Hay sentimientos tan profundos que pueden traspasar la memoria de un ser humano. Las experiencias acumuladas durante toda una vida pueden calar más o menos hondo según la sensibilidad de la persona que las protagonice. En el caso de Germán Waidele Figueirido ni siquiera el mal de Alzheimer que padeció en sus últimos días le privó de acordarse de su Celta. El Celta del gran Mekerle.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Ourensano de nacimiento, Germán Waidele llegó al Celta en 1948, justo después del histórico subcampeonato de copa logrado con Ricardo Zamora como técnico. Las bajas de Miguel Muñoz y Pahiño fueron cubiertas con los fichajes de un buen número de jóvenes, entre los que se encontraban Lolín, Atienza, Sobrado o el mismo Mekerle, apodado así desde su más tierna infancia. Hijo de padre alemán y madre gallega, sus constantes travesuras iban a tener continuidad en la ‘delantera eléctrica’ de la temporada 1949/50, en la que compartió protagonismo con los Atienza, Hermidita, Sobrado y Vázquez.

Antes, en la temporada de su debut, apenas participó en dos encuentros de liga y otros dos de copa. Pero con la llegada de Luis Casas Pasarín al banquillo céltico en 1949 todo cambió para los jóvenes fichados en el verano anterior. Mekerle, que cumplía por entonces 22 años, aportó ocho tantos a una delantera histórica que encabezaba el gran Hermidita, autor de 21 goles en aquel curso. Cuando el 26 de febrero de 1950 el Celta goleaba 5-2 al Real Madrid en Balaídos los de celeste se confirmaban como líderes y grandes candidatos al título de liga con tan solo cuatro jornadas por delante. Desgraciadamente el equipo no pudo soportar la presión y cedió cuatro derrotas consecutivas para finalizar en una séptima posición que supo a muy poco.

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Mekerle jugó en el Celta entre 1948 y 1954 (Foto: todocoleccion.net)

Suceso antes de brillar

De aquella campaña se recuerda una victoria por 6-4 ante el Barcelona en la que un choque de Mekerle con el guardameta visitante Velasco acabó con el arquero murciano en el hospital, con un desgarro en un párpado y una conmoción cerebral que precisaron un mes de ingreso. Por suerte, ni su vida ni su carrera deportiva se vieron alteradas por aquel suceso. Mekerle, a pesar del incidente, completó un gran encuentro y marcó un gol.

Durante muchos años Germán Waidele regresó por vacaciones con su familia a su casa de Castrelos y también a Balaídos, el campo de sus amores

La campaña 1950/51, sin alcanzar la brillantez en cuanto a resultados de la anterior, sí resultó la mejor de Mekerle en el apartado individual. El ariete ourensano, con más de 2.200 minutos de juego entre liga y copa, logró 11 goles que incluyeron tres dobletes ante Alcoyano, Real Sociedad y Málaga. El Celta se mantuvo en la zona templada de la tabla y acabó octavo.

Doblete contra Las Palmas

Recién iniciada la temporada 1951/52 la Unión Deportiva Las Palmas visitaba Balaídos. El equipo canario, fundado apenas dos años antes, había alcanzado la máxima categoría gracias a dos ascensos consecutivos. En la primera jornada de liga debutó en la isla ante el Real Madrid con una derrota por 1-4 antes de afrontar su primera salida, que fue precisamente a Vigo. El Celta, dirigido todavía por Luis Casas Pasarín, venía de caer por 3-1 en su estreno en Nervión ante el Sevilla.

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Mekerle, segundo por la izquierda en la fila inferior, en una alineación del Celta que se enfrentó al Athletic en enero de 1952 (Foto: halacelta.com)

El técnico pontevedrés dispuso una línea de tres integrada por los míticos Julio Otero, Lolín y Gaitos como protectores de la portería defendida por Simón. Como mediocentros se ubicaban dos hombres con características marcadamente obreras como Sansón y Pepe Villar. Germán Waidele se situba como referencia clara arriba, con Saras, Olmedo, Hermidita y Santiago Vázquez como complementos de vanguardia.

Contra todo pronóstico el equipo amarillo salió al campo dispuesto a comerse al Celta. A los ocho minutos de juego Joaquín Peña ya había batido por dos veces a Francisco Simón y colocaba un inquietante 0-2 en el marcador. Quizá la clave del partido hay que localizarla en la rápida reacción de los de celeste, que en el minuto 14 acortaban distancias por mediación de Hermidita, al transformar una pena máxima. Llegaron entonces los mejores momentos del partido con alternativas en ambas áreas hasta que al filo de la media hora Mekerle remataba a las redes un servicio de Pablo Olmedo. Poco antes del descanso Santiago Vázquez culminaba la remontada y establecía el 3-2 con el que finalizaba la primera mitad.

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Mekerle se retira lesionado en un partido que el Celta disputó en el estadio Metropolitano en 1952 (Foto: yojugueenelcelta.com)

A la vuelta de vestuarios el encuentro comenzó a decantarse claramente hacia el bando local. A los 20 minutos de juego Mekerle convertía su segunda diana al batir de disparo cruzado al guardameta canario Juan González. Aquí pareció terminar la resistencia amarilla y el Celta redondeó la goleada hasta el 5-2 final gracias al tanto de Francisco Saras, asistido también por Olmedo.

La victoria no supuso impulso alguno para los de Vigo, que enlazaron una serie de malos resultados que desembocó en la destitución de Pasarín tras una derrota por 3-0 en Riazor. La llegada de Ozores y Yayo sirvió como revulsivo y el club olívico finalizó la temporada sin sobresaltos. Menos suerte tuvo el equipo amarillo, incapaz de abandonar la zona de descenso desde la séptima jornada de liga. El conjunto insular regresó aquel año a la División de Plata, de la que retornaría con mejores hechuras un par de años más tarde.

Últimos años en Vigo

Mekerle jugó con regularidad durante aquella campaña y sumó siete goles a los 38 que totalizaron Atienza y Hermidita, los dos máximos anotadores durante aquel ejercicio. No correría la misma suerte en el curso 1952/53, en el que no alcanzó los 1.000 minutos de juego por problemas extradeportivos. Un desplante suyo al técnico Odilo Bravo, a quien amenazó con no salir al terreno de juego si no lo situaba como delantero centro, provocó una multa por parte de la junta directiva y la solicitud de inhabilitación del futbolista. El sincero arrepentimiento del ourensano, días más tarde, permitió su reincorporación al grupo aunque su estado de forma no era el idóneo y no pudo marcar ni un solo tanto en aquella gris temporada, en la que el club olívico se salvó del descenso gracias a la renuncia del España Industrial.

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Mekerle, tercero en la fila inferior, jugó durante cuatro temporadas en el Hércules (Foto: equiposdefutbol2.blogspot.com)

La campaña 1953/54 cerraba el círculo para Mekerle en el Celta. Sus días con la casaca celeste iban a terminar como empezaron, con Ricardo Zamora en el banquillo. Con 26 años su aportación fue modesta y tan solo pudo convertir dos dianas en todo el ejercicio. Finalizada su etapa en Vigo, Mekerle partió rumbo a Alicante, donde jugó durante cuatro temporadas a buen nivel con el Hércules. Mallorca, Cádiz y Orihuela fueron las últimas paradas en su carrera vestido de corto antes de instalarse en Alicante como celador, profesión que ejerció hasta su jubilación.

Un recuerdo celeste

Durante muchos años Germán Waidele regresó por vacaciones con su familia a su casa de Castrelos y también a Balaídos, el campo de sus amores. Hasta su fallecimiento en octubre de 2012 siempre lució en el pecho un pin con el escudo del Celta. Incapaz incluso de reconocer a sus familiares más próximos a causa de la enfermedad de Alzheimer, un sello de claro color azul cielo grabado a fuego en su mente le acompañó hasta que su corazón dejó de latir.

Sus constantes travesuras iban a tener continuidad en la ‘delantera eléctrica’ de la temporada 1949/50

No resulta fácil encontrar en la actualidad futbolistas con un sentimiento por un club tan arraigado como el que demostró Germán Waidele por el Celta. A sus indudables méritos deportivos hay que sumar un compromiso y una lealtad que se mantuvieron durante muchas décadas después de que dejase el club. Allá donde se encuentre, el gran Mekerle merece todo el reconocimiento por parte del celtismo.

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