Beauvue es más que lucha y disputas. Mucho más. Tiene intensidad, entiende el juego, tiene calidad y, sobre todo, tiene veneno. Una serie de cualidades que se suman a su imponente superioridad en el juego aéreo, muy agradecida para un Celta que encuentra variantes en su juego ofensivo cuando el ‘chico de la sonrisa’ –así lo bautizaron el Doctor Cota y Hugo Mallo- está sobre el verde.

Con Guidetti lesionado, Rossi con un rendimiento por debajo del esperado y el atracón de partidos que asoman en abril, es el momento de Claudio. Vino para ocupar el extremo diestro y es hora de que lo haga, para que Aspas vuelva al centro, donde mejora exponencialmente no solo él, sino todo el juego del equipo.  Tres partidos esperan esta semana y a buen seguro que en alguno de ellos, el de Guadalupe tendrá su primera titularidad tras la lesión. El reto de la séptima plaza está ahí, el reto de hacer historia en Europa está ahí y el reto de que Air Beauvue sea una pieza clave en este equipo empieza a verse cerca. Solo tiene que desplegar las alas y volar. Para eso vino.

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