La inagotable cantera de los Balcanes ha supuesto, desde finales de la década de los 70, un manantial de agua fresca para el Real Club Celta. Desde Culafić hasta Radoja, muchos han sido los futbolistas que han ofrecido rendimiento y resultados al club olívico. Uno de ellos fue Zoran Marić, protagonista en las alineaciones célticas de finales de los 80.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Nacido en 1960 en la localidad serbia de Boka, Zoran Marić se inició como futbolista en el Novi Sad, a finales de la década de los 70. Con 19 años fichó por la Vojvodina, club más importante de la zona y en el que se mantuvo durante ocho temporadas. A pesar de superar el 1,80 de estatura y de jugar como delantero, sus cifras anotadoras nunca fueron espectaculares. Con todo, su buen hacer le brindó una oportunidad en la selección yugoslava con apenas 23 años. Aquella fue una de las tres ocasiones en que el atacante serbio lució la elástica azul de su combinado nacional, y todas ellas fueron en encuentros amistosos.

El mercado de invierno de la temporada 1987/88 iba a significar un cambio trascendental en la vida de Zoran Marić que, con una carrera ya considerable a sus espaldas, daba por fin el salto a una liga extranjera. El Celta, por entonces un recién ascendido, había completado un primer trimestre excelente entre los grandes pero lamentaba las dolencias de un Baltazar que iba a verse apartado del once durante cinco largos meses. Aunque se trató de evitar, finalmente los problemas físicos del brasileño terminaron en un quirófano, lo que posibilitó la incorporación del atacante serbio en febrero de 1988. Por entonces fichar a un futbolista extranjero se convertía en todo un acontecimiento en Casa Celta, que se hacía con los servicios de un futbolista balcánico por segunda vez en su historia.

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Zoran Marić disparando a gol en Balaídos (Foto: yojugueenelcelta.com)

Integración

Marić debutó con la casaca azul cielo el 14 de febrero de 1988 en el estadio Vicente Calderón y marcó el tanto que adelantaba a los de Maguregui en el electrónico. El club olívico realizó un desembolso de cinco millones de pesetas para fichar al tanque de Boka pero su primera diana no impidió que los puntos aquella tarde se quedaran en Madrid tras la remontada del equipo colchonero. Los otros tres tantos que convirtió Marić a lo largo de aquella segunda vuelta sí reportaron puntos a los de Vigo. Uno de ellos sirvió para batir al Cádiz en el Ramón de Carranza y los otros dos los recibió la Real Sociedad en Balaídos. Su integración en el equipo fue perfecta desde el primer minuto y Maguregui contó con él hasta que regresó Baltazar, ya con la temporada a punto de concluir. El Celta mantuvo opciones de clasificarse para la Copa de la UEFA hasta el tramo final, en el que se desinfló y tan solo pudo ganar uno de los últimos siete encuentros de liga.

A finales de los 90 intentó la aventura en el banquillo del Compostela sin mucho éxito

De cara al curso siguiente, con la llegada de José Manuel Díaz Novoa al banquillo, Zoran Marić tuvo que empezar casi desde cero. Con Amarildo como gran estrella en la punta de ataque, en las primeras jornadas el serbio se vio desplazado de la titularidad por Camilo. Pero poco a poco fue ganándose la confianza del técnico asturiano y terminó por superar los 2.000 minutos de juego en liga. Su primer tanto no llegó hasta la jornada 17 —ya en enero de 1989— cuando logró batir en el minuto 91 a Rinat Dassaev para certificar un triunfo por la mínima ante el Sevilla en Balaídos. La trayectoria del equipo fue muy similar a la del curso anterior aunque de nuevo el tramo final iba a resultar decisivo a la hora de perder el tren europeo. De los últimos diez encuentros de liga tan solo se iba a lograr el triunfo en uno de ellos, precisamente ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán.

Doblete en el Pizjuán

Corría el mes de junio de 1989 y tocaba disputar la penúltima jornada del campeonato. Sevilla y Celta se encontraban empatados a 37 puntos en la octava y la novena plaza de la tabla clasificatoria. Las opciones de clasificación de ambos para competición europea eran mínimas pero todavía reales. En el caso de los vigueses una pésima racha —tres puntos de los últimos 16 en disputa— les había apartado de una zona noble en la que habían llegado a alcanzar la tercera plaza.

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Agachado a la izquierda de Mauricio, en una foto correspondiente al curso 1989/90 (Foto: twitter.com)

Díaz Novoa planteó un 4-4-2 con dobles laterales —Atilano-Otero en banda derecha y Rodolfo-Nacho por la izquierda—. Mientras que Vicente y Julio Prieto llevaban la voz cantante por dentro, Amarildo y Marić se situaban en punta para tratar de marcar las diferencias. El Sevilla, dirigido por Roque Olsen, no se sintió cómodo en ningún momento. A pesar de todo logró adelantarse en el marcador en el minuto 29 gracias a una definición del uruguayo Pablo Bengoechea. Tan solo cuatro minutos más tarde iba a llegar la igualada gracias a un disparo de Marić que no pudo neutralizar Dassaev. Diez minutos después el serbio sería protagonista de nuevo al provocar un penalti que transformó Amarildo para que los de celeste llegasen con ventaja al intermedio.

Su hijo Goran jugó en las categorías inferiores del Celta e incluso llegó a debutar en 2008 con el primer equipo

En la segunda mitad la esperada reacción local no iba a llegar, sobre todo a causa de la expulsión de Rafa Paz en el minuto 52 por doble amonestación. Un cuarto de hora más tarde Amarildo tuvo el 1-3 pero falló la segunda pena máxima de la tarde, por lo que fue necesario esperar hasta el minuto 82 para que llegase la sentencia. Sucedió tras una jugada de contraataque que protagonizó Julio Prieto y definió Zoran Marić. En el lance se lesionó Dassaev, que debió abandonar el terreno de juego y dejar su sitio a Cholo. El Celta se llevaba los puntos y mantenía una pequeña opción de clasificarse para la Copa de la UEFA, la cual se desvaneció al perder en Balaídos en la última jornada ante el Atlético de Madrid.

Primera retirada

Parecía que el club olívico se había desprendido por fin de la etiqueta de equipo ascensor. Pero la alegría dura poco en la casa del pobre y la temporada 1989/90 iba a devolver al equipo a su triste realidad. Las bajas de Jimmy Hagan y Amarildo no fueron suplidas con recambios de garantías y los de Díaz Novoa se iban a meter pronto en problemas. Una primera vuelta desoladora, en la que tan solo se consiguieron tres victorias, dejó a los de celeste en una zona de descenso que ya no iban a poder abandonar. Tampoco fue un buen año para Marić, que tan solo pudo conseguir tres goles. Además, los problemas físicos comenzaron a importunarle y le obligaron a perderse dos meses de competición. Al finalizar la temporada, ya con el Celta en Segunda, se vio obligado a pasar por el quirófano para tratar de solucionar sus dolencias en el pubis.

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Los problemas físicos provocaron que anunciase su retirada en dos ocasiones (Foto: yojugueenelcelta.com)

Ya en la División de Plata el ariete serbio siempre figuró en los planes de José María Maguregui, de nuevo en el banquillo vigués. Sin embargo su nivel físico ya no era el de antaño y, a pesar de iniciar el curso como titular indiscutible, su producción anotadora tan solo ofreció un doblete en Palamós. Una recaída en sus dolencias le obligó a dejar el equipo y a anunciar su retirada del fútbol. Una retirada que no sería definitiva, ya que el Compostela le fichó en 1991 tras ascender a Segunda.

Regreso a Serbia

En Santiago todavía ofreció dos temporadas a buen nivel. En la Primera consiguió seis goles y en la segunda jugó más de 1.500 minutos, cediendo el protagonismo goleador a Lucas y a Ohen. Con 33 años anunció, esta vez sí, su retirada definitiva de los terrenos de juego. A finales de los 90 intentó la aventura en el banquillo del Compostela sin mucho éxito. Con posterioridad regresó a su tierra y dirigió a la Vojvodina en varias etapas, así como a las selecciones serbias sub 18 y sub 19. En 2016 Zoran Marić fue técnico del Novi Pazar serbio, cargo que decidió abandonar en el pasado mes de septiembre a causa de los malos resultados. Su hijo Goran jugó en las categorías inferiores del Celta e incluso llegó a debutar en 2008 con el primer equipo, aunque no contó con más oportunidades que aquella frente al Castellón en la División de Plata.

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Zoran Marić ha dirigido a varios equipos en Serbia (Foto: b92.net)

Aunque se había fichado a Culafić en los 70, con Zoran Marić se abrió definitivamente la veda para la llegada de futbolistas balcánicos al Celta. Los Vlado Gudelj o Goran Jurić no tardarían en llegar y se convertirían en piezas clave de un equipo que conseguiría el ascenso y se sacaría, por fin, el sambenito del ‘ascensor’ de encima. Llegaba el fútbol de fin de siglo y, por desgracia, los problemas físicos no dejaron al tanque de Boka disfrutar de la dulce estabilidad que aguardaba al club olívico durante los 90.

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