No resulta fácil encontrar un futbolista que, con una carrera tan larga en un equipo, haya disfrutado de tan poco protagonismo como él. A la sombra de unos y de otros, Patxi Villanueva consiguió hacerse ver en el equipo titular de manera habitual en apenas dos de las 13 temporadas en las que formó parte del Celta como jugador.
José Luis Rodríguez Sánchez | Tinta Celeste

Francisco Villanueva Medina, nacido en la localidad navarra de Marcilla en julio de 1965, fue reclutado por el Celta cuando apenas era un chaval. Hace casi 40 años, durante un viaje del Celta para jugar frente a Osasuna en Pamplona, alguien se fijó en él y vio un potencial interesante. Así llegó a Vigo, donde se formó con vistas a ocupar algún día la portería del primer equipo. Ese día llegó muy pronto, ya que el 2 de junio de 1984 Félix Carnero le brindó una oportunidad en un encuentro correspondiente a la Copa de la Liga de Segunda División, nada menos que frente al Deportivo en Balaídos. El navarro fue uno de los destacados del partido, si bien cometió un error en una salida que le costó al club olívico un gol que terminaría por resultar decisivo en la eliminatoria.

Años de espera

En los siguientes años el buen nivel de Javier Maté no le iba a permitir disfrutar de oportunidades con el primer equipo y, cuando el segoviano se lesionó de gravedad, coincidió que a Villanueva le tocaba realizar el servicio militar. El gran beneficiado sería Chuco, que en el mercado de invierno de la temporada 1985/86 se vio desplazado de la titularidad por Pereira. Hasta mayo de 1988 no se encuentran referencias de Patxi Villanueva en el once inicial del Celta. Fue en un encuentro disputado en el Sánchez Pizjuán, en el que el Celta de Julio Prieto y Baltazar goleó por 0-3 al Sevilla.

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Aunque era navarro, Patxi Villanueva ganó con la selección gallega el campeonato de España juvenil disputado en 1982 (Foto: foro.delcelta.com)

A partir de ahí hubo que esperar a la temporada 1991/92 para volver a ver al navarro como titular en liga. Los 34 años con los que contaba Javier Maté comenzaron a pesar y Txetxu Rojo decidió confiar en el arquero nacido en Marcilla, que iba a protagonizar un curso impoluto en cuanto a minutos jugados. Un sensacional inicio marcó la campaña de los de celeste, que se metieron muy pronto entre los candidatos al ascenso. Sin embargo una victoria por 1-0 conseguida el 9 de noviembre de 1991 sobre el Rayo Vallecano sería el preludio de siete jornadas seguidas sin ganar, rematadas con un empate a dos tantos en Balaídos frente al Mérida en vísperas del día de Reyes.

Camino de Primera

Llegaba entonces el turno para visitar La Rosaleda. El Celta, que había caído hasta la tercera posición, se enfrentaba a un Málaga que desde el principio se había instalado en los últimos puestos de la tabla. El equipo andaluz, que acababa de cambiar de técnico, buscaba recuperar la senda de la victoria tras dos derrotas consecutivas. Txetxu Rojo dispuso una defensa de cuatro por delante de Villanueva, con Otero, Dadie, Mandiá y Jurić. En la medular Vicente y Damián se constituían como núcleo duro y buscaban abrir el juego a unas bandas ocupadas por el Flaco Gil y Borja Agirretxu. En punta quedaba la dupla formada por Salillas y Gudelj, que tantas alegrías dio en aquella temporada.

Toni Prats primero y Richard Dutruel después, le cerraron el paso de manera categórica

El inevitable efecto del relevo en el banquillo local provocó que se viese a un Málaga con una mejor organización y mayor peligro en ataque que en las semanas anteriores. En la primera mitad los blanquiazules dispusieron de dos buenas oportunidades que no consiguieron aprovechar ante Patxi Villanueva. También el Celta pudo marcar, tras un derribo a Gudelj en el área local que el bosnio no logró transformar desde el punto fatídico. A los 34 minutos de juego llegaría la jugada clave, en la que el futbolista del Málaga Quino fue expulsado por tarjeta roja directa. Quedaba por delante una larga hora de juego y a los de la Costa del Sol se les iba a hacer muy larga.

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La temporada 1991/92 fue la única en la que el arquero navarro fue titular indiscutible con el Celta (Foto: asiesono.blogspot.com)

Txetxu Rojo, al más puro ‘estilo Berizzo’, no se dio prisa en realizar modificaciones y decidió esperar a que los de casa terminasen cayendo como fruta madura. Pero a partir de la media hora de juego del segundo tiempo y, al ver que el gol no llegaba, el de Begoña introdujo a Fabiano y Mosquera por Agirretxu y Vicente. En su libreto esta doble sustitución venía catalogada como ‘ofensiva máxima’ y las consecuencias no iban a tardar en verse reflejadas en el electrónico. A los 80 minutos de juego el Málaga se equivocó y permitió correr a su rival. Fabiano sirvió un balón con marchamo de gol a la cabeza de Gudelj, que Fernando Peralta consiguió rechazar. Afortunadamente para los de celeste, el rebote volvió al bosnio, que solo tuvo que centrar raso para que Damián empujase sobre la misma raya de gol el balón a la red. El tanto descompuso definitivamente al Málaga, que encajó el segundo en los instantes finales, tras un centro del Flaco Gil desde la izquierda, que José Luis Mosquera empalmó de manera extraña con el exterior de su pie derecho.

Sin continuidad

El 0-2 permitía subir un puesto en la clasificación a los de Rojo, mientras que el Málaga continuaba hundido en unas profundidades que no logró abandonar en todo el curso. El brillante ascenso del Celta encontró una de sus explicaciones en los 26 tantos que encajó Villanueva en todo el curso, con una tasa inferior a 0,75 goles por partido. La temporada resultó inolvidable para todo el celtismo y también para el cancerbero navarro, que nunca más tuvo la oportunidad de disputar una temporada entera como titular en el Celta.

El fichaje de Santi Cañizares envió una vez más a Villanueva al ostracismo con el que convivió durante la mayor parte de su carrera. En el curso 1993/94 tan solo participó en dos partidos de liga, frente al Real Madrid en Balaídos y frente al Tenerife en el Heliodoro Rodríguez. Peor le iba a ir en el curso siguiente, en el que no llegó a estrenarse en liga.

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Bajo la batuta de Carlos Aimar, en el curso 1994/95, Villanueva volvió a sentirse titular (Foto: yojugueenelcelta.com)

El curso 1994/95 fue el único —si se habla de Primera División— en el que consiguió imponerse a su compañero de demarcación. Villanueva jugó al completo 27 partidos de liga y tres de copa y se hizo con el puesto por delante del almeriense Cano, que no llegó a convencer a Carlos Aimar. En la competición doméstica el de Marcilla encajó 34 goles, una cifra nada excesiva si se tiene en cuenta la modestia de aquel equipo. En la segunda oportunidad en la que disponía de continuidad, el arquero navarro volvía a cumplir y a demostrar que no desentonaba en absoluto con la categoría en la que jugaba el equipo.

El adiós

De ahí en adelante, en cambio, Patxi Villanueva no volvió a tener peso en una plantilla que mejoraba año a año. Cinco partidos —cuatro de ellos de copa— en el curso 1995/96 dejaron paso a tan solo dos durante la temporada siguiente. Toni Prats primero y Richard Dutruel después, le cerraron el paso de manera categórica. El 25 de mayo de 1997 Patxi Villanueva se situaba bajo palos con la camiseta del Celta por última vez en partido oficial. Sucedió en Pucela, donde el equipo se llevó una victoria por 0-1 y el navarro consiguió mantener su portería imbatida, con el añadido de atajar un penalti tras salir sin calentar por la expulsión de Dutruel con 22 minutos ya disputados. Fue un bonito final a una carrera en Vigo que casi siempre le colocó en un segundo plano.

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Paco Herrera, entre otros técnicos, contó con el navarro como entrenador de porteros (Foto: epoca1.plazadeportiva.com)

Con 32 años Villanueva fichó por el Levante, equipo en el que jugó habitualmente como titular en la Segunda División pero en el que no pudo hacer nada para evitar el descenso del club granota a la Segunda División B. Con problemas físicos, el navarro dejó el fútbol, aunque lo retomaría en el curso 2000/01 para disputar 21 partidos con la Peña Sport de Tafalla, a la que tampoco pudo ayudar a eludir el descenso a Tercera División.

Tras su retirada definitiva Patxi Villanueva se incorporó de nuevo al Celta como entrenador de porteros. Sus últimas experiencias en el club olívico tuvieron lugar con Paco Herrera, Abel Resino y Luis Enrique. En el verano de 2014, tras la llegada de Eduardo Berizzo, dejó su puesto a Carlos Kisluk, el hombre de confianza del Toto en relación al trabajo específico con los guardametas del club.

Los 34 años con los que contaba Javier Maté comenzaron a pesar y Txetxu Rojo decidió confiar en el arquero nacido en Marcilla

Fueron pocas —muy pocas— las veces que Francisco Villanueva Medina defendió la portería del Celta a lo largo de las 13 campañas que permaneció en Vigo. Siempre se caracterizó por ser un hombre de club y, seguramente por eso, entendía que su papel era el de esperar una oportunidad que llegó en muy pocas ocasiones. Con todo, no hay duda de que, al menos en la temporada 1991/92, esa oportunidad llegó y fue bien aprovechada. El navarro siempre figurará en la historia como el portero titular de aquel sensacional equipo que consiguió ascender en 1992 a la Primera División.

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