El Celta, con la mente y los efectivos puestos en la histórica cita del jueves, sucumbió en la del domingo ante el Eibar, en el partido que pasaba por ser la última oportunidad –o no- de engancharse a la pelea por Europa vía Liga. Una mala primera hora condenó a los de celeste a caer 0-2 ante un equipo armero sin alardes pero efectivo. La reacción del último tercio, comandada por el Irreductible de Moaña no encontró premio por culpa de los palos y la falta de efectividad. Pasado el mal trago, el deseado partido del Genk ya está ahí.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Celta 0-2 Eibar

Celta: Sergio; Roncaglia, Sergi Gómez, Fontàs, Planas; Pablo Hernández (Radoja, min. 56), Pape, Jozabed; Señé (Iago Aspas, min. 67), Pione Sisto y Rossi (Beauvue, min. 35).
Eibar: Yoel; Capa, Ramis, Gálvez, Antonio Luna; Pedro León (Rubén Peña, min. 71), Rivera, Dani García, Bebé (Adrián, min. 75); Sergi Enrich y Kike García (David Juncá, min. 85).
Árbitro: Munuera Montero (Comité andaluz). Amonestó con tarjeta amarilla al jugador local Jozabed y a los visitantes Sergi Enrich, Capa y Ramis.
Goles: 0-1 Kike García (min. 13). 0-2 Pedro León (min. 51).
Balaídos. 15.741 espectadores.

Las mañanas de lunes son matadoras. Lo son cuando suena el despertador, lo son mientras te lavas la cara, lo son mientras desayunas y lo son todavía más cuando empiezas a currar o entras en clase. No hay ganas. Al igual que ese estudiante que se pasó el fin de semana de fiesta, el Celta afrontó el partido frente al Eibar como si de la primera hora de clase de lunes se tratara: pensando en que se pase la semana lo más rápido posible y vuelva a ser viernes. O jueves, mejor dicho. Como todo universitario que se precie, la noche del jueves encierra la mejor fiesta para los celestes.

Y en esa tesitura, la primera hora de clase transcurrió y las lecciones cayeron en saco roto. La primera muy prontito, con una jugada más antigua que el fútbol, en un balón largo que peinó un nueve para otro. Enrich para Kike García y gol. Los dos centrales –Sergi Gómez y Fontàs- sobre el balear, mientras el lateral izquierdo –Planas- no cerraba. Caraja catalana.

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Jozabed aguantó el tipo en clase.

Ni siquiera la llamada de atención del profesor espabiló al alumno. “Perdón, perdón”, se limitó a mascullar mientras intentaba atender a lo que sucedía. Nada. No había manera. Los ataques del Celta eran balas de fogueo que se perdían en la telaraña armera. Con Señé incapaz de aportar, Pablo Hernández en baja forma, Sisto aislado y Rossi acorralado, solo Pape y Jozabed tiraron del carro. El joven canterano fue un ejemplo de buen estudiante: centrado, fresco y atento a lo que sucedía. Sin dejar para mañana lo que podía hacer en el hoy. Progresando adecuadamente. El sevillano, por su parte, empeñado en demostrar que merece un esfuerzo del Celta para quedarse en Vigo muchos años.

El partido estaba donde quería el Eibar. Sin que pasase absolutamente nada. Y cuando pasó algo, fue turbio. Nefasto. Rossi pidió el cambio tras un mal apoyo. Su cara, mezcla de resignación y de saber que algo malo le había vuelto a suceder en la rodilla, no hacía presagiar nada bueno. Las declaraciones del Dr. Cota, asegurando que parece que tiene “algo grave”, tampoco, como confirmó la rotura del cruzado de la mañana siguiente. Terrible destino el de un chico al que las lesiones se empeñaron en boicotear su desbordante talento.

Volverá a ser jueves y habrá una fiesta; pero no una cualquiera, una fiesta Erasmus

Con Beauvue en el campo la cosa no cambió demasiado. El desarrollo del encuentro seguía siendo anodino, vulgar, sin nada que destacar. Como un lunes por la mañana. Hasta que de repente, otra colleja. Ya en la segunda parte, Pedro León puso el interior del pie en la frontal para clavarlo en el fondo de la red. Como un putt de Sergio García. Inapelable. Este segundo toque de atención sí tuvo una reacción palpable: a los pocos minutos, Jozabed estampó contra el palo un misil desde la frontal.

Cafeína Aspas

La resonancia de la madera fue como el café de media mañana, que Berizzo transformó en doble con la entrada de Radoja y Iago Aspas. La primera hora había acabado. El partido cambió de repente y casi sin querer el Celta comenzó a dominar con insistencia y peligrosidad. Como la mayoría de los estudiantes, no iba a ser tan irresponsable de estar a pasmar hasta el jueves y de la mano del Irreductible, el conjunto celeste hizo por fin sufrir un poco a la zaga visitante.

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Un café bien cargado, por favor.

De repente todo cobró sentido: Sisto era un puñal, Beauvue un desahogo para los compañeros y Roncaglia un lateral de recorrido. Alrededor de Iago todo funciona mejor, incluido un Jozabed que encontró un socio de fechorías. El atacante morracense se inventó un recorte dentro del área que acabó en una vaselina ligeramente desviada con la derecha. Poco después, más jarabe de palo en una falta directa que escupió el larguero. Roncaglia probó a Yoel justo después de que Beauvue tuviera un mano a mano con el de Coia en los últimos compases para buscar la heroica. No supo concretarlo.

Pero como todos los malos tragos, el partido del Eibar pasó. La primera hora del lunes por la mañana pasó. Y la semana pasará. Y volverá a ser jueves y será entonces cuando este estudiante se pruebe en la asignatura que mejor se le da: la fiesta. Y no una fiesta cualquiera, una fiesta Erasmus.

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