En una inoportuna semana con tres intrascendentes partidos ligueros antes de la traca final europea, la visita al Sánchez Pizjuán era la oportunidad perfecta para que el Celta revisase su verdadero estado, el de su equipo titular. El once de gala, sin apaños ni modificaciones. La apuesta de Berizzo era esa. En lugar de mezclar piezas clave con hombres menos habituales durante todo el ciclo, ha optado por dar descanso a sus titulares ante el Betis y, presumiblemente, contra el Athletic, para poner en Sevilla al equipo llamado a hacer historia en Europa. El Celta compitió y le plantó cara a un rival de un nivel equiparable al del Manchester United, pero una absurda expulsión y algún desajuste defensivo fueron errores imposibles de superar.
Miguel Gallego | TintaCeleste

Esta está siendo una semana muy complicada para el Celta. Sin objetivos claros en la Liga, más allá de acabar la competición de manera digna, la cercanía de la histórica semifinal europea lo hace todo aun más difícil. Por eso plantarse en un escenario como el Sánchez Pizjuán a competir requiere algún tipo de incentivo, como el de pensar que el partido es un ensayo que dará la medida del Celta ante el Manchester United.

Los once elegidos

Pocas dudas quedan ya sobre los once hombres de confianza de Berizzo, aquellos a los que va a encomendar la misión más importante de la historia del club. Son los mismos que salieron al césped del Sánchez Pizjuán, aunque los condicionantes del partido eran muy diferentes. En un equipo que basa su idea de juego en una intensidad brutal, una presión asfixiante y una lucha constante hasta el pitido final, una cita sin nada en juego más allá del prestigio, y con la posibilidad de que cualquier contratiempo eche por tierra la ilusión de jugar la semifinal, hace que el nivel del equipo se resienta inevitablemente.

Fue tal el nivel competitivo que el Tucu Hernández incluso se pasó de frenada

No fue el caso en Sevilla. El Celta se metió en el papel y protagonizó un partido de ida y vuelta, en el que fue capaz de levantar un resultado adverso. Fue tal el nivel competitivo que el Tucu Hernández incluso se pasó de frenada, dejando a su equipo con diez a falta de medio partido. Un error que conviene no repetir en la semifinal que viene, y que el Sevilla acabó aprovechando para llevarse una importante victoria, eso sí, pidiendo la hora.

Ganar sin merecerlo

El Celta de Berizzo es un equipo sin trampa ni cartón, que alterna buenas actuaciones con otras no tan buenas. Cuando el sistema funciona y el equipo se convierte en una máquina implacable que se traga a los rivales, el resultado suele favorecer a sus intereses. Aunque a veces se atragantan los partidos y las victorias se quedan por el camino. Sin embargo, cuando el Celta no es capaz de desarrollar su juego, o las circunstancias no invitan a ello, sea por falta de tensión competitiva, por alguna desafortunada actuación arbitral, por una inoportuna expulsión o por lo que sea, es muy raro verlo pescar algún punto. Da la sensación de que el fútbol no le va a regalar nada al conjunto vigués. Quitando un par de excepciones, como lo fueron la victoria sobre la bocina en Cornellá o el triunfo en o noso derbi en Riazor, esa tendencia está siendo una constante, acentuada por la tranquilidad con que está viviendo el Celta su recta final liguera.

Como en tantos otros partidos esta temporada,el Celta tuvo que conformarse con las buenas sensaciones, con las lecturas positivas

En Sevilla no se produjo la excepción a la regla. Tras haber igualado un resultado adverso, la expulsión del Tucu obligó al Celta a recomponer líneas, a añadir a Roncaglia a la ecuación y a sumar a Hugo Mallo al centro del campo. El Sevilla olió la sangre y se volcó en busca de un gol que acabó encontrando. Pudo sentenciar el choque, pero los postes y Sergio lo impidieron. Sin embargo, el Celta no es un equipo que baje los brazos. Terminó el partido metiendo al Sevilla en su área, con un hombre menos, a pesar de que se juega poco menos que el orgullo. Pero no pudo rescatar el empate. Como en tantos otros partidos esta temporada, tuvo que conformarse con las buenas sensaciones, con las lecturas positivas. Y, precisamente, una de ellas es que el resultado no era lo más importante. Lo será dentro de una semana.

El síndrome de Estocolmo

Parecía increíble que pudiera ocurrir, pero el Celta pide a gritos que vuelva Europa. Después de varias semanas traumáticas, con un partido de Liga y una cita a vida o muerte cada tres días, el calendario continental le dio un respiro de dos semanitas al cuadro vigués, hueco que, eso sí, aprovechó la Liga para llenar con otra jornada intersemanal. Por extraño que parezca, este pequeño respiro ha trastocado los planes de Berizzo, que ha optado por seguir con su política de rotaciones masivas. Tras utilizar su once de gala en Sevilla, es previsible que los menos habituales, esos que dieron la talla en Granada pero fueron superados por Eibar y Betis, vuelvan a la carga ante el Athletic. Será otro partido complicado, y más teniendo en cuenta que la cabeza de todos está en otro sitio. Como ha quedado claro en todas las comparecencias de los protagonistas desde hace una semana, en Vigo solo se piensa en Manchester, y por qué no decirlo, también en Estocolmo.

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