Cuando durante todo un curso se trabaja duro para lograr un objetivo, alcanzar la meta deseada supone toda una liberación. Entonces llega el momento de la celebración, de la fiesta. Los nervios se aflojan para que cuerpo y mente puedan disfrutar y dejar atrás la tensión vivida durante varias semanas o meses. Pero ¿qué pasa si unas horas después llega alguien y dice que el objetivo todavía no se ha logrado? Que se lo pregunten a cualquiera que se haya presentado a las pruebas de acceso a la Universidad que se celebraron en Galicia en 1992. Y también al Celta, cuyo doble ascenso vivido en 2005 jamás se podrá olvidar.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

El 17 de junio de 1992 el Deportivo de La Coruña jugaba en el estadio Benito Villamarín el partido de vuelta de la promoción de descenso a Segunda División. El gol logrado por Ilian Kiriakov en Riazor había otorgado una ventaja mínima a los herculinos sobre un Betis que intentaba, sin éxito, voltear la eliminatoria. En el descanso de aquel partido una noticia sacudía los informativos en las radios y televisiones gallegas. Existían varias denuncias de filtraciones en los exámenes de selectividad, que pocas horas antes habían finalizado. Las pruebas aportadas por los denunciantes resultaban contundentes y no había vuelta de hoja. Para garantizar la equidad y la limpieza del proceso no quedaba otra que repetir las pruebas al completo.

La mayor parte de los 10.760 estudiantes gallegos que se habían presentado a las pruebas se encontraba en aquellos momentos festejando el fin de curso y la llegada del período estival. Por entonces, sin internet ni teléfonos móviles, es muy probable que una gran mayoría de los mismos no se enterase de la noticia hasta el día siguiente. Pero fuese en el momento que fuese, el jarro de agua fría fue considerable. Se fijaba las fechas del 30 de junio y del 1 de julio para realizar de manera íntegra una nueva batería de exámenes por lo que tocaba aplazar las tan deseadas vacaciones.

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Las filtraciones en los exámenes de selectividad de 1992 obligaron a repetir varias pruebas (Foto: alertadigital.com)

Primer ascenso

Habían pasado casi trece años de aquel episodio y el Celta de Fernando Vázquez viajaba a Xerez con la posibilidad de lograr de manera matemática el ascenso a Primera. El equipo había sufrido de lo lindo en una primera vuelta en la que encadenó siete partidos sin ganar. Pero a partir de la jornada 17 alcanzó una velocidad de crucero que resultó imposible de seguir para todos sus rivales. Con todo, la fatiga comenzaba a hacer su aparición en las últimas jornadas y los de celeste encadenaron tres derrotas que evitaban un final de temporada plácido. Por fin, el 5 de junio de 2005 los de Vázquez ganaban por 1-3 en Chapín y certificaban el salto de categoría. Un ascenso tremendamente trabajado y sufrido que merecía los correspondientes festejos.

La incredulidad vivida a lo largo de la semana se transformó por momentos en pánico

En plena resaca de los mismos saltaba la noticia. El ascenso del Celta quedaba ‘paralizado’ tras las denuncias de Cádiz, Recreativo de Huelva y Alavés, que alegaban alineación indebida de Toni Moral por parte del club olívico en Chapín. Efectivamente, la normativa vigente indicaba que un futbolista con más de 23 años que perteneciese al filial solamente podría jugar con el primer equipo durante las últimas cuatro jornadas del campeonato en tres supuestos y ninguno de ellos lo cumplía el futbolista catalán, que había empezado a contar para Fernando Vázquez demasiado tarde. Como en 1992, no quedaba otra que ‘repetir la selectividad’.

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La alineación indebida de Toni Moral en Xerez fue aprovechada por Recreativo, Cádiz y Alavés para impugnar (Foto: alchetron.com)

Por fin, el viernes 10 de junio el Comité de Competición decidía dar al Celta el partido por perdido, con lo que el ascenso debía esperar. Los de celeste mantenían el liderato empatados a puntos con el Alavés, quedando el Cádiz a tres puntos. Recreativo y Eibar, cuarto y quinto respectivamente, se situaban a cuatro unidades de los de Vigo. Tocaba entonces recibir al Eibar en Balaídos, en un encuentro que en apenas unas horas pasó de mero trámite a choque dramático. Obviamente, la mentalización con la que llegaban los de Fernando Vázquez al encuentro no era la mejor. La semana, atípica donde las hubiera, incluyó celebraciones, incredulidad y finalmente un sopapo de dimensiones gigantescas.

Ansiedad  

El domingo 12 de junio el Eibar de Mendilíbar se presentaba en Balaídos dispuesto a exprimir sus opciones de ascenso. Fernando Vázquez, ante la imposibilidad de alinear a Toni Moral, introdujo a Manolo Sánchez en su lugar mientras que la baja de Perera —expulsado en Xerez— era cubierta con el ingreso de Zisis Vryzas. Pero ni las piernas ni la cabeza respondían a los futbolistas que vestían de celeste, que como resultado del agarrotamiento mostraban demasiadas imprecisiones. Los visitantes, mejor plantados en el campo, pronto iban a encontrar recompensa. Todavía no se había cumplido la media hora de juego cuando una gran jugada de Kike Mateo terminó con un centro que Joseba Llorente aprovechaba para batir a Pinto. Balaídos se quedaba helado pero Fernando Vázquez reaccionó muy rápido. A los 37 minutos de juego introdujo dos modificaciones, dando entrada a Juan Sánchez y al canterano Isaac en lugar de Manolo y Jonathan Aspas. El 4-1-4-1 se transformaba en 4-4-2 y los de Vigo muy bien pudieron empatar antes del intermedio, con tres buenas llegadas que no se plasmaron en el electrónico.

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Alineación Celta-Eibar (12/06/2005)

En la segunda mitad el Eibar controló el partido ante un Celta que se mostró impotente. A los 71 minutos de juego Alberto Suárez asestaba una nueva cuchillada en los corazones celestes que aquella tarde se habían citado en Balaídos y situaba un 0-2 en el marcador que parecía definitivo. Los de Vázquez, más por orgullo que por fútbol, consiguieron recortar distancias en el minuto 78 por mediación de Juan Sánchez. Pero el orden armero terminó por imponerse y las postreras acometidas célticas no encontraron premio. Por si esto fuera poco, Fabián Canobbio era expulsado en los instantes finales y se autoexcluía de cara a la última jornada de liga en Lleida.

Selectividad aprobada

El Celta, ante las victorias de Alavés y Cádiz, descendía hasta la tercera plaza, con tan solo un punto más que el Eibar. Finalmente iba a ser necesario ganar en Lleida para no depender de terceros. La incredulidad vivida a lo largo de la semana se transformó por momentos en pánico. Afortunadamente, una semana más tarde el equipo se mostró totalmente centrado y consiguió esa victoria que le permitió celebrar por segunda vez el ascenso. Esta vez no hubo impugnaciones y el club olívico acompañó con toda justicia a Alavés y Cádiz a la máxima categoría, dejando al Eibar con la miel en los labios. Con todo, no cabe duda de que si no se llega a lograr ese último triunfo podría haber rodado más de una cabeza en Casa Celta.

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José Luis Mendilíbar dirigía al Eibar en 2005 (Foto: sport.es)

Como seguramente debió rodar también alguna en junio de 1992. Finalmente tan solo fue necesario repetir tres exámenes de selectividad, los que correspondían a Filosofía, Inglés y al comentario de texto. El 29 de junio de aquel año los estudiantes celebraron por todo lo alto y por segunda vez la llegada de las vacaciones y del largo y olímpico verano que se presentaba. Fue una experiencia tan poco recomendable como inolvidable. El Celta que logró un doble ascenso en 2005 puede dar fe.

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