El Celta se reencontró con la victoria en Liga. Lo hizo con futbolistas menos habituales y a costa de un Granada muerto, sin alma y con los brazos bajos que apenas ofreció resistencia a los hombres de Berizzo, muy serios durante todo el duelo. Un duelo que dejó muy buenas noticias: una nueva demostración de fútbol de Jozabed –con golazo incluido-, el palpable crecimiento de Pape y el regreso de un Marcelo Díaz excelso, que coronó con un fabuloso tanto de falta directa poco antes de que Beauvue redondease el resultado.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Granada 0-3 Celta

Granada: Ochoa; Rubén Vezo, Saunier, Ingason, Gastón Silva; Agbo, Wakaso, Krhin (Boga, min. 72); Pereira (Héctor, min. 72), Kravets (Carcela, min. 46)y Ponce.
Celta: Sergio; Lemos, Sergi Gómez, Roncaglia, Planas; Marcelo Díaz, Pape, Jozabed (Señé, min. 80); Hjulsager (Radoja, min. 69), Bongonda y Beauvue (Pione Sisto, min. 83).
Árbitros: Martínez Munuera (Comité murciano). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Ingason, Wakaso, Kravets, Gastón Silva y Ponce y a los visitantes Marcelo Díaz y Lemos.
Goles: 0-1 Jozabed (min. 22). 0-2 Marcelo Díaz (min. 73). 0-3 Beauvue (min. 76).
Los Cármenes. 13.442 espectadores.

Domingo de Resurrección en Granada. Tierra de devoción por la Semana Santa y fe. Fe religiosa, porque de la futbolística poca debe quedar a los pies de la Alhambra. El día señalado y el debut de Tony Adams no tuvieron efecto. No hubo resurrección. No en las filas locales, pero sí en un Celta que volvió a brillar en Liga con la mal llamada unidad B, que se marcó un Walking Dead caminando con éxito entre muertos vivientes.

Y es que los futbolistas menos habituales eran la mejor opción tras el desgaste del jueves y de toda la temporada. Eran el verdadero plan A. Un plan bien concebido y perfectamente ejecutado desde el principio de un encuentro que el Celta dominó de principio a fin y en el que apenas notó los diez jugadores de campo nuevos que relevaron a los del jueves.

El Celta se marcó un Walking Dead caminando con éxito entre muertos vivientes

Los compases de tanteo –una galopada de Ponce sufragada por Planas fue el espejismo local- dieron paso a una clara superioridad céltica, que acaparó el balón con un inspirado centro del campo. Marcelo Díaz cogió el bastón de mando que Soldado le arrebató hace un mes. Un par de pérdidas no le hicieron temblar el pulso y el futbolista chileno, con una personalidad solo comparable a su calidad, fue el primer pase de todos los ataques. Junto a él, un Pape muy móvil e intenso, en pleno crecimiento y un Jozabed que volvió a dejar una exhibición de fútbol combinativo que reforzó abriendo el marcador con una sutil vaselina sobre Ochoa tras un gran pase filtrado de Beauvue.

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Jozabed sigue empeñado en quedarse en propiedad.

Con ventaja en el marcador, el dominio fue todavía mayor. Los futbolistas del Granada corrían como pollos sin cabeza y solo encontraban en la pelota parada la manera de inquietar a Sergio.

Y al trigésimotercer día resucitó

En la segunda parte, el conjunto nazarí le puso algo más de corazón y gozó de un par de llegadas en saques de esquina y de un disparo de Pereira que Sergio pudo blocar.  Pero la más clara fue un trallazo de Agbo que se estrelló contra el larguero. Fue el canto del cisne del Granada. Marcelo Díaz acabó con las escasas esperanzas locales con un fabuloso tiro libre que batió a Ochoa tras describir una espectacular banana. Jesucristo resucitó al tercer día. El Chelo tardó un poco más y tuvo que añadirle un tres más a la cifra. 33 días sin el bicampeón de América. 33 días en los que Roberto Soldado sí pudo jugar.

Marcelo Díaz volvió tras 33 días en los que Soldado sí pudo jugar

Solo tres minutos después, Beauvue mató el partido –porque el Granada ya estaba muerto- al empujar a la red un tiro de Bongonda rechazado por el palo. Quedaba un cuarto de hora y el equipo local solo pensaba ya en el pitido final. Sin fútbol, sin alma, sin identidad. Una suerte de ONU con once extranjeros en el equipo titular de once nacionalidades distintas, unos dueños chinos y un entrenador sin experiencia que asumió el cargo por ser vicepresidente de la empresa propietaria. Fútbol moderno en su máxima expresión que tienen que sufrir los aficionados.

 Viendo el percal, el Celta no hizo más sangre. Berizzo guardó a Jozabed y a Beauvue pensando en el jueves y los celestes se dedicaron a jugar a las cuatro esquinas. Señé intentó reivindicarse con una falta que se estrelló contra la barrera y Ponce echó fuera de manera incomprensible el que habría sido el gol del honor para un Granada que huele a infierno. La escalera al cielo del Celta pasa por Bélgica.

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