Repasar los primeros años de la década de los 80 puede provocar sentimientos encontrados. La máxima expresión de la etapa ‘en el ascensor’ se vivió en aquellos años locos, en los que el equipo se movió entre Segunda B y Primera sin un solo momento para la estabilidad. Testigo de lujo fue Andrés Fernández Ramón, futbolista que militó durante tres temporadas en el Celta, cada una de ellas —que ya es difícil— en una categoría diferente.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

La localidad onubense de Punta Umbría vio nacer a Andrés Fernández en 1959. Centrocampista zurdo y con calidad, su creatividad le convertía en apto para jugar en zona de tres cuartos, ya fuese por detrás de los puntas o como interior izquierdo. En el Recreativo de Huelva dejó boquiabiertos a propios y extraños cuando, con apenas 17 años, superó la cifra de 2.600 minutos jugados en la División de Plata durante el curso 1976/77. Los cinco tantos anotados también dejaban entrever que sus virtudes iban más allá de figurar como un simple asistente de los hombres de área.

La exhibición en el Recre quizá no resultó beneficiosa a corto plazo para el andaluz, ya que se formalizó su traspaso al Sporting de Gijón cuando apenas acababa de cumplir 18 años. Demasiado pronto para llegar a un equipo que contaba con futbolistas como Ciriaco, Valdés, Ferrero, Joaquín o Quini. Así las cosas, Andrés Fernández se pasó tres temporadas casi en blanco, lo que no le impidió vivir de cerca la experiencia de pelear de tú a tú con los grandes y quedarse a las puertas de conseguir un título de liga.

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Andrés, al lado del guardameta Capó, el 5 de mayo de 1981, día del ascenso a la División de Plata (Foto: alineacionesinternacional.blogspot.com)

Reactivación en Vigo

En 1980, con vistas a que pudiese disfrutar de minutos, el Sporting lo cedió al Celta, recién descendido a la Segunda División B. Había llegado el momento de que Andrés cumpliese con el trámite del Servicio Militar en la localidad pontevedresa de Figueirido, lo que se aprovechó para que pudiese recuperar sensaciones futbolísticas en una categoría inferior. La operación resultó todo un éxito y el andaluz anotó 14 goles a lo largo de 35 encuentros. Su concurso resultó deteminante para que el Celta se pasease por la categoría de bronce y consumase un inapelable ascenso.

Finalizada la cesión Andrés regresó a Gijón, donde por fin pudo jugar con regularidad a lo largo del curso 1981/82. Claro que el Sporting ya no contaba con Quini, que por entonces vestía de azulgrana, y el equipo pasó a moverse en la zona baja de la tabla. Con todo, el partido más importante que el de Punta Umbría jugó en su carrera tuvo lugar el 13 de abril de 1982, día en que el Sporting disputó la final de la Copa del Rey en Valladolid ante el Real Madrid de los Stielike, Camacho, Del Bosque, Juanito, Santillana o Cunningham. El equipo asturiano cayó por 2-1 y Andrés Fernández formó en el once inicial a las órdenes de José Manuel Díaz Novoa.

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Andrés Fernández, tercero en la fila inferior (Foto: equiposdefutbol2.blogspot.com)

Con tan solo 23 años y todo el tiempo del mundo por delante, Andrés Fernández fue traspasado al Celta en un lote que incluía al extremo derecho Pedro González. El montante de la operación ascendía a 30 millones de pesetas, que el club olívico pagó no sin ciertas dificultades. El todavía joven centrocampista se convirtió en titular indiscutible en la máxima categoría para Milorad Pavić y compartió línea con los Del Cura, Nene Suárez, Mori o Mercader.

Incendio en el Luis Casanova

El 19 de diciembre de 1982 los de Vigo visitaban el estadio Luis Casanova, en un partido en el que las urgencias estaban a la orden del día. El Celta, situado en la parte baja de la tabla, venía de sumar cuatro de los últimos seis puntos que había disputado a domicilio. La victoria lograda en el Benito Villamarín tuvo continuidad con dos buenos empates en el Camp Nou y en Las Palmas. Mientras, el Valencia de Miljan Miljanić, penúltimo con un punto menos que los de Vigo, se encontraba en una situación muy poco habitual para ellos y para su exigente afición.

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El de Punta Umbría jugó en Primera con el Cádiz a finales de la década de los 80 (Foto: cihefe.es)

El choque pronto se puso de cara para los visitantes. Una galopada de Pedro —el extremo procedente del Sporting— finalizó con un centro que llegó a Andrés Fernández quien, tras recortar, batió al guardameta Bermell. A partir de ahí el Valencia, como cabía esperar, embotelló a un Celta que se defendió de los precipitados ataques locales como gato panza arriba. Javier Maté fue la figura del partido y conjuró con éxito todas las llegadas de un equipo che que tuvo en Felman y Mario Alberto Kempes a sus dos hombres más activos.

Cabe destacar en su currículum la peculiaridad de haber vestido la camiseta azul cielo en tres categorías diferentes

La ansiedad se apoderaba conforme pasaban los minutos de los jugadores valencianistas y también de su hinchada, desesperada al comprobar la impotencia de su equipo para derrotar a un rival supuestamente inferior. De hecho el Celta, con cuatro o cinco peligrosas salidas a la contra, pudo conseguir una renta mayor. A pocos minutos del final una escapada de Andrés Fernández provocó la desesperada salida de Bermell, quien trabó al volante andaluz al borde del área. El árbitro señaló la falta, que nunca se llegaría a lanzar ante el masivo lanzamiento de almohadillas al terreno de juego que obligó al colegiado Martín Navarrete a poner el punto final al partido.

Importante en Primera y en Segunda

El 0-1 final aliviaba la situación del club olívico y dejaba al Valencia como colista por primera vez en toda su historia. Los de Vigo aprovecharon el final de la primera vuelta y el inicio de la segunda para enlazar otras dos victorias consecutivas, ante Valladolid y Sevilla en Balaídos, que les llevaron a tocar una undécima plaza que pronto abandonarían. Desde entonces, por desgracia, tan solo se pudieron lograr tres triunfos más y la caída a Segunda se confirmó en una última jornada en la que se perdió en Valladolid. El Valencia, gracias a un dramático triunfo por 1-0 ante el Real Madrid, evitó el que pudo haber sido su primer descenso de categoría, hito que finalmente aconteció en 1986.

Andrés Fernández, en el apartado individual, cuajó una gran temporada en la que anotó seis goles en liga y uno más en la Copa de la Liga. Su participación alcanzó la cifra de 3.200 minutos y se reveló como un auténtico baluarte en un conjunto al que le faltó muy poco para alcanzar la permanencia.

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Andrés, en el banquillo del TSK Roces, en una imagen reciente (Foto: tododeporte.elcomercio.es)

La tercera y última temporada en la que el centrocampista andaluz vistió de celeste no se cumplieron los objetivos. Ni Luis Cid Carriega primero ni Félix Carnero a partir de la jornada 28 pudieron situar al equipo en la senda del ascenso. El Celta finalizó en quinta posición en una campaña en la que Andrés Fernández fue el cuarto jugador más utilizado por los técnicos célticos, solo superado por Maté, Gelo y Alvelo. Nuevamente mostró sus habilidades de cara al marco rival, que le sirvieron para anotar siete tantos.

De Cartagena a Gijón

Con 24 años el de Punta Umbría dejó el Celta y fichó por el Cartagena, con el que jugó durante tres temporadas en la División de Plata. Los 11 goles que convirtió en el curso 1986/87 —el de los play-off— constituyeron su mejor marca anotadora a lo largo de un ejercicio a excepción de su gran temporada con el Celta en Segunda B. Después le esperaba un año en Primera con el Cádiz, al lado de futbolistas míticos como Carmelo, Juan José o Mágico González. A partir de aquí llegó su ocaso aunque todavía dejó buenas tardes de fútbol en Sabadell, Hércules y Torrevieja, equipo en el que se retiró en 1993.

Con apenas 17 años, superó la cifra de 2.600 minutos jugados en la División de Plata durante el curso 1976/77

Posteriormente se trasladó de nuevo a Gijón, donde se estableció durante el último cuarto de siglo. Entre las actividades que ha desarrollado desde que abandonó los terrenos de juego figuran su trabajo en una empresa medioambiental y el haber entrenado al juvenil del TSK Roces.

Internacional juvenil y sub-21, Andrés Fernández fue un centrocampista importante en el Celta de principios de los 80. Aunque su corazón siempre fue sportinguista, cabe destacar en su currículum la peculiaridad de haber vestido la camiseta azul cielo en tres categorías diferentes. Y en todas ellas demostró un gran rendimiento a pesar de que los resultados de aquel Celta ascensor no siempre satisfacían al respetable.

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