Hay dos tipos de fútbol o más bien dos capas que lo recubren. La primera circunda a la pelota y los futbolistas, es la capa original, la capa que lo constituye todo y el motivo por el que este deporte ha arrasado el planeta en el último siglo. La parte mala es que también ha sido el motivo de la aparición de la segunda capa, la de la locura mediática y la presión pública. Cuando juegas contra los grandes, las dos capas vienen juntas y te llevan por delante antes de dejarte hablar. En ese momento, el fútbol es la única arma para defenderse del fútbol.
Adrián Viéitez | Tinta Celeste

Celta 1-4 Real Madrid

Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Roncaglia, Jonny; Wass, Pablo Hernández, Jozabed (Marcelo Díaz, min. 72); Sisto (Pape Cheikh, min. 80), Aspas y Guidetti (Beauvue, min. 86).
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Sergio Ramos, Varane, Marcelo; Casemiro (Kovacic, min. 71), Kroos, Modric; Isco (Asensio, min. 84), Cristiano Ronaldo (Lucas Vázquez, min. 84) y Benzema.
Árbitro: Martínez Munuera (C.T. Valenciano). Expulsó con doble tarjeta amarilla a Aspas (min. 62), del Celta. Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Jonny, Guidetti, Hugo Mallo y Pablo Hernández, y a los visitantes Casemiro y Sergio Ramos.
Goles: 0-1, Cristiano Ronaldo (min. 10). 0-2, Cristiano Ronaldo (min. 48). 1-2, Guidetti (min. 69). 1-3, Benzema (min. 70). 1-4, Kroos (min. 88).
Estadio Municipal de Balaídos.

Siendo un hombre habitualmente convencido del encanto de la vida que llevaba, se quedó quieto después de mirar al cielo como a un instrumento útil, y lo contempló con agradecimiento, como una obra de arte de belleza superlativa. Por un momento pareció impresionado por la elocuente soledad de la escena, o más bien por su completa abstracción de las visiones y los sonidos humanos. Formas humanas, interferencias, preocupaciones y alegrías parecían no existir, y era como si no hubiese en el hemisferio oscurecido del planeta ningún otro ser sintiente aparte de él: se los imaginaba a todos en el lado iluminado por el sol.

(Thomas Hardy – Lejos del mundanal ruido)

No hay nada mejor que una buena taza de fútbol para olvidarse de una vez por todas de aquello en lo que el fútbol se ha convertido cuando el balón abandona el césped. Los precedentes, en este caso, ya eran terribles, a recordar: el partido en cuestión había sido suspendido allá por el mes de febrero por un desprendimiento en el techo de Balaídos y la cosa se había ido totalmente de madre, desde las acusaciones primero desde Barcelona y después desde Madrid de manipular la competición hasta el alcalde que pasará a la historia como últimamente pasan todas las soberanas gilipolleces. Así es el mundo actual. Gira y gira.

Para colmo, el Celta llegaba tras una sucesión de semanas que han arrasado al equipo, con la durísima eliminación de la Europa League mediante y varios partidos de liga en los que los de Berizzo jugaban a todas luces con la mente en otra parte, en los sueños o en la decepción o vete tú a saber en qué. La temporada del conjunto vigués ha sido trepidante y, llegado el mes de mayo y el aroma a mar a Balaídos, la calma empezaba a pisarse por primera vez, pese a ser una calma amarga. Pero llegaba el tren del Real Madrid, y a ese tren hay que afrontarlo de cara. Como a todos los trenes.

Berizzo, una vez más desde la grada, introdujo a todos sus titulares y transmitió un mensaje claro al equipo: el de que lo fundamental en un encuentro de estas características era buscar la abstracción y jugar al fútbol. Jugar al fútbol bien, lo mejor que este bloque puede hacerlo. Y lo cierto es que este bloque puede jugar muy bien. Así que, mientras todo el mundo hablaba, el Celta salió a tener la pelota, y vaya si la tuvo. En los primeros diez minutos ya dispuso de varias aproximaciones al área madridista, todas ellas repelidas por esa barrera de hormigón que es la pareja Ramos-Varane.

Y, como el rival era el Real Madrid, la primera ocasión en la que alguien se acercó a la portería de Sergio terminó en gol, concretamente en un zurdazo seco desde la frontal de Cristiano Ronaldo que perforó por completo la red del meta de Catoira. Pero el partido no cambió. El Celta no le perdió la cara y siguió moviendo el esférico, con Jozabed moviéndose entre líneas como nadie lo ha hecho en todo el año y Aspas ganando protagonismo con una movilidad espectacular, percutiendo una y otra vez a las espaldas de Marcelo y solo frenado por la falta de puntería de Guidetti en una noche gris.

Tras la reanudación, nada cambió excepto el marcador. Tras una nueva ocasión marrada por Guidetti, Isco se echó a su titánico equipo a las espaldas -como llevaba haciendo todo el partido- y recorrió cincuenta metros para encontrar a Cristiano Ronaldo entre líneas, quien volvió a ejercer como martillo. El Celta siguió empujando tras el segundo tanto del luso, pero lo cierto es que el Real Madrid fue más capaz de dormir el encuentro con una mayor ventaja en el electrónico y de nuevo merced a un estelar Isco, que acompañó con su aguijoneo constante a la sobriedad defensiva del conjunto dirigido por Zidane. 

Y entonces el fútbol -el malo- volvió a derrotar al fútbol -el bueno- y Aspas recibió su segunda tarjeta amarilla por fingir un penalti que sí era. Con uno menos, el Celta se arrancó las vestiduras y logró, finalmente, marcar el gol que tanto había buscado John Guidetti. El sueco se golpeó el pecho con rabia, diciéndose a sí mismo una de esas frases que sirven para tranquilizarte cuando todo a tu alrededor se está volviendo en tu contra. 

Pese a todo, la superioridad numérica del Real Madrid pesó, como era lógico, y Benzema volvió a situar la doble diferencia en el electrónico apenas un minuto más tarde. A partir de ahí, la segunda capa del fútbol volvió a recobrar protagonismo, con Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos y muchos mecanismos activados para ubicar al Celta en ese papel de verdugo en el que nunca pidieron estar. En los últimos instantes, Kroos colocó el 1-4 en el marcador después de un soberbio recorte dentro del área pequeña.

Al Celta solo le queda el enfrentamiento de este fin de semana contra la Real Sociedad para cerrar una temporada a todas luces memorable, una temporada de pura adrenalina. Pero, en referencia a lo que hoy nos atañe, hay algo que está claro: con el pasado entre los dedos de los pies, el futuro colándose en los rincones de la mente y el presente aplastándote la autoestima, este equipo tampoco se ha rendido.

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