Largo, muy largo se le está haciendo el campeonato al Real Club Celta. Sin objetivos en Liga, y plenamente centrados en la Europa League, los de Berizzo acumulan cinco derrotas consecutivas en el torneo de la regularidad. Más regularidad, imposible. Y, además, todavía tienen un partido más que los demás. El famoso encuentro aplazado contra el Real Madrid al que el madridismo llega cargado de rencor y jugándose el título, y los celestes poco más que el orgullo, que ha brillado por su ausencia en las últimas semanas. Es una situación muy extraña, que empaña ligeramente la mejor temporada de la historia del equipo.
Miguel Gallego | TintaCeleste

En ocasiones el fútbol, como la vida, es cruel. Los acontecimientos no siempre se producen como uno desea. A veces es la fortuna. Otras, el comportamiento. A veces son decisiones que hay que tomar, y que pueden tener resultados catastróficos. El Celta se lo jugó todo en Europa. La plantilla no daba para 60 partidos, y ha tenido que ser exprimida al máximo por Berizzo, pero ha llegado al final con la lengua fuera, deseando que se acabe este tormento. En los últimos partidos, esto es una evidencia, como se constató en Mendizorroza

Inercia

Acabada la participación en la Europa League, el calendario todavía le reservaba otra maratoniana semana al Celta, por culpa de ese partido aplazado contra el Real Madrid que tanto dio que hablar. Y que aun da, ya que los blancos vienen a Vigo, tal y como se vaticinó entonces, jugándose la Liga. Ante esta tesitura, y tras la auténtica paliza física y moral que se pegó el equipo en Old Trafford, Berizzo volvió a optar por las rotaciones masivas, utilizando a sus hombres más frescos contra el Alavés, y a los más talentosos contra los blancos.

Berizzo buscaba una reacción de su criticada segunda unidad, la que no había puesto la intensidad necesaria para competir de igual a igual en las últimas jornadas

La apuesta no se salía en exceso del guion del último mes. Ese que llevaba al equipo a estrellarse los fines de semana, y a competir al máximo a golpe de jueves. Estaba claro que el técnico buscaba una reacción por parte de su criticada segunda unidad, la que no había puesto la intensidad necesaria para competir de igual a igual en las últimas jornadas. Pero ni el momento ni el lugar eran los más indicados. A la apatía de los últimos partidos se sumó un estado de estrés postraumático que convirtió a los futbolistas celestes en marionetas ante un Alavés que vive la euforia antes de su final.

Iván Villar, daño colateral

Para un futbolista del once inicial, el partido de Mendizorroza no era una piedra más en el camino. Era un día inolvidable. Después de coquetear con la posibilidad en alguna ocasión, Berizzo decidió hacer debutar a Iván Villar. Pero el técnico, que suele demostrar un gran control de todos los factores que lo rodean, no eligió el mejor día. Ni mucho menos.

La derrota parecía escrita, igual que las anteriores, y no podía ser Iván Villar quien arreglase el desaguisado

En la avalancha de la primera parte, repleta de errores defensivos y de lagunas de concentración, al canterano no se le puede culpar de nada de ello. Sin embargo, nunca es agradable encajar tres goles, e Iván guardará la imagen de su primer encuentro en Primera con ese regusto amargo. No debe darle más importancia. La derrota parecía escrita, igual que las anteriores, y no podía ser él quien arreglase el desaguisado. Ha debutado en La Liga y ha prolongado esa brillante tradición de porteros de la casa de la que hace gala la dirección deportiva. Todo lo demás es secundario.

Orgullo

Mucho se ha hablado de la Afouteza con la que se han presentado los vigueses sin complejos en los más exigentes escenarios. Pero del himno del Celta también se extraen otras ideas no menos importante. Corazón sí, pero orgullo también. Muchos futbolistas se lo dejaron en la caseta en la primera mitad. A la vuelta de pausa fue otro hombre de la casa el que lo derrochó por Mendizorroza. Iago Aspas es un futbolista único y, además, siente los colores como el que más. Eso le da un plus en partidos como este.

Un puñado de remates y un gol de penalti de Iago Aspas contribuyeron a frenar la sangría, y a que el partido entrase en una dinámica mucho más digna

El moañés se echó al equipo a la espalda. No importaba el 3-0. Cuando alguno quizá hubiese mandado a paseo a su entrenador al ser citado en tan desagradables circunstancias, Iago acudió al rescate. La victoria era poco menos que imposible. Pero un puñado de remates y un gol de penalti contribuyeron a frenar la sangría, y a que el partido entrase en una dinámica mucho más digna.

Los mejores jugadores del Celta se han ganado el derecho a que su profesionalidad les sea reconocida, y no se tome como una muestra de antimadridismo

También ayudó el Tucu Hernández. Y, por supuesto, Pione Sisto, uno de los futbolistas celestes más en forma en este momento. Es de suponer que los tres estarán contra el Real Madrid. Ríos de tinta (y no celeste) correrán por la capital sobre las alineaciones del Celta y sobre el supuesto compromiso del equipo. Aquí no hay trampa ni cartón. Los mejores jugadores del Celta, los que deberían estar ante el Real Madrid (todo lo demás sí que sería extraño), siempre lo demuestran. Se han ganado el derecho a que les sea reconocido, y no se tome su profesionalidad como una muestra de antimadridismo.

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