El Celta acusó la acumulación de partidos y fue superado claramente sobre el césped por un Valencia que recordó poco al equipo desmembrado que se enfrentó a los celestes en enero en Copa del Rey. Pese a todo, el conjunto de Berizzo aguantó hasta prácticamente el último suspiro, cuando una genialidad de Carlos Soler hizo justicia en el electrónico.
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Valencia 3-2 Celta

Valencia: Diego Alves; Cancelo, Garay, Mangala, Siqueira (Toni Lato, min. 65); Enzo Pérez, Parejo, Carlos Soler; Orellana (Medrán, min. 87), Munir y Zaza (Santi Mina, min. 71).
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Radoja, Pablo Hernández, Wass (Rossi, min. 74); Bongonda (Jozabed, min. 66), Beauvue (Hjulsager, min. 74) y Aspas.
Árbitro: Fernández Borbalán (C.T. Andaluz). Amonestó con tarjeta amarilla al jugador local Orellana y al visitante Bongonda.
Goles: 0-1, Cabral (min. 16). 1-1, Parejo (min. 38). 2-1, Munir (min. 67). 2-2, Aspas, de penalti (min. 80). 3-2, Carlos Soler (min. 86).
Estadio de Mestalla. 29.212 espectadores.

El Celta aterrizó en esta semana con tres partidos en el horizonte y con la tremenda resaca de tres meses exhaustivos, con enfrentamientos cruciales prácticamente todas las semanas desde enero. Además, llegó con necesidades: concretamente las de sumar el máximo de puntos posibles en esa persecución constante por alcanzar los puestos de acceso a Europa vía liga.

De todos modos, el equipo venía después de jugar el lunes frente a Las Palmas y con una perspectiva potente en el horizonte, con partidos frente a Eibar y Genk en los próximos siete días. El cansancio, como a lo largo de todo este 2017, iba a ser un factor fundamental para el desarrollo del encuentro, una de esas variables extrafutbolísticas -o no tanto- que al final marcan siempre los caminos del fútbol.

El Valencia saltó al verde consciente de esta circunstancia y apretó al máximo durante los primeros quince minutos en busca del primer gol. Sin embargo, este no llegó. Llegó, de hecho, el primero del Celta, que se adelantó por sorpresa a balón parado, tras un centro de Wass y un remate de Cabral ante una salida en falso de Diego Alves, reivindicando la solidez del equipo en jugadas de estrategia en los últimos tiempos.

A partir de ahí, sin embargo, el Celta no fue capaz de cambiar las tornas del dominio sobre el campo, y el equipo ché mantuvo su superioridad en la medular gracias al extraordinario trabajo de Dani Parejo, inmerso en uno de esos eternos y circulares procesos de resurrección. Arriba, Simone Zaza y Carlos Soler suponían una amenaza constante para la zaga viguesa mientras Fabián Orellana pasaba absolutamente desapercibido en su reencuentro con su exequipo.

El empate valencianista llegó en velocidad, tras un taconazo de Zaza, un centro raso y potente de Joao Cancelo y un remate seco de Parejo libre de marca en la frontal del área pequeña. Y tras la reanudación, más de lo mismo: superioridad local y el Celta demostrando cansancio y acumulación de partidos, además de esa ligera desactivación motivacional que el equipo sufre en ciertos enfrentamientos en los que no se juega la vida, acostumbrado a que ésta sea puesta en entredicho cada dos por tres.

Así, casi por inercia, acabó dándole la vuelta el equipo de Voro al marcador. De nuevo corriendo, esta vez por la izquierda con una incorporación fulgurante de Toni Lato para el posterior remate de Munir, otra vez libre de marca y otra vez en la frontal de la pequeña, sacando los colores a la pareja argentina del Celta. Con el equipo seco y hundido, apareció Iago Aspas, como siempre: recibió en la banda derecha, recortó hacia dentro y Carlos Soler pecó de inexperiencia derribándolo dentro del área. Penalti y gol, pese a Diego Alves, y van 16 en liga del moañés.

Las cosas estaban así, con un empate logrado en base a pegada en lugar de inspiración a falta de cinco minutos para el pitido final. Pero la inspiración acabó llamando a la puerta, esta vez de la mano de un Carlos Soler que, tras una larga y vigorosa conducción de Enzo Pérez por el carril central, recibió y la picó por encima de Sergio en una vaselina prodigiosa, de aquellas que tan bien le salen a Iago y a los cracks en etapa de madurez deportiva. Hacer algo más después de ese gol habría sido hasta feo.

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