Carta abierta a Eduardo Berizzo.
Borja Refojos | Tinta Celeste

Querido Eduardo:

Antes de nada confesarte que no suelo escribir textos en primera persona. Es como una norma autoimpuesta. Pero las personas especiales generan sentimientos especiales y, por tanto, merecen tratamientos especiales. Por ello, en primera persona, quiero darte las gracias por estos tres años. Gracias como celtista, gracias como amante del fútbol, gracias como persona.

Siempre admiré a Bielsa. Su concepción del fútbol, su concepción de la vida. Soñé muchas veces que entrenaba al Celta. Pero contigo dirigiendo mi equipo, la realidad superó claramente cualquier sueño. El modelo de juego que siempre había querido, con un discurso coherente y honesto y, además, transmitido por una persona que sentía tanto el escudo como nosotros.

Nos reconciliaste con la felicidad de disfrutar del camino y no solo de pensar en la meta

Lo primero que dijiste cuando llegaste fue que aspirabas a que el aficionado estuviera orgulloso de su equipo. Lo has conseguido. Con creces. Es un anhelo que puede resultar etéreo pero que encierra una gran ambición. No es fácil sentir orgullo en este fútbol moderno nuestro, dominado por el dictatorial resultado. Algo tan voluble y variable marca lo que está bien y lo que está mal. Tú aspirabas a estar por encima de eso y lo conseguiste. Armaste un equipo valiente, generoso y comprometido con tu idea de fútbol. Tu equipo. Nuestro equipo. Nos reconciliaste con la felicidad de disfrutar del camino y no solo de pensar en la meta. Nos recordaste lo divertido que es este juego. Nos hiciste ver que el resultado es solo un aspecto más, importante por supuesto, pero no absoluto. Y sobre todo, nos hiciste soñar con que era posible tocar el cielo y fundirlo con nuestra camiseta.

Y sentí ese orgullo del que hablas. Por supuesto en las victorias -es lo fácil-. Lo sentí ya en la primera pretemporada, cuando vi a Álex López y a Krohn-Dehli presionando en la frontal del área del Everton. Ese día supe que nos íbamos a divertir. En aquella primera jornada contra el Getafe. En el Camp Nou, donde estuve viendo cómo ganábamos al gigante antes de meterle cuatro dos veces seguidas. En los derbis. Eliminando a Atlético de Madrid, Real Madrid, Shakthar… Les ganaste a todos los grandes y siempre sin renunciar a tu fútbol. Eso es impagable. Y además mantiene callados a los resultadistas.

Pero ese orgullo también lo sentí en aquellas diez jornadas sin ganar. Lo sentí cuando le chutamos 15 veces al Eibar y 17 al Almería sin premio. Lo sentí cuando el Valencia nos metió cinco en Balaídos, cuando el equipo se dejó el alma en la semifinal contra el Sevilla, lo sentí este año cuando perdimos en San Mamés en el último segundo tras una exhibición de fútbol. Y por supuesto lo sentí en Manchester, con el equipo peleando hasta el final para tumbar al club más rico del mundo. Porque hay más orgullo en encajar algunas goleadas –el otro día contra el Madrid- que en ciertas victorias.

Lo sentí viendo a Nolito correr hacia atrás, a Iago presionar como un loco, a Radoja crecer sin parar, a Hugo convertirse en todo un capitán. Lo siento cuando veo a los chicos perseguir sin descanso a su marca en ese mano a mano a todo el campo tan tuyo. Les convenciste a ellos y nos convenciste a nosotros. Desgraciadamente, no convenciste a otros. Saben mucho de dinero y poco de fútbol.

Aprendí a ver la vida como tú ves el fútbol; no hay mayor legado

Gracias a ti aprendí que en la vida, como en tu fútbol, no se puede esperar agazapado tratando de recibir el menor daño posible hasta que te surja una oportunidad. Hay que proponer. Levantar la cabeza, ir hacia delante y no rendirse. No rendirse jamás. Cada rueda de prensa era una oportunidad para aprender. Naturalidad y sencillez en medio de este mundo, tan embarrado en ocasiones. Resulta curioso como alguien que no conoces de nada puede influir tanto en tu manera de ver la vida y encima hacerlo desde un mundo tan banal como el del fútbol.

Admiré y admiro a mucha gente. Siempre me gustó reconocer el buen hacer de los demás y el tuyo en estos tres años es increíble. En cambio, nunca fui de tener demasiados referentes. Tú lo eres. Referente de fútbol. Referente de vida. Jamás me sentí tan representado por un entrenador del Celta y eso, Eduardo, trasciende a la admiración. El legado que nos dejas es mayor que tres semifinales consecutivas. Es mayor que vencer a todos los grandes. Es mayor incluso que el orgullo que nos has hecho sentir viendo al equipo jugar sin red. Es sentir que, igual que en el fútbol solo hay una pelota y tú la quieres para atacar, nosotros solo tenemos una vida y la queremos para vivirla. La queremos para ser felices. Aprendí a ver la vida como tú ves el fútbol; no hay mayor legado.

Resulta fascinante también, casi milagroso, ver la unanimidad del celtismo ante tu marcha. En una sociedad tan heterogénea como la que tenemos, hay que hacer las cosas increíblemente bien para que despertar ese cariño y ese respaldo en (casi) todo el mundo. Y ese orgullo sí que es tuyo. Solo tuyo. Gracias, Eduardo. Ya eres historia del Celta. Ya eres historia de mi vida.

Perdemos un entrenador. Ganamos un mito.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s