Mucho se ha hablado y escrito sobre este Celta-Real Madrid suspendido en su día. Y, desde luego, casi todo malo desde el punto de vista del Real Club Celta, culpable de adulterar la competición, de sabotear su propio estadio, y de arreglárselas para poder jugar contra el equipo blanco en la última semana de Liga, cuando ya no se juega nada y solo piensa en las vacaciones y en la posible renovación de Berizzo. Y, para colmo de males, quedando mal por poner su once de gala y… ¡por intentar ganar! ¡Tamaña imprudencia! Desde luego, si esto hubiese sido a propósito, hubiese sido una torpeza tremenda…
Miguel Gallego | TintaCeleste

Por fin llegó el día. El partido más rentable para la maquinaria mediática de nuestro fútbol, el que tantas semanas le dio de comer y tantos titulares de dudoso gusto dejó, debía jugarse. Y, tal y como se venía temiendo en el últimos mes, era un partido crucial para el Real Madrid, e insignificante para el Celta que, además, acababa de llevarse una de las eliminaciones más dolorosas de su historia.

El once de gala

Probablemente la suspensión no habría dado tanto que hablar si Eduardo Berizzo no hubiese anunciado su intención de reservar titulares en aquella ocasión, algo que, para cualquiera que le haya dedicado más de diez minutos a esta temporada del Celta, no debería resultar sorprendente. Pero sí, lo fue, primero para el barcelonismo, escandalizado por la osadía. Y después para el madridismo, que ya veía tres puntos fáciles en el saco cuando se topó con la suspensión por causa mayor.

Una forma de honrar al torneo es aparcar las rotaciones y tomarse el encuentro en serio para que la Liga no parezca la verbena en la que se convierte en ocasiones

Meses después se constató la realidad. Ya sin necesidad de rotar, el Celta se despedía de la temporada con tres partidos en una semana, dos intrascendentes (Alavés y Real Sociedad) y, en el medio, uno vital para el campeonato. Sin duda una forma de honrar al torneo es aparcar las rotaciones y tomarse el encuentro en serio para que la Liga no parezca la verbena en la que se convierte en ocasiones. Pues no. Desde el entorno madridista se cree que el Celta debería volver a jugar con los menos habituales, como en Málaga, como si volviese a jugar mañana en Old Trafford.

Intercambio de golpes

El caso es que, a pesar de de que se notaba en el ambiente la reciente decepción europea, el Celta se implicó, intentó arreglar este final de Liga que se está convirtiendo en un drama, y la grada respondió. Durante un buen tramo del partido, los vigueses consiguieron jugarle de tú a tú al campeón de Europa. Pero acusaron los problemas que los están acompañando en los últimos meses, desde la transición de Iago Aspas a la banda y la titularidad de Guidetti como 9. Desde entonces, el equipo ha perdido pegada. Es un hecho. La facilidad para marcar sostuvo al Celta dentro de sus objetivos durante meses. Pero ahora le cuesta hacer gol, y esto lo está pagando muy caro.

El Celta acusó los problemas que lo están acompañando en los últimos meses, desde la transición de Iago Aspas a la banda y la titularidad de Guidetti

El otro gran problema del cuadro de Berizzo es la debilidad atrás, intensificada por el empeño en sacar el balón jugado. A veces se puede. Otras, como contra el Real Madrid, no. Pero en estos partidos los vigueses se empeñan en intentarlo, viéndose obligados a ceder el balón a Sergio para que se lo saque de encima desde lugares muy comprometidos. De un buen puñado de balones perdidos de esa manera llegó una buena dosis de peligro madridista, incluído el gol de Kroos tras un robo a Roncaglia.

Todos a la altura menos uno

El partido fue disputado y lo resolvió el Real Madrid con autoridad. El Celta se sostuvo en el campo, pero acabó mostrando las costuras tras una temporada extremadamente exigente. Y, además, se dio de bruces contra un arbitraje muy flojo. Mientras se disparan rumores de tramas y confabulaciones, desde aquí no se duda de la honestidad de los árbitros. Pero sí, y mucho, de su calidad.

Desde aquí no se duda de la honestidad de los árbitros. Pero sí, y mucho, de su calidad

Martínez Munuera estuvo mal, mostró una ausencia total de criterio y acabó favoreciendo al más fuerte, al que más presiona. Es lo que suele ocurrir, aunque se disfrace de directrices a favor de uno u otro según se cruce el puente aéreo. Lo que no se suele tener en cuenta es que los perjudicados suelen ser terceros. En este caso, el Celta. En este caso, Iago Aspas que, en plena lucha por el premio Zarra, se perdió la última media hora de partido. Eso sí, una acción similar no fue merecedora de tarjeta para Cristiano, según el colegiado. Eso es lo realmente grave. No que un equipo utilice legítimamente el once que mejor convenga a sus intereses. No que intente ganar, más allá de a quién favorezca o perjudique. No que se suspendan partidos y luego no haya fechas para jugarlos. Bueno, eso sí que tiene narices, también…lo que es grave es que se juegue un partido tan importante y el árbitro no tenga nivel ni de coña para pitarlo. Eso es lo jodido.

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