Como sucede con casi todas las demarcaciones, la historia deja constancia de un buen número de fenomenales guardametas que defendieron la portería del Celta. Hace casi un siglo, cuando se fundó el club, la responsabilidad recayó sobre Lilo, el primer gran arquero con el que contó el club olívico.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Manuel Rodríguez Pazó, que así se llamaba realmente Lilo, nació en el Vigo de principios del siglo XX. Se puede decir que descubrió su vocación como portero por casualidad, ya que en sus inicios en el Germania actuaba como zaguero. Después jugó, ya como guardameta, en el desaparecido Ciosvín antes de incorporarse al Fortuna, equipo que en 1923 se fusionó con el Vigo Sporting para dar origen al Celta.

Lilo no fue quien se colocó bajo palos en el primer encuentro de la historia del club vigués. Ese honor corresponde a Isidro, quien poco después ficharía por el Deportivo. De hecho en la temporada 1923/24 tan solo hay constancia de que Lilo interviniese en dos partidos, uno de liga y otro de copa. Posteriormente sí se haría con una titularidad mantenida en el tiempo, que le llevó a participar en 66 encuentros repartidos a lo largo de las siguientes tres campañas. El Celta dominó los campeonatos ligueros regionales de aquellos años y conquistó los títulos correspondientes a las ligas de 1924, 1925 y 1926.

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Lilo, junto a sus compañeros en una alineación correspondiente a la temporada 1929/30 (Foto: halacelta.com)

El cancerbero vigués era alto y poseía una muy buena planta. Sus cualidades le convertían en apto para defender la portería del club olívico en la primera temporada en que se disputó la liga nacional, la 1928/29. El Celta intentó por todos los medios hacerse con una plaza en Primera División pero su solicitud no fue aceptada y debió iniciar su andadura en el campeonato nacional desde la División de Plata. Aquel fue un curso convulso en lo deportivo, ya que no se logró título alguno y, por si esto fuera poco, tampoco se pudo lograr siquiera la permanencia en Segunda.

Una final

En la novena jornada de aquel campeonato el Celta recibía al Betis en su recién estrenado estadio de Balaídos. Lilo había sido de la partida aquel 30 de diciembre de 1928, día en que el coliseo céltico fue inaugurado y en el que el club olívico goleó 7-0 al Real Unión. Pero en la liga las cosas no rodaban bien. El Celta, que tan solo había podido anotar tres goles en ocho encuentros, cerraba la tabla clasificatoria con tres puntos. Justo por delante se encontraba el Betis, cuyos números no eran mucho mejores. Se trataba ya de una verdadera final en la lucha por la permanencia.

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Lilo atrapa un balón en un encuentro frente a la Real Sociedad (Foto: yojugueenelcelta.com)

Moncho Encinas, técnico céltico, dispuso un esquema tradicional en la época. Con Lilo bajo palos, Sarasquete y Pasarín actuaban como backs mientras que la medular debían repartírsela Vega, Cárdenes y Paredes. La delantera de cinco hombres venía conformada por Reigosa, Chicha, Losada, Moncho Polo y Guevara. Bajo la pertinaz lluvia de finales de abril de 1929 Celta y Betis disputaron un choque de poca calidad, según narran las crónicas de la época. Aun con todo el dominio del Celta se plasmó en el marcador ya antes del intermedio, gracias a sendos tantos de Losada y Chicha. El primero llegó tras rematar un saque de esquina y el segundo tras culminar el atacante nacido en Bouzas un pase del centrocampista Cárdenes.

Fue uno de los primeros en vestir la casaca céltica y también uno de los que llevó por primera vez al equipo a Primera

Tras el intermedio los de verdiblanco recortaron distancias gracias a un autogol de Sarasquete, que no acertó a despejar bien de cabeza un balón que terminó en las redes de Lilo. Pero el Celta no se amilanó y sentenció el choque gracias a un buen disparo de Guevara. Pasarín y Lilo fueron los dos hombres más destacados del encuentro y evitaron que las acometidas visitantes complicasen un partido vital. Los puntos se quedaban finalmente en Vigo y el Celta adelantaba al Betis en la tabla clasificatoria. Sin embargo la trayectoria de los verdiblancos les iba a terminar por asegurar una permanencia que no pudo certificar el Celta. Los de Vigo consumaban su primer descenso y acompañaban al Racing de Madrid a la Tercera División. Una categoría en la que el club olívico, a pesar de lograr nuevamente el título regional, renunció a participar en la temporada 1929/30 pero que sí afrontó en la 1930/31, imponiéndose en el grupo primero y superando en las eliminatorias finales a Barakaldo y Recreativo de Huelva, campeones en sus respectivos grupos. Lilo, que gozaba de plena confianza por parte del técnico Moncho Encinas, acumuló 31 partidos más a lo largo de esta campaña.

El broche del ascenso

Con el equipo de nuevo en la División de Plata Lilo vivió al completo la complicada travesía de los años 30 hasta que, por fin, en 1936 se logró el ascenso a Primera. Tanto José Planas como José María Peña, técnicos del club entre 1931 y 1935, contaron con sus servicios. El título de campeón gallego volvió para Vigo en 1932, 1934 y 1935 y dio lustre al palmarés del cancerbero vigués, que padeció en sus carnes la frustración por no poder superar las promociones disputadas en 1934 y 1935.

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Lilo jugó durante 12 temporadas en el Celta (Foto: todocoleccion.net)

La alegría del ascenso iba a llegar en 1936, de la mano de Ricardo Comesaña. Fue la temporada en la que Lilo perdió protagonismo en favor de Chaira, arquero que tan solo formó parte de la plantilla céltica durante aquella campaña. Con todo, una lesión permitió que Lilo disputase los cuatro últimos encuentros de la promoción de ascenso, culminada con éxito el 19 de abril de 1936 en Balaídos ante el Xerez. La celebración por el cambio de categoría iba a dejar paso al horror de una Guerra Civil que se extendió por espacio de tres años y puso el punto final a la carrera del ya veterano guardameta vigués.

Curtido en mil batallas

Lilo nunca llegó a jugar en Primera con el Celta pero sus cifras vestido de celeste no dejan lugar a dudas. En total fueron 248 partidos a lo largo de 12 campañas, las primeras desde la fundación del club olívico. Experiencia en ligas regionales, liga maximalista 1927/28, copa, ligas nacionales en Segunda y Tercera División y tres promociones de ascenso a la máxima categoría dibujan una trayectoria repleta de solidez y regularidad.

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Lilo, segundo por la derecha, en el Celta que consiguió el ascenso en 1936 (Foto: yojugueenelcelta.com)

Y es que en el caso de Lilo se cumple con creces el tópico de que lo difícil no es llegar sino mantenerse. Su fallecimiento en septiembre de 1972 sirvió para que el club le tributase un pequeño homenaje en el encuentro que inauguraba en Balaídos la temporada 1972/73. Fue uno de los primeros en vestir la casaca céltica y también uno de los que llevó por primera vez al equipo a Primera. Su currículum y sus logros lo dicen todo.

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